FICHA TÉCNICA



Título obra ¡Bonjour, México!

Espacios teatrales Teatro Esperanza Iris

Productores Mario Moreno (Cantinflas)

Notas Breve historia de la búsqueda que realizó Mario Moreno Cantinflas en París, con el propósito de contratar un espectáculo de revista

Referencia Armando de Maria y Campos, “Cómo se originó en París la revista ¡Bonjour, México I”, en Novedades, 28 diciembre 1948.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Cómo se originó en París la revista ¡Bonjour, México! I

Armando de Maria y Campos

El 1 de noviembre pasado apareció en los principales diarios de la ciudad de México un cable de la poco conocida agencia AFP informando que treinta "girls" (sic) francesas saldrían esa tarde de París en avión especial rumbo a México donde actuarían en una gran revista dirigida por el célebre actor mexicano Mario Moreno "Cantinflas". El cable agregaba que "varias de estas jovencitas bailarinas, tan encantadoras como elegantes, han actuado en papeles de primer plano en las mejores revistas de París"; el cable quiso decir que en los mejores centros de producción de revistas francesas, porque enseguida citaba: Follies Bergere, Casino, y Tabarín. El cable dio más detalles: "El avión, un skymaster de la compañía TWA, hará escalas en Nueva Orleans y en Nueva York".

Ya se tenían en México noticias de las andanzas empresariales de Cantinflas –Monsieur Moreno– en París. Se sabía que, después de visitar España, había estado en París con el propósito de contratar uno de los mejores espectáculos que actuaran en la hasta antes de la guerra del 14 llamada Capital del Mundo, para presentarlo en México. Según se sabe, Cantinflas pretendía organizar una nueva visita del famoso espectáculo de Madame Rassimí, la creadora del "Bataclán", que vino por primera y única vez a México hace 22 años con sus estupendas "modelos" que hacía desfilar desnudas, o casi, por una deslumbrante "pasarela" –la primera que vimos en México– colocada a conveniente altura sobre el pasillo del gran salón de lunetas del coliseo de doña Esperanza Iris; gobernaba en México el enérgico –y tolerante para todo lo que fuera gozo de los sentidos– general Plutarco Elías Calles, y era su secretario de Guerra el jaranero, gran corazón, general Pancho Serrano, a quien un grupo de alegres, derrochadores sonorenses –Arturo de Saracho, Juan Platt, Carlos Vega...– tenía por capitán... Madame Rassimí disfrutó un clima propicio en las esferas oficiales y sociales, y el Ba-ta-clán de la genial francesa alcanzó un éxito arrollador, trazando una línea que separó absolutamente el teatro de ayer del que ella nos reveló con la deslumbrante novedad de los desnudos teatrales. De aquella fecha y de la revista Ra-ta-plán, de Guillermo Ross y Juan del Moral con música de Emilio Uranga, que hizo rico al sin par empresario Pepe Campillo, magnífica imitación "a lo mexicano" del sensacional espectáculo de la Rassimí, arranca una nueva y en sus primeros años brillantísima modalidad del teatro revisteril en México, que ha venido a enfangarse con el tongolelismo, precisamente en vísperas de que el público de México viera por segunda vez un nuevo espectáculo "a lo parisino".

Por cierto, que autores de revistas contemporáneos, recordando al filón que fue la imitación del "bataclán" francés con el "rataplán" de nuestras "prietitas", intentan ahora y antes de que cuaje el espectáculo de Monsieur Moreno, una imitación...

Pero... volvamos a reunirnos con Cantinflas que anda en París buscando a Madame Rassimí. ¿La encontró, al fin?... De vivir la famosa animadora teatral debe pasar de la séptima década de su vida. Parece que lo que sí encontró fue el "material", es decir, ¡la ropa! Pero, ¿cuál ropa?

Monsieur Moreno cambió el rumbo de sus pasos. El mismo ha contado, en rueda de amigos, cómo empezó a originarse en París su revista ¡Bonjour, México!, que acaba de presentar en el teatro de Esperanza Iris, sede hace poco menos de un cuarto de siglo del Bataclán de Madame Rassimí.

Acompañado de mexicanos que también visitaban París recorrió Cantinflas los mejores teatros de la aún embriagadora ciudad. Sus cicerones fueron dos catalanes al parecer muy conectados con el medio teatral parisino: Roberto Vicente y Carlos Fontseré, compositor el primero, pintor el segundo, y como buenos españoles con una obra de teatro –precisamente como la deseaba Cantinflas– en casa. El novel empresario estaba indeciso, no sabía cuál de los espectáculos que lo habían deslumbrado convenía contratar para México. Fue entonces cuando Vicente y Fontseré lo llevaron a su estudio parisino. Le sentaron frente a un pequeño teatro en maqueta, Vicente se puso al piano, Fontseré le dio los últimos toques a su escenografía en miniatura, y cuando se escucharon los compases de un preludio, se levantó el telón minúsculo y dio principio el espectáculo al que daban vida mecánica unas lindas muñequitas que vestidas a la usanza del Can-cán de Offenbach, descendían de un modernismo trasatlántico. Enseguida vinieron números de modistillas, una nueva interpretación del cuarteto de Bohemia en la clásica buhardilla, la plaza Vendome, Pigalle, Versalles y su corte fastuosa, Luxemburgo, un music hall, el Moulin Rouge, y, para final, el obligado Cán-cán. Una clásica revista con una París de exportación. ¿Cómo presentar una revista parisina sin Crevalier, sin Mistinguette, sin Edith Piaff?... Muy sencillo: ¡imitándolas! El final de esta sesión teatral, ya lo conoce el lector: Mario Moreno, que no Cantinflas, ha presentado en el teatro Iris una por todos conceptos magnífica revista titulada ¡Bonjour, México!, cuya postura le ha costado, según se dice en todos los tonos, más de un millón de pesos mexicanos, ¡claro!, que porque deben estar incluidos los elevadísimos gastos de transportes y de cerca de dos meses de ensayo.

Cantinflas, disfrazado de Mario Moreno, sintentizó y definió antes de que se levantara por primera vez el telón de su espectáculo, en la función que organizó en honor de la prensa metropolitana y de sus compañeros, el sencillo proceso de éste que conmueve en sus bases la raquítica vida teatral de México: –Fui a París, y habiéndome gustado mucho su teatro, tuve el deseo de que lo disfrutara México; pensando entonces en que era más difícil que el pueblo mexicano fuera allá, que el que yo le trajese ese teatro...

Enseguida se escucharon los primeros compases del preludio que Fontseré le tocara a Monsieur Moreno en su estudio de París, y se levantó el telón...

En próxima crónica comentaré qué hay detrás del telón desde el momento en que treinta lindas muñequitas de París, vistiendo trajes de viaje, descienden de un moderno trasatlántico cantando: ¡Bonjour, México!