FICHA TÉCNICA



Notas El autor expone las actividades y el impacto socio-cultural del Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena de Tabasco

Referencia Bruno Bert, “A la renuncia de María Alicia Martínez Medrano. El laboratorio de teatro campesino e indígena. ¿Un fenómeno en peligro?”, en Tiempo Libre, 16 febrero 1989, p. 40.




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Referencia Electrónica


Teatro

A la renuncia de María Alicia Martínez Medrano
El laboratorio de Teatro Campesino e Indígena
¿Un fenómeno en peligro?

Bruno Bert

Oxolotán, Tab. — Conocer y reconocer no es precisamente lo mismo, sobre todo cuando lo que intermedia es la experiencia sensitiva. Conocía a nivel de información el trabajo que estaba realizando en Tabasco el Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena, pero ahora he tenido la oportunidad de pasar cinco días con ellos, en Oxolotán, a partir de la realización de un Festival de Teatro dedicado a Emilio Carballido y a Elena Garro. Este reconocer (conocer de nuevo) ha confirmado o modificado ciertos datos, pero también logró abrir toda un área de la sensibilidad que se había mantenido al margen de cualquier información recibida.

Seguramente las características generales de esta tarea son suficientemente conocidas, pero dado que vamos a hablar de ellas vale la pena un breve diseño para los que aún no saben de qué se trata.

A comienzos del sexenio que acaba de concluir, la maestra María Alicia Martínez Medrano, respaldada por un grupo de maestros que se habían formado a partir de su trabajo en Yucatán, presenta a las autoridades de Tabasco un ambicioso plan para las comunidades campesinas e indígenas. Este encaraba la capacitación para la tarea teatral por comunidades en un intento de rescate de los lenguajes regionales junto con las tradiciones orales, musicales y danzas de cada espacio. Esta capacitación tenía en cuenta una multiplicidad de materias (una treintena) lo que daría como resultado un acercamiento profesional al teatro, pero desde la perspectiva de las necesidades expresivas, históricas y geográficas de las comunidades elegidas. Además, y como elemento fundamental, el proceso pretendía que al egresar la primera generación de maestros o "trabajadores del teatro" como ellos mismos indican su especialidad, la dirección, hasta entonces ejercida por los fundadores del proyecto, pasara a ser colectiva en una serie de miembros elegidos por votación en cada uno de los pueblos donde este trabajo se asienta.

Uno de los puntos, como vemos, que diferencia claramente este proyecto de otros anteriores dirigidos hacia objetivos similares, es la importancia dada al lenguaje teatral, tomado no solamente como un instrumento de educación o difusión política, sino jerarquizándolo en sus propios valores y necesidades de capacitación técnica. En definitiva, en la creación de un lenguaje a partir de las herramientas que da el teatro. Se trataba de hacer teatro y no de usarlo secundarizándolo, y que este fuera una verdadera voz de la comunidad.

Se eligieron siete pueblos y se comenzó el trabajo ya que el Estado aceptó la propuesta, secundándola más que generosamente en el renglón económico. Ahora han pasado cinco años.

Oxolotán es un pequeño pueblo enclavado en medio de los cerros selvosos de Tabasco, rodeado por un río, a unos 80 km de Villahermosa. En él tiene su espacio principal el LTCI. Lo primero que sorprende es que todas sus calles están asfaltadas, con una limpieza y un orden muy poco frecuente en los pueblecitos de provincia. Casi todas sus casas son de material —algunas continúan de carrizos — y el blanco resplandece por todas partes. En su plaza central hay un pequeño museo y las ruinas de un antiguo convento agustino. Comunicando al pueblo con los espacios que estén tras el río que lo contornea en buena parte hay unos hermosos puentes colgantes de alrededor de 100 metros cada uno. El clima es denso y caluroso.

En uno de los extremos del pueblo, junto a un leve barranco que da al río, se levantan las construcciones del teatro campesino: tres edificios en una planta que unidos forman una U con un ancho corredor central revestido en cantos rodados. Uno de ellos alberga a los dormitorios, los otros, divididos en amplios cuartos, contienen bodegas, biblioteca, sala de cine, aula para los niños, etcétera. Las construcciones son simples, con sus paredes de ladrillos revestidos y blanqueados, techos de láminas sobre so portes de madera con una amplia ventilación y fueron construidos por los integrantes del laboratorio, con materiales entregados por el Estado y terrenos de propiedad ejidal donados al teatro. La limpieza y el orden que hablamos notado en el pueblo aquí llega a un máximo, al mismo tiempo que nos habla de una continuidad, ambos se interpenetran e influyen dentro del mismo estilo. ¿El pueblo impuso características al laboratorio?, ¿Este extendió su criterio contagiando al pueblo? seguramente ambas cosas, pero lo importante es ver que confluyen como partes armónicas. No hay rupturas, hay armonía. Los centenares de vestuarios relucen colgados en barrales sin una mancha, perfectamente limpios y planchados, cada objeto está guardado y clasificado. Al desprevenido puede asombrarle que le esté dando tanta importancia a algo que tal vez parezca pequeño, sin embargo es claro que hay dos formas distintas de orden: la que nace de la imposición, de las jerarquías y la burocracia y la que emane del cariño y el respeto por lo que hacemos, que se contagia y a nuestros actos y se desborda a nuestro entorno. Algo así como ser impecables, tomando la palabra en su sentido menos superficial.

Es más, dispersos dentro del perímetro del pueblo, el grupo dispone de varios espacios escénicos al aire libre, cada uno de ellos -- grandes y pequeños -- está impregnado por el mismo cuidado, con sus gradas de madera, sus cabinas de sonido, las entradas con grandes carteles tallados con su nombre... Los teatros, las casas, el pueblo mismo comparten un sentido de pertenencia, un orgullo por la actividad.

Siete comunidades tabasqueñas han desarrollado una misma dinámica y Oxolotán no es más que un ejemplo central de lo que está ocurriendo en estos lugares. Dos mil setecientas personas se hallan involucradas en el proceso, más de 100 están rentadas para su dedicación al proyecto y sobrepasan los ciento treinta aquellos que se encuentran becados y contribuyen, mientras se capacitan, a un aceitado manejo de las tareas.

Caminar por el pueblo, hablar con sus gentes tanto las que trabajan directamente en el LTCI como las otras es ir descubriendo un fenómeno antropológico y social de primera magnitud. Aquí es más claro que en ninguna parte como el hecho cultural subsume al hecho artístico sin minimizarlo. Por el contrario, lo resignifica en un enmarque de mayor importancia.

Escena de Moctezuma II, de Sergio Magaña. [Fotografía]