FICHA TÉCNICA



Título obra Un tranvía llamado Deseo

Notas de Título A street car named Desire (título en el idioma original)

Autoría Tennessee Williams

Notas de autoría Lillian Oppenheim, Reinaldo Rivera y Seki Sano / traducción; Rodolfo Usigli / supervisión

Dirección Seki Sano

Elenco María Douglas (Mary), Wolf Rubinski, Lillian Oppeneheim, Ágata Rosenow, Julio Luna, Reinaldo Rivera, Quintín Bulnes Jr. Amado Zumaya, Ruth Rivera, Jorge Casanova

Escenografía Rafael Villegas y Seki Sano

Notas de escenografía Manuel Meza / realización

Grupos y compañías Teatro de la Reforma

Notas Comentarios del autor sobre el montaje y sobre el teatro de aficionados en Estados Unidos

Referencia Armando de Maria y Campos, “A propósito de la interpretación por aficionados de Un tranvía llamado Deseo. IV”, en Novedades, 11 diciembre 1948.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

A propósito de la interpretación por aficionados de Un tranvía llamado Deseo. IV.

Armando de Maria y Campos

El laborioso director teatral y cinematográfico Seki Sano, que se estrenó en México dirigiendo la parte teatral del ballet La Coronela de Silvestre Revueltas, cuya coreografía creó Waldeen, en 1941, y que posee una visión universal del teatro, eligió esta obra de Tennessee Williams para presentar a un grupo de discípulos suyos, en primer término María Douglas, que fue tal vez su primera discípula entre nosotros, en aquel cuadro experimental que yo mismo le formé en el Departamento de teatros del antiguo Departamento de Bellas Artes, cuando el primero de ellos estuvo a mi cargo.

María Douglas andaba en busca de un maestro y yo tuve la fortuna de ponerla en manos de Seki Sano. Luego, ella misma se puso en las de Luz Alba, y ésta la aprovechó para su representación de la Salomé de Wilde; realizó después algunas incursiones al micrófono, haciéndose nombrar María Monterde; después, dirigida por Julio Bracho, desanduvo el camino al interpretar un difícil personaje de la pieza La huella de Lazo, para rectificar, en seguida, gracias a la sabia y acuciosa dirección de Alfredo Gómez de la Vega, que la presentó en dos obras de prueba: Topacio de Pagnol y El gesticulador de Usigli.Hace unos cuantos meses, bajo la dirección de Cipriano Rivas Cherif, logró singular actuación en Esquina peligrosa de Priestley. Ahora da otro paso en firme creando la Blanche de Un tranvía llamado Deseo. Acompañan a esta gran actriz mexicana, ya admirable, otros discípulos de Seki Sano: Wolf Rubinski, de origen polaco, hasta hace poco boxeador, luchador, o cosa así; Lillian Oppenheim, también traductora de la obra; Agatha Rosenow, Julio Luna, Reinaldo Rivera, Quintín Bulnes, Jr., Amado Zumaya, Ruth Rivera y Jorge Casanova. Entre todos, destacan con perfiles propios, Rubinski, Lillian Oppenheim y Reinaldo Rivera. En conjunto y en detalle, la interpretación es magnífica, sobria en esencia, caudalosa en detalles, difícil siempre, porque cuesta trabajo envolver en el tul transparente de la poesía la acción brutalmente realista de la mayoría de sus escenas. Simple y bella la escenografía de Rafael Villegas y de Seki Sano, realizada por Manuel Meza. La iluminación, muy bien jugada, colabora en primer término para lograr un clima teatral de excepción. La traducción, de Lillian Oppenheim, Reinaldo Rivera y Seki Sano, supervisada por Rodolfo Usigli, da una idea perfecta de lo que, en inglés –que aprovecha el slang de Nueva Orleans para darle fuerza a giros y expresiones características del ambiente que evoca–, es la admirable creación teatral de Tennessee Williams.

El autor de Un tranvía llamado Deseo concedió al Teatro de la Reforma, que así se denomina el grupo que dirige Seki Sano, permiso para representar su obra en México en doce únicas funciones, con lo que esta experiencia teatral queda reducida al mundo limitado de los amateurs o dilettanti, siguiendo el camino contrario de la mayoría de las piezas audaces, que del teatro experimental pasan al grueso del público.

Precisamente a los grupos de aficionados debe el teatro norteamericano de 1915 a la fecha, sus mejores triunfos y el lugar que ya ocupa en la producción internacional. Los grupos de aficionados tienen la mayor importancia para mantener vivo el teatro en los Estados Unidos. En los teatros de aficionados no cuesta mucho representar una pieza teatral; por eso es posible experimentar con una obra que no tendría éxito en Broadway. Un aficionado es el director. Algunos de los socios pintan las decoraciones; otros aprenden los papeles. Los gastos son bajos. Se encuentran estos grupos en todos los niveles y en varios círculos de la sociedad. Si los Boy Scouts quieren ganar dinero para su campamento veraneal, presentan una comedia. Las asociaciones escolares de padres de familia preparan piezas teatrales para propaganda de sus deberes, o de la salud, o del analfabetismo.

Hay tales grupos también en las escuelas públicas de los Estados Unidos. El teatro ocupa un lugar importante en la educación. Desde los primeros años, como parte de la enseñanza, los alumnos escriben y representan obras. El Senior Play, representado por la clase que va a graduarse, es una tradición en casi todas las High Schools. Si el alumno continúa sus estudios en la universidad, allí tiene sus oportunidades, al principio en el elenco del Freshman o primer año, y después en las representaciones de la universidad. Una autoridad calculó que unos 340 grupos académicos representan desde cuatro hasta veinticinco piezas cada año. En la Universidad de Miami, en Oxford, en Ohio, el año pasado el club honorario de las ciencias representó una obra corta de la vida de un médico famoso; el club español contribuyó con una pieza a la Asamblea Universitaria del Día de las Américas, y el club de estudiantes de ciencias políticas dramatizó una convención política nacional. También los Freshman Players presentaron 8 piezas, el Club del Drama, una docena más. Y Miami no tiene tanta reputación por su interés en el drama como, por ejemplo, Harvard, Yale, Cornell, Wisconsin, Northwestern, Iowa, o las universidades de Stanford y de North Carolina.