FICHA TÉCNICA



Título obra Jacques y su amo

Autoría Milan Kundera

Dirección Ludwik Margules

Elenco Fernando Balzaretti, Patricio Castillo, Rosa María Bianchi

Espacios teatrales Teatro del Bosque

Referencia Bruno Bert, “Juego prestidigitatorio de habilidad... y olvido. Jacques y su amo”, en Tiempo Libre, 24 noviembre 1988, p. 37.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Juego prestidigitatorio de habilidad... y olvido
Jacques y su amo

Bruno Bert

La imagen de Milán Kundera es ampliamente debatida: admirado por muchos intelectuales que consumen generosamente cada nuevo libro suyo, es rechazada por otros que lo consideran reaccionario y oportunista. El hecho es que los materiales del escritor checo, más allá de sus ideas y posiciones políticas (o a pesar de ellas) dan qué hablar desde hace bastante tiempo y es innegable que se trata de un escritor con cualidades literarias demostradas en cuentos, novelas y teatro.

Ludwing Margules ha montado ahora una de sus obras: Jacques y su amo, que se presenta en el teatro del Bosque, a cambio del Juan Ruiz de Alarcón al que estaba destinado y que la huelga de la UNAM mantiene con las puertas cerradas.

La obra de Kundera se basa en Jacques, el fatalista de Diderot, y conserva de este autor no solamente su habilidad para el diálogo (tan característico de él y su época) sino también bastante de sus ideas en la especulación filosófica, amén de la ambientación histórica en donde las ropas y circunstancias narrativas nos hablan de un siglo XVIII, en este caso bastante acercado por la adaptación o refundición de material, a partir de Kundera.

No podemos hablar de acciones, sino más bien de reflexión, es decir de aquello que precede o continúa a la acción en un continuum que ha sido interrumpido por hechos que hoy son evocados, imaginados o inventados, como en el recuerdo o en la línea un tanto vaga del pensamiento que fluctúa con libertad. Los dos personajes emergen en el espacio vacío del escenario, en un tránsito que no tiene principio ni fin, con la conciencia de ser observados, de ser personajes que responden a los dictados de quien los ha compuesto (o reinventado, como en este caso) así como ellos componen o inventan las acciones sobre las que ahora se reflexiona en una situación de espejos reflejantes, que jamás muestran el original; en el supuesto que tal original exista o importe aunque nos sirva para soportar un ideario que tiene que ver con la filosofía, la religión y la política, en un juego de ideologías contradictorias. Estos personajes de personajes que a su vez inventan o llaman a otros a partir de la palabra hubieran sido muy del gusto de un escritor como Borges por ejemplo, tan dado a este tipo de juegos, tal vez con menos sentido del erotismo y del desenfado (muy dieciochesco, muy recordando las novelas licenciosas de Diderot) pero no con menos deleite en la creación corporal y sin embargo etérea de sus figuras.

Naturalmente que enfrentar un material de esta índole al espacio teatral, es algo complejo, ya que este necesita constantemente de la acción y el conflicto para su propia supervivencia. Es la habilidad de Kundera en la estructuración del diálogo y la de Margules en la disposición escénica y el manejo de ritmos y actores, lo que nos permite mantener la atención durante dos actos en esta especie de juego de prestidigitación que es Jacques y su amo. Las interpolaciones en las que intervienen los no pocos personajes que secundan al dúo principal están permanentemente interrumpidas por digresiones creadas ex profeso para que no generen en espesor de existencia. Son sólo cuentos, evocaciones que se repiten en forma cíclica a partir de la necesidad de los narradores (a los que se agrega La posadera), pensamientos concretados en imágenes, manías, obsesiones con las que acompañamos el camino en un destino que se ignora pero cuya clave está en la forma de recorrerlo. Compañeros imprescindibles aunque no siempre gratos que acuden al llamado de esa polaridad básica del amo y el criado que subsumen una unidad por otra parte jugada y comentada abiertamente en el transcurso de la representación.

Fernando Balzaretti, Patricio Castillo y Rosa María Bianchi asumen con habilidad los roles propuestos por Kundera llevando la narración en una forma muy atractiva para el público. En definitiva, con esta puesta sucede —ya que hemos hablado de él— como con algunos cuentos de Borges: nos permiten un deleite en el juego de las ideas, admirar la habilidad de quien lo compuso... y olvidarlos sin remordimientos al poco tiempo.

Fernando Balzaratti y Patricio Castillo en Jacques y su amo de Milan Kundera, dirección Ludwik Margules, Teatro del Bosque (Unidad Artística y Cultural del Bosque, 520-4332), miércoles a sábado (20:30), domingo (18:00 horas, Fotografía de Luis Fernando Moguel.