FICHA TÉCNICA



Título obra La danza macabra

Autoría August Strindberg

Notas de autoría Carlos M. Ortega / traducción

Grupos y compañías Alumnos de la Esucela de Arte Teatral del INBA

Eventos Centenario de August Strindberg y Temporada de Teatro Universal del INBA

Notas Semblanza de August Strindberg con motivo del centenario de su nacimiento

Referencia Armando de Maria y Campos, “En el centenario de Augusto Strindberg. I”, en Novedades, 19 enero 1949.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

En el centenario de Augusto Strindberg. I

Armando de Maria y Campos

Juan Augusto Strindberg, considerado como el escritor máximo de Suecia y uno de los "tres grandes" de Escandinavia –los otros dos son Ibsen y Bjornson–, será objeto de un homenaje universal como escritor singular y dramaturgo de excepción por todos los amantes del teatro, con motivo del centenario de su nacimiento, que ocurrió en Estocolmo el 22 de enero de 1849. México se limitará, por ahora, a ofrecer la representación de una de sus más características obras; La danza macabra, por alumnos de la escuela dramática del Instituto Nacional de las Bellas Artes.

Cumpliendo con un deber intelectual recordaré en esta columna algunos de los hechos característicos de la vida de este genio descarriado, hombre excéntrico y violento, cuya obra teatral abrió senderos de luz que aún iluminan los cerebros de potentes dramaturgos, v.gr. el de O'Neill. Su obra, como su vida, es excéntrica y violenta, inconexa, fragmentaria; a ratos, luz; a ratos, sombra. ¡Qué difícil resulta hacer la enumeración de su obra! Así, ofrece en La danza macabra –dividida en dos partes, la primera repartida en cuatro actos, la segunda en tres–, junto a escenas de una originalidad profunda, otras de una retórica pueril; así, frente a las robustas audacias de Padre –representada en México, en traducción que firmó Carlos Ortega, hace muchos años–, y de La señorita Julia –por cierto, prohibida en Inglaterra "por cruel e inmoral"–, tiene melodramas vulgares, como Master Olof, la más antigua de sus piezas de teatro. Y al lado de comedias autobiográficas tan intensas como El hijo del bosque, cuadros históricos tan superficiales como Carlos II y Gustavo Vasa. Sin embargo, cada una de sus obras, que cito sin preocuparme del orden cronológico: Camaradas, Dramas en un acto, Hacia Damasco, Acreedores, El ensueño, Jugar con fuego, El vínculo, El viaje de Pedro el afortunado, La sonata de los espectros, etc., etc., tienen "algo", algo que las hace distintas. Sería demasiado ambicioso para mis posibilidades de comentarista sujeto a las exigencias periodísticas de una "columna" de divulgación, pretender un estudio completo de la obra de Strindberg, incluyendo en él referencias a sus novelas como El cuarto rojo, La gente de Hemsoe, El cuarto gótico, Bandera negra, Casados, Utopías realizadas o sus relatos autobiográficos como La confesión de un loco, perseguida en Alemania por inmoral o El hijo de la criada, en la que aclara que nació de un matrimonio desigual, pero que ni su padre fue un aristócrata puro ni su madre una criada, porque aquél fue un negociante, un armador, y ésta su ama de llaves; Infierno, o El solitario, o Historia de un alma.

Atrae como un misterio, o como un abismo, la personalidad compleja y vehemente de Augusto Strindberg, "la más original y fascinadora de nuestra literatura en el siglo XIX", según opina Henrik Schück en su Histoire de la littérature suédoise. Su vida amorosa, sima y cima de amor y de voluptuosidad, se refleja con exactitud en su obra literaria, vasta y polifacética. En temprana juventud, hacia 1870, fue premiada una obra suya por la Academia sueca; soltero, mantiene una posición desahogada como encargado de la Biblioteca Real. Pero... en 1875 empiezan sus torturas amorosas, luz y sombra, llama y viento de su vida. Conoce a Sigrid Warangel, mujer casada, a la que divorcia para desposarse con ella y de la que se divorcia más tarde, después de escandalizar a Europa entera, primero con el aliento romántico de la aventura, después con las dificultades matrimoniales, en 1901. Se le cree demente; permanece en voluntario destierro en París, Suiza y Dinamarca.

En su vida, análogamente, es a veces, el genio tímido y a veces el impulso colérico. Disfruta meses de reposo, como un buen burgués, en su hogar, con la mujer en turno y con los hijos. Y de repente toma el tole y allá se quedan los hijos, el hogar y la mujer. Se divorcia tan fácilmente como se casa. Es ahora horaciano, ahora homérico. Adora a la esposa un día, y al otro la atormenta cruelmente.

Psicólogo agudo y sutil, tiene momentos lúcidos, fulgurantes, de relampagueos sespirianos. En su gorro de cascabeles brilla la escarapela sarcástica. Pero, sentimental y sombrío, nos desconcierta con un romanticismo trasnochado por la retórica.

Hombre de esta asombrosa ambigüedad, se le ve por las tardes en su despacho tomando el té y fumando su pipa en compañía de otro ogro –Ibsen– y de otro lunático –el violinista Tor Aulin–. Y por las noches, en la intimidad doméstica, arbitrario y despótico, atormentando a su mujer con escenas de una violencia psiquiátrica.

En 1893 contrae segundas nupcias con Frida Uhl, con quien tiene una hija. Su carácter es más violento que nunca; sus ideas más extrañas, a veces agresivas; siempre desorbitadas; es cuando le da por escribir sobre filología, ciencia, magia y alquimia, aparte, claro, de novela y teatro, cuento e historia; cuando su técnica teatral llega a audacias extraordinarias, como en la fantasmagoría El ensueño, de la que el mismo Strindberg hizo la adaptación francesa que fue pasto para el hambre de los teatros vanguardistas y experimentales de París. En esta pieza el autor declara que "buscando imitar la forma aparentemente lógica pero incoherente, del sueño, todo –en ella– puede acontecer, todo es posible y verosímil. Tiempo y espacio no existen; sobre un fondo importante de realidad, la imaginación trama y teje nuevos modelos; es una mezcla de recuerdos, de acontecimientos, de libres invenciones, fruslerías e improvisaciones".

"Los personajes se escinden, se doblan, multiplican, desvanecen, se condensan, huyen, se reúnen. Pero hay para todos una conciencia, la del ensueño; pues no existen secretos, ni incoherencias, ni escrúpulos, ni leyes. El autor no juzga; narra solamente; y como el ensueño es la mayor parte de las veces doloroso y con menos frecuencia sereno, una ola de melancolía por todos los mortales corre de este modo por el vacilante relato. El sueño, el libertador, se desarrolla muy a menudo penoso, pero cuando el dolor es más intenso, entonces uno se despierta y el paciente se reconcilia con la realidad y en este mismo instante goza de cierto placer si ésta es comparada con el sueño doloroso".

Strindberg está en la madurez. Es director del Teatro Dramático (Dramatiska Theatern) de Suecia. Se dispone a montar El sueño de una noche de verano de Shakespeare. Le hace falta una dama joven, capaz de comprender y encarnar el papel de reina Titania. Entonces aparece Henrriet Bosse, que habrá de ser su tercera esposa.

Pero ésta, es una historia que contaré pasado mañana.*


Notas

* Desafortunadamente el autor sólo publicó la primera parte de esta crónica, que además es la única del mes de enero.