FICHA TÉCNICA



Título obra Un tranvía llamado Deseo

Notas de Título A street car named Desire (título en el idioma original)

Autoría Tennessee Williams

Dirección Seki Sano

Notas Con motivo del estreno próximo de Un tranvía llamado Deseo, el autor publica las notas Hechos sobre mi persona, notas autobiográficas de Tennesee Williams

Referencia Armando de Maria y Campos, “Quién es Tennessee Williams, a quien se considera como ‘el nuevo O´Neill. I’”, en Novedades, 4 diciembre 1948.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Quién es Tennessee Williams, a quien se considera como "el nuevo O'Neill”

Armando de Maria y Campos

El teatro de Tennessee Williams –viene a afirmar la crítica contemporánea– es un eco del de Eugenio O'Neill en el eterno conflicto de la fantasía contra la realidad ambiente. No falta quien asegure que Tennessee Williams es "el nuevo O'Neill". De Tennessee Williams –que estuvo aquí de paso como simple turista; cuarto en el hotel Reforma desayunó en Samborn's, escapadas a los teatros de revista folklórica, viajes relampagueantes de 24 horas a Cuernavaca y a Taxco, en 1946– se representará por primera vez en México, una obra suya: A street car named Desire (Un tranvía llamado Deseo), premio Pulitzer 1947-1948, y premio de los críticos del mismo año y que aún es uno de los grandes éxitos de Broadway. Por eso se explica que Tennessee Williams, y su obra, ocupen esta columna varias veces conforme al plan que vengo desarrollando de comentar los grandes sucesos del teatro en general –autores, obras, intérpretes–, si es posible por anticipado a su arribo en México.

"Hechos sobre mi persona" se titulan unos apuntes que el propio Tennessee Williams ha tenido la amabilidad de enviarme con motivo del próximo estreno por él ignorado, de su triunfal pieza Un tranvía llamado Deseo, que será representada bajo la dirección del director japonés Seki Sano. Dice Williams: "Nací en la rectoría episcopal de Columbus, Miss., un pueblo viejo en las márgenes del río Tombigbee, pueblo que era tan estirado y reservado que existía el dicho, un poco exagerado, de que había de vivir en él por un año antes de que un vecino le sonriera en la calle. Como mi abuelo, con quien vivíamos, era el clérigo episcopal, fuimos aceptados por el pueblo sin ser sometidos a ninguna prueba. Mi padre, un hombre con el formidable nombre de Cornelius Coffin Williams, tenía un linaje que venía por un lado, de los Williams, de ascendencia exploradora de Tennessee y por el otro, de los primeros colonos de la Isla de Nantucket, en Nueva Inglaterra. Mi madre era descendiente de cuáqueros. Su unión produjo en mis venas una combinación de corrientes puritanas y aventuras que puede justificar los impulsos de conflicto que a menudo represento en las gentes sobre lo que escribo.

"Fui bautizado Thomas Lainer Williams, que es un nombre bonito, tal vez demasiado bonito. Parece designar a escritor que compone sonetos a la primavera. Y para decir la verdad, mi primer premio literario fueron 25 dólares de un Club de Mujeres por hacer exactamente eso, tres sonetos dedicados a la primavera. Me apresuro a añadir que aún yo era demasiado joven. Bajo tal nombre publiqué una gran cantidad de poesía lírica, que era una mala imitación de la Edna Milley. Cuando crecí me di cuenta que esta poesía no era cosa del otro mundo y sentí que mi nombre estaba comprometido así es que lo transformé en "Tennesse Williams", tratando de justificar principalmente, que los Williams habían peleado contra los indios por Tennessee, y que yo había descubierto que la vida de un escritor joven iba a hacer algo similar a la defensa de un fuerte contra una banda de salvajes".

Estos son los que el propio Williams llama "Antecedentes sociales de su vida". Los primeros pasos responsables los fija cuando estaba cumpliendo sus primeros 12 años. –Mi padre– dice, fue señalado para desempeñar un puesto en una oficina de San Louis, así es que dejamos la rectoría y nos cambiamos al norte. Fue una idea trágica. Ni mi hermana ni yo podíamos ajustarnos a vivir en una ciudad del medio oeste. Los niños de la escuela hacían burla de nuestro lenguaje suriano y manierismos. Recuerdo pandillas de muchachos persiguiéndonos hasta la casa gritándome: "fifiriche", y la casa no era un refugio muy agradable. Era un pequeño apartamento eternamente mal alumbrado, en una soledad de ladrillos idénticos y estructuras de concreto, sin prados ni árboles cercanos. En el sur nunca nos habíamos dado cuenta del hecho de que económicamente éramos menos afortunados que otros. Vivíamos tan bien como todos. Pero en San Luis descubrimos repentinamente que había dos clases de gente: la rica y la pobre y que nosotros pertenecíamos, más bien, a la segunda. Si caminábamos lo suficientemente lejos hacia el oeste, llegábamos a un distrito de hermosas residencias establecidas en prados maravillosos. Pero donde vivíamos, a donde siempre teníamos que regresar, había horribles filas de edificios de apartamientos cuyo color era como la sangre seca y la mostaza. Si hubiera nacido dentro de esta situación tal vez no lo hubiera resentido de tal modo, pero esto alumbró mi conciencia a la edad más sensitiva de mi niñez. Produjo un choque y una rebelión que ha crecido en una parte inherente de mi trabajo. Fue el principio de la conciencia social que creo ha caracterizado más a mis escritos. Estoy satisfecho de haber recibido esta amarga educación, porque no creo que ningún escrito sienta mucha fuerza detrás de él a menos que haya sentido amargamente las iniquidades de la sociedad en que vive. No tengo conocimiento de la dialéctica política y social. Si usted me pregunta cuál es mi crédito político, le diré que soy Humanitario.

"Entré en la universidad durante la gran depresión norteamericana y después de dos años no puede darme el lujo de continuar, sino que tuve que cortar mis estudios y tomar un trabajo en la compañía de zapatos que empleaba a mi padre. Los dos años que pasé en esa compañía fueron un tormento indescriptible para mí como individuo, pero de inmenso valor como escritor, porque me dieron un conocimiento de primera mano sobre lo que significa el ser un empleado de bajo sueldo en un trabajo rutinario, sin esperanzas. Había estado escribiendo desde mi niñez y continué escribiendo mientras fui empleado por la compañía de zapatos. Cuando regresaba a casa, me intoxicaba con café de tal modo que pudiera permanecer despierto casi toda la noche, escribiendo historias cortas que no podía vender. Gradualmente mi salud se resintió. Un día, al regresar de mi trabajo, tuve un colapso y fui llevado al hospital. El doctor me dijo que no podía regresar a trabajar a la compañía de zapatos. Tan pronto como me recuperé, regresé al sur a vivir con mis abuelos de Memphis".