FICHA TÉCNICA



Título obra La isla

Notas de autoría Basado en textos de Kani, Nsthona y Fugard

Dirección Marcela Ruiz Lugo y Mario Camacho

Elenco Fidel Monroy, Héctor Dupuy, Agustín de la Rosa

Espacios teatrales Teatro Carlos Lazo

Referencia Bruno Bert, “Dignidad ante poder político. La isla”, en Tiempo Libre, 8 septiembre 1988, p. 39.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Dignidad ante poder político
La Isla

Bruno Bert

En la sala Carlos Lazo, de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, se está presentando —ya sobre las últimas funciones— La isla. Se trata, al parecer, de textos escritos por prisioneros y que originalmente fue montada por ellos y para ellos mismos. La versión mexicana pertenece a Nancy Cárdenas y la acción se ubica en las Islas Marías, es decir, en uno de los penales más islados del país, posiblemente con sistemas de alta seguridad.

Lo que se intenta en la trama es el paralelismo entre la situación de los presos políticos y el mito griego de Antígona. Es decir, la rebelión frente al poder y el precio que se paga por ella; el valor de la dignidad, aun al costo de la muerte.

Esto, en la visión de los sufrimientos cotidianos de los reclusos y una breve adaptación y montaje para sus compañeros de espíritu, de lo que para ellos contiene la obra clásica mencionada.

Si juzgamos el texto desde la perspectiva de un trabajo compuesto en esas circunstancias y por autores no profesionales (se menciona a tres autores originales: Kani-Ntshona / Fugard) evidentemente cobra un particular interés, porque aunque presenta variados puntos débiles, contiene todo un nexo de vivencias y una ubicación ambiental que involucraría, en sus representaciones originales, al mismo público, copartícipe directo de la situación tratada.

Además, en las actuales circunstancias del país, el valor de la democracia, el respeto ante la pluralidad de ideas, la libertad política en última instancia, tienen una particular resonancia en confrontación con imágenes que más bien podrían llevarnos a pensar que suceden en ciertos países como pudiera ser Chile, Paraguay o la Argentina de hace muy pocos años.

Son solamente tres los actores en escena y uno de ellos, el que representa al carcelero y que por cierta ironía se llama Pedro (ironía con relación a la conocida obra de Benedetti, donde Pedro es el torturado y no el torturador) no utiliza jamás la palabra. Es entonces, entre la violenta presencia muda de éste y el diálogo entre los otros dos, donde se nos da toda la acción. Al contrario de la obra del uruguayo, en la cual el prisionero recorre un camino heroico, aquí los personajes se quiebran y si bien mantienen conciencia de la injusticia y una actitud digna frente a ella, en más de una oportunidad muestran sus lados débiles tanto frente al agresor como entre sí mismos, distanciándose un poco de una propuesta didáctica, aunque en el fondo ésta subyace, emergiendo sobre todo al final en las palabras de la representación de Antígona.

La dirección, a cargo de Marcel Ruiz Lugo y Mario Camacho, asume la obra continuando la línea de lo que debió ser el montaje original, poniendo en primer plano más la fuerza de las situaciones que un muy estricto trabajo de elaboración en el montaje y de rigurosidad en el manejó de actores, mientras que una sintética y efectiva propuesta escenográfica de Mónica Kubli; subraya la misma vertiente. Los tres actores en escena: Héctor Dupuy y Fidel Monroy Bautista como los prisioneros, y Agustín de la Rosa como el carcelero, transitan por una variedad de momentos nada fáciles de asumir, ya que tanto pasan por circunstancias humorísticas como picos dramáticos de fuerte intensidad. Si bien las dificultades son visibles, hay una fuerte intención de compromiso que los hace sortear los escollos más graves, y nos llevan a imaginar cómo podría llegar a darse la propuesta originaria dentro de una cárcel, aunque aqui el público calle y allí (ahora sustituido por voces grabadas) seguramente mantendría una agresiva participación verbal.

Como casi siempre en esa sala, nos ha tocado compartir la función con un reducido número de espectadores, lo que es una pena porque ese recinto ubicado frente a la torre de Rectoría suele albergar no tanto una gran calidad artística pero sí una variada gama de expresiones dentro del hacer teatral Universitario y de grupos no comerciales de nuestro medio que nos da una visión de las búsquedas que por allí se realizan, de sus logros y de sus limitaciones. La isla, entonces, se nos propone esencialmente a partir de lo particular de su origen y es desde esta perspectiva donde puede presentar sus mayores puntos de interés.

Fidel Monroy y Héctor Dupuy en La isla, de Kani /Nsthona / Fugard, dirección Marcela Ruiz Lugo y Mario Camacho, Teatro Arq. Carlos Lazo (Circuito Interior CU, atrás de Rectoría, 54881951, jueves a sábado (18:00 horas).