FICHA TÉCNICA



Título obra El desdichado en fingir

Autoría Juan Ruiz de Alarcón

Dirección Alejandro Bichir

Espacios teatrales Claustro del Centro Cultural Helénico

Referencia Bruno Bert, “El desdichado en fingir”, en Tiempo Libre, 8 diciembre 1988, p. 41.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El desdichado en fingir

Bruno Bert

¿Qué pedimos a una comedia? Que gane nuestra atención; que provoque la risa o la sonrisa (lo segundo es muchas veces más difícil); que contenga una trama ingeniosa; que nos refleje un espacio socio-temporal en forma crítica; que nos lleve a la reflexión a partir del distanciamiento cómico... la lista podría ampliarse extensamente porque se trata de un género complejo y de gran riqueza. Claro que en su historia han abundado autores y directores que lo confunden con un cajón de sastre, en donde todo cabe y de cualquier manera, lo cual es uno de los motivos por lo que habitualmente se le mira con cierta desconfianza. El otro es que nuestra sociedad —y esto en los últimos siglos— ha desprestigiado el valor de la risa, dejándola entre las expresiones menores, como elemento "popular", cargando a esta palabra de un claro sentido peyorativo. Reír es cosa del pueblo, en contraposición con las series disquisiones y nobles llantos de las otras clases. Sería fuera de lugar extender el tema pero son varios los que se han dedicado seriamente (valga la paradoja) a investigar el fenómeno, tratando de reimponer el cetro de la burla, con toda su ácida capacidad descinbitoria y su poder de transgresión.

Recurrir a lo que habitualmente llamamos un "clásico", con este fin, es doblemente difícil porque, si por un lado pareciéramos protegidos por el prestigio del autor, por el otro hacer vigente su propuesta implica un nada desdeñable trabajo de puesta. Todo esto viene a cuento a partir de El desdichado en fingir, una obra de Juan Ruiz de Alarcón (estreno en nuestro medio) que acaba de montar Alejandro Bichir en el jardín del claustro del Teatro Helénico. En ella se encuentran los elementos tradicionales tanto en sus figuras (el joven galán, los criados, el viejo padre, etc.), cada uno manejados habitualmente por parejas de contraste: el padre/ el príncipe pretendiente —el galán y su oponente la joven y su rival en amores, etc., como en trama y escenarios. Enredos de amor, con escenas de lucha de capa y espada, intrigas, peligros y felices resoluciones para todos, manejadas en los diversos espacios a los cuales bien se prestaban los patitos y corrales a los que estaban destinadas estas comedias, pues en España, en esa época aún no existían los escenarios que ya funcionaban en Italia por los mismos tiempos y que pasarían a llamarse así, a la italiana, cuando fueran incorporados a la península a principios del siglo XVIII.

La galanura del verso- posiblemente simplificado y adaptado para esta representación junto con la cantidad de actos (aquí son dos y habitualmente eran tres) — la mezcla del humor con la ironía y el toque lírico, y la diversidad de clases representadas, debió hacer de ella un agradable entretenimiento para los heterogéneos espectadores del siglo XVII. Y si hoy muchos de los componentes se nos hacen lejanos, quedan compensados por la belleza del vestuario y el lugar elegido para la representación que, como ya mencionáramos, tiene como marco el patio externo, la fuente y las galerías del claustro español que alguna curiosa voluntad trasladara y reedificara detrás del Teatro Helénico. Manteniéndose además toda la belleza de esa acción hilvanada ingenuamente en peripecias absurdas cuyo principal destino es atender a nuestro regocijo.

Tal vez extrañemos algún paso de danza o alguna música acordada en vivo, a la usanza de la época, pero el elenco se maneja en el desarrollo de su trabajo con soltura y gracia tratando de contagiarnos el espíritu cómico de la obra de Alarcón, permitiéndonos apreciar tanto los límites como las cualidades del material elegido.

El director logra un ritmo sostenido y conjuga agradablemente lo que de contemporáneo y clásico conlleva un estreno postergado en más de tres siglos. Si ud. gusta de la comedia del Siglo de Oro, seguramente encontrará en El desdichado en fingir elementos para una agradable velada.

Escena de El desdichado en fingir, de Juan Ruiz de Alarcón, dirección Alejandro Bichir, Claustro del Teatro Helénico (Av. Revolución 1500, San Ángel, 483375), martes a , jueves (20:30), viernes y sábado (19:00 y 21:00) domingo (18:00, horas ).