FICHA TÉCNICA



Título obra Cierren las puertas

Autoría Víctor Hugo Rascón Banda

Dirección Enrique Pineda

Elenco Francisco Cházaro

Referencia Bruno Bert, “Cierren las puertas”, en Tiempo Libre, 5 enero 1989, p. 37.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Cierren las puertas

Bruno Bert

Las obras de Víctor Hugo Rascón Banda tienen, como una de sus características generales, la de permitir un amplio margen creativo al director. El lanzar una profusión de imágenes y sugerencias que entran a depender de la capacidad del hacedor de la puesta, para transformarlas en un circo material o, por el contrario, perderse en ellas dejando trunca la propuesta autoral ya sea por incapacidad de selección o por falta de desarrollo. En todo caso resulta insatisfactorio ceñirse a la ilustración del texto, justamente porque se trata de un creador netamente teatral, en el sentido que su material sólo se cumple en plenitud cuando encuentra a alguien que pone una cantidad igual de creatividad y ambas se complementan en la obra sobre el escenario. Por esto, las obras de Rascón Banda son "engañosas": seducen a los directores con su fronda imaginativa y algunos no advierten que esto, en lugar de reducirles el trabajo se los multiplica. En el montaje de sus obras hay que luchar "contra" El autor, creando una tensión entre su mundo y el propio, dando así vida a lo que de otra manera son solamente seductores fantasmas literarios. Esto lo hemos comprobado en varios trabajos y volvemos a verlo en Cierren las puertas, que se está presentando en el teatro Jiménez Rueda, con la Compañía de Teatro de la Universidad Veracruzana, bajo la dirección de Enrique Pineda.

Dos son los ejes sobre los que se desarrolla este trabajo: por un lado está la estructura que posiblemente se base en la tradición griega con el mito de la Orestiada, es decir, sobre los hechos de venganza de dos hermanos contra su madre y el esposo, matador del padre de ambos y usurpador del reino. De aquí estaría extraída la anécdota central y el sentido simbólico de algunas figuras que le rodean. Pero por otra parte esto ensambla con la rica imaginería popular mexicana, ya que esas figuras que mencionamos, en este caso pertenecen a la lotería. Y a tras de ellas, es decir del coro, se hace el ensamble de dos mundos que se conectan a pesar de las distancias de toda índole que parecen separarlos. Ya con esto alcanzaría para una de gran aliento, pero Rascón Banda maneja un mundo frondoso, y entonces agrega como espacio de propuesta un palenque, lo que entroncaría con lo anterior en la circularidad, ya que semicircular era la disposición para el coro en el teatro griego, además de ser un ámbito de lucha y confrontación, muy adecuado para la tragedia. Pero esto lleva a toda una recreación de la cultura mexicana y acarrea consigo la multiplicación de los espacios accesorios y de las funciones también accesorias, como las cantantes, los juegos de cartas, las minuciosas descripciones, etcétera. Y a estas alturas ya estamos manejando un mundo tan complejo que entroncamos con lo que primero decíamos: sólo un director en "lucha" contra esta avalancha puede llegar a construir un mundo coherente que no se pierda en medio de la superabundancia de sugerencias, imágenes e historias. Variedad y profundidad parecen confrontarse.

Y esto es justamente lo que sucede. Y no porque el director no haya probado anteriormente su capacidad, lo mismo que el elenco, ya que de ambos hemos podido gustar de interesantes trabajos, sino que a pesar de ellos el mundo de Rascón Banda es más fuerte y Pineda intenta asumirlo en su totalidad, cosa que tal vez hubiera podido recortarse ya que, como explica el programa de mano, esta obra fue escrita por encargo de la Universidad Veracruzana, es decir, por los mismos que la montaron, lo que supone un diálogo permanente y la posibilidad de acuerdos durante el proceso de elaboración de la propuesta literaria. Al material, tal como hoy se nos muestra, se le podrían proponer dos o tres puntos de reflexión: Hay una posible pérdida de dominio en el manejo de los dos mundos, aquellos que corresponden --- podríamos decir a la tragedia, y los que ilustran el mundo popular de los palenques. Estos últimos tal vez se hagan demasiado largos y--- disgregantes (las extensas descripciones de Paco, la cantidad de canciones, el exceso en los juegos, etcétera). Pero también podríamos ubicarnos en el extremo opuesto, es decir pasar a primer piano estos aspectos, que para los que no lo conocemos se nos hace muy rico, y sentir entonces que es por este lado donde el desarrollo se quedó corto en cumplimiento de ciertas propuestas que podían haber quedado como un simple conductor sobre el que convergiera la recreación de un mundo, y que hubiera valido un desarrollo más amplio de las figuras que aquí intentan no desbordar excesivamente de la alegoría.

Por último la propuesta es de gran interés para espacios alternativos. Hace tiempo que el teatro dejó sin pudores estos edificios que usurparon su nombre para desbordarse en lugares donde siempre existió, aunque las culturas oficiales no siempre los tomaran en cuenta. Hoy más bien podríamos decir que puede hacerse teatro en cualquier parte... hasta en los mismos teatros.

De todas maneras si la abundancia daña parece hacerlo en menor medida que la carencia, por lo que bien vale apoyar este espectáculo que, aún si no está totalmente logrado, tiene elementos suficientes como para despertar interés desde los más diversos planos.

Francisco Cházaro en Cierren las puertas, de Víctor Hugo Rascón Banda, dirección Enrique Pineda. Al cierre de esta edición aún no se confirmaba la fecha de reestreno. (Fotografías de Luis Fernando Moguel)