FICHA TÉCNICA



Título obra Orquídeas a la luz de la luna

Autoría Carlos Fuentes

Referencia Bruno Bert, “Teatro en el Festival Cervantino. La lección de La zábila, una dramaturgia poco conocida sobre el conflicto sudafricano”, en Tiempo Libre, 3 noviembre 1988, p. 36.




Título obra Si la vida es sueño

Autoría Martha Luna y José Enrique Gorlero

Dirección Marta Luna y José Enrique Gorlero

Referencia Bruno Bert, “Teatro en el Festival Cervantino. La lección de La zábila, una dramaturgia poco conocida sobre el conflicto sudafricano”, en Tiempo Libre, 3 noviembre 1988, p. 36.




Título obra [Solo]

Notas de autoría Lope de Vega, Federico García Lorca, Antonio Machado / textos

Elenco Estela Medina

Espacios teatrales Plazuela de San Cayetano

Referencia Bruno Bert, “Teatro en el Festival Cervantino. La lección de La zábila, una dramaturgia poco conocida sobre el conflicto sudafricano”, en Tiempo Libre, 3 noviembre 1988, p. 36.




Título obra La lección de la Zábila

Autoría Athol Fugard

Dirección Anthony Akerman

Elenco Roberto D'Amico, Irma Lozano, Alonso Echánove

Referencia Bruno Bert, “Teatro en el Festival Cervantino. La lección de La zábila, una dramaturgia poco conocida sobre el conflicto sudafricano”, en Tiempo Libre, 3 noviembre 1988, p. 36.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Teatro en el Festival Cervantino
La lección de la Zábila, una dramaturgia poco conocida sobre el conflicto sudafricano

Bruno Bert

Guanajuato, Gto. — Los días de semana son un decrecer de las tensiones, el público refluye como una pulsación; el turismo se aquieta y las calles se vuelven transitables. El Festival Cervantino toma un ritmo más parejo y que seguramente volveré a estallar en el sábado y domingo de cierre. Así y todo, la omnipresente guardia policial tarda en encontrar un justo equilibrio, en donde el cuidado no tome visos de represión. La loable intención de proteger a los artistas, conduce a veces a la creación de cercos que provocan la incomunicación y el fastidio entre actuantes y público. La detención circunstancial de mimos o actores que se presentan en las calles, fuera de la organización oficial y sin permisos provocan la reacción del público que se solidariza a voces, no siempre muy gratas, contra la acción de la policía, y lleva a la conciencia el no haber encontrado el punto justo donde el cuidado por evitar los excesos que algunos cometen, no lleve a excesos en los mismos que deben evitarlos. Juego de palabras y tensiones.

Y las funciones de teatro se suceden rítmicas, con aciertos y desaciertos repartidos. Con pocas sorpresas, con pocos picos, dentro de un tono medio dominante. Entre las coproducciones vimos una del FIC con el INBA, que llevó a escena un autor sudafricano — Athol Fugar — dirigido por otro de la misma nacionalidad — Anthony Akerman — hoy exiliado en Europa a causa de sus puestas. Actuada por Roberto D'Amico, Irma Lozano y Alonso Echánove, se trata de La lección de la Zábila, una obra de corte tradicional donde se plantea de forma no panfletaria la realidad represiva y racista de Sudáfrica. La visión del autor intenta decirnos que allí la división no se hace tanto por la coloración de la piel, sino por la ideología: hay reaccionarios y quienes intentan un cambio en la lucha por conseguirlo, pero el rol y la ubicación están determinados por la decisión de seguir los propios ideales no solo por una visión entré blancos y negros. Un blanco puede continuar en su empeño político, mientras un negro opta por exiliarse nada menos que en Inglaterra. El trabajo de los actores sorprende gratamente en y tanto D'Amico como Irma Lozano (en menor medida Echánove), realizan una labor capaz de sostener en ese tiempo tan realentado, casi tres horas de función.

Un espectáculo interesante, de una dramaturgia poco conocida, que si bien no presenta innovaciones formales, abre a la realidad teatral de un espacio conflictivo como Sudáfrica.

En la pequeña plazuela de San Cayetano se presentó la actriz uruguaya Estela Medina, en un solo con textos de autores como Lope de Vega, García Lorca, Machado, etcétera, con un fuerte contenido para la nostalgia en aquellos que tuvieron la oportunidad de conocer las formas tradicionales de actuación en las que solían ser llamadas "señoras de la escena", "gran dama del teatro" y otros adjetivos nobiliarios como los mencionados.

