FICHA TÉCNICA



Título obra Conversación entre las ruinas

Autoría Emilio Carballido

Dirección Alejandra Gutiérrez

Elenco Zaide Silvia Gutiérrez, Ángeles Marín, Ezequiel Ojeda

Escenografía Marta Palau

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Referencia Bruno Bert, “Incomunicada. Conversación entre las ruinas”, en Tiempo Libre, 11 mayo 1989, p. 40.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Incomunicada
Conversación entre las ruinas

Bruno Bert

Esta obra de Emilio Carballido que se acaba de estrenar en la Casa de la Paz, con patrocinio de la UAM y SOCICULTUR, presenta algunas características llamativas. Tal vez la más importante se ve adelantada desde su mismo título que contiene la palabra "conversación", algo que en dramaturgia generalmente vemos incluido dentro de una trama de acciones. Son estas, y no las palabras que intercambian los personajes, el eje sostenedor de la obra; las palabras se entretejen alrededor de los hechos que se van sucediendo en una relación dinámica con los mismos. Esto sobre todo si estamos hablando de teatro naturalista, como es el caso de Conversación entre las ruinas.

Claro —ya que nos hemos tomado el título— que en la segunda parte de su nombre incluye "ruinas" lo que, desde la perspectiva de la obra, nos dice de algo ya acabado, donde todas las acciones sucedieron ya, e incluso en forma devastadora, por lo que sólo parece quedar lugar para una larga reflexión sobre lo hecho y vivido en busca o de un nuevo impulso o del cierre definitivo del ciclo, lo que a veces puede significar una misma cosa.

La obra entonces, se cierra en el contexto vivencial de los personajes, y las acciones, en su gran mayoría, son puramente psicológicas. Variaciones de tiempo y clima al interno de una mente y un cuerpo contenedor que va sufriendo las consecuencias retardadas de hechos más o menos lejanos. El contexto, el alrededor, es profundamente ajeno, como un espejismo por el cual se transita sin llegar realmente a habitarlo a pesar de la figura de la lugareña que intenta articularlo con su presencia. Esto produce, a nivel concreto de escenografía y actores, una desconexión que transforma a la primera casi en un adorno de escena, con la dificultad suplementaria que la abigarrada selva creada por Marta Palau, con su bucólica cabaña, está tan "nueva" que si es de admirar su capacidad de variada texturización a partir de sogas, no lo es tanto el resultado final en cuanto a pertinencia y eficacia escénica. Alejandra Gutiérrez, en la dirección, maneja el acecho en los personajes como una de las bases sobre las que se mantiene el ritmo, y la descompensación emocional de los mismos como un rasgo de progresión climática dentro del trabajo. Sin embargo, la última media hora tiende a saturarse en un espacio de estallido casi permanente, lo que vuelve sumamente difícil el trabajo de los actores para la mantención de estados tan altos durante tanto tiempo, y hace también difícil en el espectador la continuidad del seguimiento, ya que cuando no se puede continuar absorbiendo ese nivel de tensiones hay una tendencia a distanciarse, volviéndose un observador frío del proceso. Ángeles Marín, en el papel de Anarda, vuelve a encontrar un rol que la lleva —como en otras obras en que la hemos visto trabajar— a un manejo de la situación trágica que la desborda hacia la estridencia, rebajando muchas y buenas características que como actriz posee. Ezequiel Ojeda, como Antonio, presenta una extraña forma de actuación que hace dudar en muchos momentos entre una dificultad del actor en relación al manejo de los textos y una configuración patológica del personaje que justifique esta actitud. Aún volcándose en el segundo de los sentidos, que sería el más positivo, obviamente hay algo que no funciona bien, ya que la duda debiera estar de más. En cambio Zaide Silvia Gutiérrez, aunque en un papel de menores dimensiones, es el elemento más sólido en este particular trío escénico.

La obra posiblemente tenga ciertos referenciales históricos que a mí se me escapan en su sentido más directo, pero es clara su posición dentro de un contexto más amplio en relación a las posiciones políticas y artísticas de algunos sectores en un pasado inmediato que muchas veces continúa vigente.

Todo lo expuesto nos da como resultado un producto final complejo y con fisuras, de interés en algunos momentos pero sin la solidez en la escena que hemos visto en otras obras de Emilio Carballido.