FICHA TÉCNICA



Título obra El gobierno de las mujeres

Autoría Aristófanes

Notas de autoría Versión de La asamblea de mujeres

Dirección Lech Hellwing-Gorzynski

Espacios teatrales Teatro del Pueblo

Referencia Bruno Bert, “¡Chale!, Aristófanes, ¡Zeus tepiteño!, El gobierno de las mujeres”, en Tiempo Libre, 19 mayo 1988, p. 41.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

¡Chale!, Aristófanes, ¡Zeus tepiteño!
El gobierno de las mujeres

Bruno Bert

La obra de Aristófanes nos plantea cómo las mujeres de los ciudadanos logran introducirse (vestidas con las ropas de sus maridos) en la Asamblea que Gobierna Atenas y hacerse del mando para la imposición de un sistema "comunista" que resolverá la corrupción e inoperancia en que hasta ese momento la han mantenido los hombres.

La gruesa sátira que maneja el comediante griego no deja títeres con cabeza, puesto que si por un lado aprovecha la situación para ridiculizar el manejo político que se está haciendo de su ciudad, por el otro la propuesta del gobierno femenino está tratada con suficiente desparpajo como para ponerlas también a ellas en la picota de los vicios imperantes y completan así un panorama de disolución que no propone salidas reales sino que intenta despertar por la burla la conciencia de sus conciudadanos para que efectivamente emprenda el camino de la acción.

Teatro político, como todo el teatro griego, parcialmente coyuntural, eminentemente satírico, de excelente calidad literaria y pleno de información sobre la época, las obras de Aristófanes conservan, por todo esto, el interés que las hace remontables e inteligentemente legibles para nuestra época.

En el patio del Teatro del Pueblo, Lech Hellwing-Gorzynski dirige una versión de La Asamblea de las mujeres, retomando los espacios abiertos y el sistema semicircular de visión que originariamente tuviera. Sin embargo se trata de una adaptación que merece algunas consideraciones. En primer lugar el espacio escénico nos representa el patio de una vecindad en el Distrito Federal de hoy, para lo que se agrega una introducción que muestra a un conjunto de mujeres en sus hechos cotidianos con el lenguaje que se podría hablar en Tepito. Son ellas las que, disfrazadas de hombres, comenzarán de inmediato la obra manteniendo sin embargo su identidad capitalina iniciando un desfazaje de referencias, acciones y objetos que se irán acentuando.

Aquí hay dos problemas. El primero es histórico: las mujeres griegas de la obra, como dijimos al comenzar, son las esposas de los ciudadanos; es decir, de los que tenían derecho a asistir a las Asambleas y (si les interesaba algo más que el vino y la paga) ejercer autoridad para la promulgación de las leyes. No es el caso de las mujeres que viven en una vecindad ni de sus maridos, alejados absolutamente de cualquier centro de decisión. Así que cuando las mujeres del original toman el mando delegan el trabajo a los esclavos, siendo extraño oír semejante texto en boca de los pobladores de una vecindad que, por su extracción y función social, son justamente los esclavos modernos. Esta variación de clases sociales vuelve absurda una propuesta que en Aristófanes era sólo satírica. Ya no se trata —como en el caso griego— que las mujeres no tengan acceso a la política, sino que la clase social en la que fue ubicada hoy la obra está desposeída de ambas completamente distintas a las planteadas por Aristófanes y no readaptadas para el caso.

En segundo lugar, se borra en el texto una línea divisoria entre el original y la adaptación o agregados, lo que da una resultante entre híbrida y contradictoria. Ni se ha adaptado todo el texto y las situaciones para que el original griego fuera sólo una reminiscencia sugeridora, ni se ha respetado escrupulosamente el texto original. Por lo que entonces lo que debiera ser una situación o un texto analógico se vuelve desfazaje y ya los personajes no son ni griegos ni tepiteños sino híbridos que mezclan el "chale" con "Zeuz" y los nopalitos con situaciones eminentemente atenienses, lo que logra un desvahimiento hacia ambos lados del espectro: ni nos permite gozar a Aristófanes, ni nos compromete con un hoy que claramente nos pertenezca.

Para completar el panorama se agrega un final de "bandera roja" (quiero decir un final de alzamiento revolucionario) absolutamente jalado por los cabellos que uno no acierta a comprender a qué viene ni de dónde viene.

Podríamos agregar una escenografía plagada de objetos jamás utilizados ni resignificados que se vuelve inútil a los 15 minutos quedando como un mero "adorno".

Indudablemente, habérselas con Aristófanes no es simple y, salvados algunos momentos de actuación efectiva, el resto se nos vuelve una incógnita respecto al porqué elegir a un griego para dar estos resultados.

Ilion, en vez de Lyon

En la edición del 14 al 20 de abril, en la página 39, en la nota sobre la obra de teatro El cambio, en un párrafo dice: "...se inserta en el teatro político con un bello manejo del texto..." Debe leerse: "...se inserta en el teatro poético..." En los dos últimos párrafos de la nota sobre Intimidad (21-27 abril), página 43, se menciona la palabra falacias. Debió ser falencias (engaño o error). En La pasión de Pentesilea (28 abril-4 mayo), página 45, dice: "...desde la guerra de Lyon hasta hoy". Debe leerse: "...ilion..." También se publicó: "El estilo épico tan claro de Luis de Tavira..." Lo correcto es: "El estilo épico tan caro a..." Y de la misma nota, en el último párrafo: "...los directores que la vinculación actora)..." Debió decir: "...los directores que la vehiculización."