Indudablemente, esta actriz —que fuera alumna de Margarita Xirgú— vino de larga trayectoria sobre los escenarios por lo que muestra como una síntesis de aquel tipo de trabajo que alguna vez fuera tan apreciado y que hoy se nos hace casi como un rescate de antiguo formas tanto técnicas como de aborde al público. Indudablemente subsiste este tipo de interés y Estela Medina sabe cubrirlo con creces, aunque para el teatro contemporáneo, aquello no se muestre ya más como un material para el desván de la memoria.

El grupo canadiense L'Aubergine de la Macedonia, presentó una refrescante atracción con dos pagados y dos malabaristas en donde estos elementos tan viejos dentro de la tradición teatral y circense, se ven renovados a partir del uso de la fantasía y la inteligencia en la creación de imágenes. Elementos simples, manejo del matiz, una breve participación del público y una muy acertada inserción de la música, hizo de este pequeño juego teatral una demostración de habilidad técnica y profesionalismo en la captación y el manejo de la atención de la platea, constituida por grandes y pequeños que gozaron por igual en su hora de trabajo.

De Suiza nos llega el Teatro de la memoria, con una obra de Carlos Fuentes: Orquídeas a la luz de la luna, que ya viéramos montada en nuestro país hace un par de años en los espacios de la UAM. A decir verdad y a pesar de algunas airadas críticas de aquel entonces, nos pareció más creativa y con más imaginación la puesta mexicana que la suiza. En primer lugar, aquella estaba realizada por hombres y ésta no, lo que la acerca al melodrama. Es, como se recordará, la historia de dos mujeres que en su vejez se encierran en un departamento en Venecia, —pero la de Estados Unidos, no la de Italia — y sueñan a jugar la encarnación de Dolores del Río y María Félix. Dos seres que se han perdido en el mito y la visión de éste cuando se aleja, fijado en la pantalla para siempre, de una realidad que se vuelve decadente y olvidada. El hecho de haber sido montada por hombres, formaba un juego de cajas: hombres que representaban mujeres, que a su vez representaban a las divas, que en su caso sólo podían manejarse a partir de movimientos, gestualidades y acciones que se han vuelto comportamientos arquetípicos copiados de los mismos filmes. Esta pura teatralidad distanciaba el elemento melodramático y se volvía una reflexión sobre lo esencial. Aquí, aunque el manejo actoral es correcto, la dirección y la concepción de puesta empobrece la amplitud de la visión, quedando reducida a un juego más amplio que corresponde a la propuesta de Fuentes. Ese poder ser solo a partir del reconocimiento ajeno de la propia identidad; esta identidad que se desprende del individuo y se vuelve una carga necesaria y terrible, y el vivir una carencia de ella, que obliga al uso del mito colectivo para cubrir la desnudez. Toda una serie de lecturas que hace sumamente interesante la obra escrita, pero que la vuelve compleja para extraer de ella lineamientos estrictamente teatrales que superen el solo discurso constante de los actores. En fin, una comparación en que resultaron beneficiados nuestros compatriotas.

Para el cierre del Festival está programado Si la vida es sueño, adaptación de la obra de Calderón de la Barca, bajo la dirección de Martha Luna y José Enrique Gorlero. A la fecha del cierre de la nota, aún no se ha presentado, pero el haber visto un ensayo nos permite apreciar el esfuerzo de ambos directores por intentar una síntesis moderna de la obra clásica, incorporando incluso elementos del auto sacramental. La escenografía de tarimas escalonadas sobre una base acuática donde se encuentra la cueva de Segismundo, contiene fuertes sugerencias que sintetizan plásticamente las intenciones de la puesta. Con intensos trazos coreográficos, oscila entre la claridad del discurso y la fuerza emocional que pueden llegar a transmitir los actores en su trabajo, con un claro compromiso corporal en la expresión. No vale abundar sobre lo visto en un ensayo general, pero en el estadio observado, el espectáculo contenía más de un elemento de interés y valoración que nos hace pensar que se verán acrecentados durante el estreno.

El Festival concluye, la organización en que se soportó, parece haber funcionado sincrónica y acertadamente, con más coherencia y menos conflictos que en oportunidades anteriores. La síntesis cultural —al menos en el área de teatro que es la que nos ha tocado cubrir en la última semana — no es sobresaliente ni en lo nacional ni en lo internacional, pero el balance no es negativo, sobre todo si pensamos en las épocas de crisis por las que atraviesa el país.