FICHA TÉCNICA



Título obra El desperfecto

Autoría Friedrich Dürrenmatt

Dirección Raúl Araiza

Elenco Ignacio López Tarso, Sergio Jiménez, Rolando D'Castro, Guillermo Rivas, Rosángela Balbó, Arturo Beristáin

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro de los Insurgentes

Referencia Bruno Bert, “Teatro dentro del teatro. El desperfecto ”, en Tiempo Libre, 6 abril 1989, p. 39.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Teatro dentro del teatro
El desperfecto

Bruno Bert

Friedrich Dürrenmatt es un autor suizo, de habla alemana, que compuso sus obras más conocidas en la década de los '50. Algunas, como La visita de la anciana dama, llegaron incluso al cine de mano de prestigiosos intérpretes; aunque para esto sufrieron ciertas modificaciones tendientes a suavizar el libro original. El sistema de "procesos", o juegos de teatro dentro del teatro, está presente en varios de sus trabajos, incluyendo el que hoy nos ocupa: El desperfecto, que se está presentando en el Teatro Insurgentes y que si mal no recuerdo no es sino un libreto radiofónico compuesto también por el 55 o 56.

Aquí anecdóticamente se nos presenta a un grupo de particulares jubilados, en muy buena posición económica, cuya diversión es rehacer pragmáticamente las reglas de sus antiguos oficios --el de abogados -- a partir de juicios privados con eventuales participantes en el rol de acusados. El grupo está compuesto por un juez, un abogado defensor, un fiscal - el dueño de casa, no casualmente, --y un ex verdugo, complemento indispensable para dar sabor al juego-juicio que se desarrolla todos los viernes entre una abundante comida y una selecta borrachera. Una mucama muda complementa el panorama y, en el día en que nos toca ver, el enjuiciado es un inescrupuloso comerciante e industrial. En realidad el juicio es dual. El primero es el que vemos desarrollarse y en el cual se pondrá en evidencia la ferocidad de los medios económicos y las salvajes relaciones que la sociedad parece imponer a los que quieren triunfar en el sentido de poder, prestigio y valimiento económico; la depreciación moral de este sector y su criminalidad. Pero si por este lado todos son culpables y merecen la pena de muerte, por el otro se da el juicio que nosotros podemos ir creando de las manos más o menos ocultas del autor de los sistemas judiciarios, de ese juego de habilidades y astucias, un tanto inmundo, avalado por el poder y el dinero (con lo que comparten igualdad de condiciones con el acusado) que hacen de la justicia una sirvienta permanentemente acosada y violada. Y en esto es clara la imagen de la mucama cambiando simplemente la ceguera habitual por la mudez, y recurriendo a la presencia de las charolas de la balanza en sus manos en una reiteración un tanto obvia de la imagen simbólica.

Al término no hay más que un panorama desolador de un sistema absolutamente corrupto, aunque Dürrenmatt tenga la habilidad de vender esta imagen al mismo sistema burgués como una obra más o menos digestiva e inocua simplemente no mostrando ninguna contraparte y haciendo que el juego role entre intérpretes de igual condición. Claramente el desperfecto del título está en todas las áreas sociales, y aunque esto cueste algunas vidas, tanto a cargo del acusado como de los acusadores, el hecho no modifica la marcha de esos valores y actos en los que todos se mueven.

La escenografía de David Antón reproduce la teatralidad aparatosa de esos espacios en donde el poder impone sus reglas, con un aire entre convencional y lujoso, con un dejo de impersonalidad, de espacio social prefabricado. Mientras la dirección, a cargo de Raúl Araiza, impone un naturalismo por momentos un tanto fársico, un buen ritmo y un manejo de escena también convencional, sin sorpresas, pero dentro de un desarrollo seguro de las reglas del teatro comercial.

El elenco está encabezado por Ignacio López Tarso, encarnando el fiscal dueño de casa, el oficio de este actor hace que pueda mantener con soltura dos horas de función que pesan en muchos momentos prioritariamente sobre él, sobre su despliegue de oratoria, sobre su manejo del espacio y el matiz de la palabra. El resto del plantel está compuesto por Rolando D'Castro (el juez), Sergio Jiménez (el abogado defensor), Guillermo Rivas (el verdugo), Rosángela Balbó (la mucama) y Arturo Beristáin (el acusado) que, con altibajos, componen un entramado de pequeñas acciones suficientemente interesantes como para complementar gratamente una obra donde los sucesos son esencialmente verbales (seguramente por su origen radiofónico) en todo su transcurso, y en donde la anécdota primaria es bastante previsible desde un principio, dado que el autor gusta esencialmente de la artesanía en el espacio de las réplicas, de la habilidad en la factura y desarrollo de los argumentos más que en el valor de la sorpresa de las situaciones en sí. Un teatro, dentro del espacio comercial, bien hecho, cuestionador, pero que no interrumpe sin embargo la tranquilidad de quien quiera usarlo para pasar un buen rato en una tarde de domingo.

Ignacio López Tarso y Sergio Jiménez en El desperfecto, de F. Durrenmatt, dirección Raúl Araiza, Teatro de los Insurgentes (Insurgentes Sur 1587, San José Insurgentes, 660-23041, martes a jueves (20:00), viernes y sábado (19:00 y 21:30), domingo (17:00 y 19.'30 horas). Fotografías de Luis Fernando Moguel.