FICHA TÉCNICA



Título obra Sola en la obscuridad

Autoría Frederick Nknott

Dirección Rafael López Miarnau

Elenco Alma Muriel, Carlos Bracho

Escenografía Laura Rode

Espacios teatrales Teatro del Centro Cultural San Ángel

Referencia Bruno Bert, “Sola en la obscuridad”, en Tiempo Libre, núm. 397, 18 agosto 1988, p. 37.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Sola en la obscuridad

Bruno Bert

En el edificio de la ex delegación Álvaro Obregón, frente al convento del Carmen, en San Ángel, donde funciona el Centro Cultural del mismo nombre, se inauguró una sala teatral con la puesta de una obra de corte policial, muy al sabor de los años '40.

Se trata de Sola en la obscuridad, de Frederik Knott, bajo la dirección de Rafael López Miarnau, con la participación de actores como Carlos Bracho y Alma Muriel en el elenco. Obviamente no vamos a anticipar su trama pero se puede adelantar que gira alrededor de una ciega y un contrabando de droga escondido en una muñeca, con los típicos asesinatos, enredos y suspenso que es clásico en el género; está ambientada en Nueva York (en los '40 se prefería Londres, pero valga el cambio) y se atiene a las reglas habituales de este tipo de trabajos.

En lo que hace a la obra misma no resulta demasiado interesante en su trama, ni original en su desarrollo, aunque hay que reconocer que tampoco suelen serlo las novelas de este tipo, que abundan en elementos similares entre sí, con sólo variaciones de detalle, en estructuras que son características a cada autor. Esto no impide sin embargo que haya fervientes seguidores de la novela policial y por ende también potenciales gustadores de este género llevado al teatro. Suele haber en las grandes ciudades del mundo salas especialmente dedicadas a este tipo de montajes y un abundante público que les sigue. Todo lo cual indica que tal vez ésta Sola en la obscuridad pueda llegar a tener un caudal de interesados.

La dirección, las actuaciones y la escenografía (a cargo esta última de Laura Rode) no transitan precisamente por la originalidad, sino que siguen modelos ya clásicos con sus ambientes cerrados de un naturalismo convencional, sus movimientos escénicos absolutamente al servicio de la trama, en el sentido de simple marcación, y la construcción de los actores es de ese estilo epidérmico y un tanto engolado que casi siempre campea en el teatro comercial. Es que, en definitiva, no se pretende otra cosa que contar una historia simple (aunque con sus enredos, claro) que entretenga un par de horas a quien ha pagado la entrada, que puede gustar al mismo tiempo de la visión en directo de conocidos actores del medio y de las un tanto inverosímiles andanzas que la novela propone. Resulta claro que no estoy muy de acuerdo con este tipo de trabajo, pero hay que aclarar que no que trata solamente que no guste demasiado de un teatro evasivo (y dentro de éste al que cae en el género en cuestión), sino porque pienso que aun policial y de entretenimiento se pueden hacer cosas de mayor envergadura artística. El género no condiciona la calidad, y ni siquiera la originalidad para su tratamiento y abordaje. Lo que significa que podemos encontrar un material ricamente elaborado en cualquier tipo de obra si los que lo realizan así se lo imponen, como también hallar mediocridad en la puesta de textos importantes con aparentes intereses de mayor profundidad y compromiso. Lo que resulta criticable en todo caso es el bajo vuelo imaginativo de los que se propusieron llevar a escena una obra que justamente tiene su único apoyo en la capacidad de imaginación.

Podemos entonces asimilar este montaje con esos libros económicos que compramos a la salida de un largo viaje en tren y que quedará abandonado en el asiento del vagón olvidado por el lector apenas terminada su última página. A pesar de no frecuentar este tipo de lecturas ni este tipo de teatro hay que reconocer que un esfuerzo de memoria es capaz de rescatar en el pasado personal algunos títulos y algunas obras con mayor empeño hacia su destinatario.

Pero esto no pasa de opiniones personales: las familias presentes en la función aplaudieron con ganas a los actores al término de la obra, y ya sabemos que en definitiva es el público y no la crítica el que determina el destino de un espectáculo.... Más allá de la calidad del mismo.

Alma Muriel y Carlos Bracho en Sola en la obscuridad, de Frederick Nknott, dirección Rafael López Miarnau, Teatro del Centro Cultural San Ángel (Av. Revolución y Francisco I. Madero, San Ángel, 550-8182), martes a jueves (20:30), viernes y sábado (19:00 y 21:00); domingo (17:30 y 20:00 horas) Fotografías de Luis Fernando Moguel Escalante.