FICHA TÉCNICA



Título obra La pasarela, homenaje a Copi

Autoría José Ramón Enríquez

Dirección José Ramón Enriquez, Juan José Barreiro y Giovanna Cavasola

Elenco Juan Ibarra

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Referencia Bruno Bert, “Mucho ruido, pocas nueces. La pasarela homenaje a Copi”, en Tiempo Libre, 2 marzo 1989, p. 39.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Mucho ruido, pocas nueces
La pasarela homenaje a Copi

Bruno Bert

En el foro de la Compañía de Shakespeare se ha montado un espectáculo de nombre La pasarela, en homenaje de Copi. Por el programa de mano me entero que aquel dibujante argentino que yo admirara hace ya muchos años a través de un humor ácido y espléndido, con su personaje de "la mujer sentada", era además un novelista, guionista de cine e incluso de una docena de obras de teatro. El que vivió casi toda su vida en París lo sabía, junto con el hecho de su homosexualidad, pero ignoraba su travestismo y que hubiera muerto de Sida hace aproximadamente un año. Me queda el recuerdo de aquellas imágenes de grafismo simple y personalísimo donde una mujer eternamente apostada en una silla sobre fondos neutros dialogaba — con intensos puntos de silencio — con los más insólitos personajes de su fantasía. Viendo el espectáculo me pregunto si aquel personaje no era el mismo Copi. Tal vez.

El mundo de las imágenes tiene sus propias reglas, códigos que se hacen más herméticos a medida que esos grupos se vuelven más restringidos: formas de defensa, manifestación de sus intereses, visualización de sus angustias frente al medio. Los travestis son un pequeño sector dentro de un conjunto más grande que está constituido por los homosexuales. La imagen de su soledad, su temor al envejecimiento, el fetichismo por los objetos relacionados con la femineidad y el erotismo, nos han sido trasmitidos frecuentemente a través del teatro, sobre todo aquí, en la Compañía de Shakespeare, donde se han montado diversos espectáculos con esta temática. Evidentemente las ópticas fueron variadas, así como el ángulo desde el cual el tema es enfocado, pero una constante en ellos es la visión patética que trasmiten de ese mundo siempre contaminado por el sentido de la muerte, de la depreciación social y el automenosprecio. En muchos casos aparece colindante con la droga. A veces, como ahora, porque el personaje sostiene ambas situaciones: la de travesti y drogadicto; en otras, en cambio, la colindancia se da porque la situación es vivida con similares pautas: una euforia momentánea que desemboca en la de separación; una dependencia patológica que nada tiene que ver con las opciones sexuales. No se trata de la libertad que puede otorgar un criterio más amplio en las relaciones humanas, sino de algo incrustado en el individuo como una enfermedad y que presenta esos síntomas, ya que termina por destruir a quienes son sus portadores.

Si a la drogadicción y al travestismo le agregamos además la contaminación por el Sida el cuadro estará completo en este homenaje a Copi un individuo seguramente genial en muchos aspectos pero infestado por la muerte y el escepticismo desde la raíz. Sin embargo es un mundo que trata de no tomarse demasiado en serio y se oculta (o se revela aún más) bajo la máscara de la farsa, de lo grotesco, del humor negro. Y esta es la línea que aborda la dirección de La pasarela, a cargo de tres distintos directores. José Ramón Enríquez, Juan José Barreiro y Giovanna Cavasola.

Para el montaje se recurren a toda una serie de elementos símbolos, desde los grandes labios y lengua que sirven valga la redundancia de telón de boca; pasando por el refrigerador pasarela hacia la muerte, hacia el lugar donde se acumulan los cadáveres sin identificación hasta toda la fauna de muñecos eróticos que pueblan y reptan en el escenario. Y el mismo Copi no es un ser tangible sino casi una alegoría de sí mismo, un patético muñeco más, abandonado en el aquelarrico desván de sus obsesiones finales.

Sin embargo, toda esta estructura imaginativa, tan plena de posibilidades, se quiebra, a efectos del montaje, en su efectividad de comunicación con el público, porque siendo causa, siendo antecedente hacia la trasmisión, se vuelve efecto, y los planos de narración y contacto quedan enturbiados, semiocultos por el aparato que los debe conducir. Sea este escenográfico o actoral. Y así nos llega más la estridencia y el ruido que lo que esto significa en el ensamble dramático. Tal vez una concepción de la dirección que merecería ser sopesada con más cuidado, o una opción deliberada que se nos hace riesgosa para los resultados finales. En definitiva, un rico material en un espectáculo con puntos suspensivos.

Juan Ibarra en La pasarela homenaje a Copi, de José Ramón Enríquez, dirección Barreiro Cavasola Enriquez, Foro de la Compañía Shakespeare (Zamora 7, Condesa, 553-5244), jueves a sábado (23:00), domingo (24:00 horas)