FICHA TÉCNICA



Título obra Cupo limitado

Autoría Tomás Urtusástegui

Dirección Morris Savariego

Elenco Clarisa Rendón, Miguel Islas

Espacios teatrales Foro de La Conchita

Referencia Bruno Bert, “Interesante trabajo actoral, pero intrascendente. Cupo limitado, superficial”, en Tiempo Libre, 21 julio 1988, p. 37.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Interesante trabajo actoral, pero intrascendente
Cupo limitado, superficial

Bruno Bert

La situación límite por encerramiento es un tema que suele atraer por su capacidad de simbolización y por la variedad de caracteres que permite reunir a partir de una situación fortuita. La literatura, el cine y el teatro lo han tratado reiteradamente y desde los ángulos más diversos, eligiendo para ello espacios tan disímiles como palacetes, hoteles, barcos, aviones o, como en este caso, el simple elevador de un edificio de departamentos.

Se trata de Cupo limitado, la obra de Tomás Urtusástegui montada por Morris Savariego en el foro de la Conchita.

En este caso el espacio escénico ha quedado reducido a los cuatro metros cuadrados cuanto más se ocupa el elevador de marras, en el que se hallan encerradas ocho personas. A través de las placas perforadas de sus paredes y a una distancia muy próxima, vemos y oímos el devenir de las situaciones que se van dando a medida que transcurre el tiempo. No parece haber un verdadero peligro de vida por asfixia o posible caída del aparato, por más que se lo mencione por momentos. Se trata simplemente de una excesiva proximidad, la promiscuidad de los cuerpos, las ideas y sensaciones cuando no pueden distanciarse a voluntad.

A niveles autorales, lo que nos propone Urtususástequi en una progresión en los personajes que va de los comentarios circunstanciales del principio a una definición muy básica de caracteres durante el transcurso, con contradicciones que se acentúan a medida que se enturbian por la espera. Las contrapartes que maneja serian de clase, de edad y de sexo. La idea, si bien no es muy original, podría ser novedosa en su forma de abordaje, en los elementos que expone, o al menos en el orillear el suspenso en las alternativas que trata. Desgraciadamente no sucede nada de esto y todo lo que acontece es extremadamente superficial, no tanto por que lo sea en sí mismo, sino porque así nos es transmitido. El autor se pierde en descripciones más o menos banales de acontecimientos mínimos que indudablemente pueden provocar la risa pero que no llevan a nada ulterior.

Los vómitos no se transforman en la representación del asco por la proximidad sino en una situación chusca; el sexo no es una transgresión sino apenas una irritación leve de los prejuicios, y la violencia — aun cuando pudiera conllevar la muerte — no nos traslada a un plano superior de esa realidad en última instancia irrelevante.

Con este material Morris Savariego no avanza demasiado en la puesta, de por sí bastante constreñida en sus posibilidades espaciales. Lo que cabría, tal vez, es un ajustado manejo del tiempo. Casi como único vector en donde se desplaza la acción, que correría entonces en el plano de las IDEAS, las fantasías, los valores, los miedos como un subjetivo y representativo escenario a transitar.

Pero el texto no parece ayudarle ni él mismo habérselo propuesto, y así sucede que nunca nos evadimos de la conciencia del elevador real para habitar mundos más profundos, ni — en su posible opción contraria —exacerbarnos esa presencia al mejor estilo policial hasta transformarla en una figura amenazante que nos haga olvidar que quedarse encerrados en un elevador en un quinto piso de un edificio habitado no es nada importante en sí mismo.

El final no logra un impacto climático ni corta abruptamente una situación crescendo hacia el vacío. Esto a pesar de que las acciones propuestas así parecieran indicarlo; lo que nos dice que la doble construcción del autor y director es lo que falla y hace que sus intenciones no cristalicen. Así, la obra termina con un poco de sorpresa por nuestra parte que no hemos podido decantar, separando acciones de movimiento, y se nos hace como trunca en su propuesta visual y textual.

El trabajo de los actores es interesante pero no trascendente, y naturalmente no logra escapar al clima poco sustancioso que impera. Un trabajo no demasiado convincente para un espacio y un director que suelen accionar en más altos niveles de calidad.

Clarisa Rendón y Miguel Islas en Cupo , de Tomás Urtusástegui, dirección Morris Savariego, Foro de /a Conchita (Vallarte 33, Coyoacán, 554-5257), jueves a sábado (20:30); domingos (19:30 horas). Fotografías de Luis Fernando Moguel Escalante