FICHA TÉCNICA



Título obra El cambio

Autoría Paul Claudel

Notas de autoría Rosario Castellanos / traducción

Dirección Manuel Montoro

Elenco Carmen Delgado, Irma Lozano

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Referencia Bruno Bert, “Claudel no es Bernanos. El cambio”, en Tiempo Libre, 14 abril 1988, p. 39.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Claudel no es Bernanos
El cambio

Bruno Bert

Dentro de la vasta producción teatral de Paul Claudel (1868-1955) El cambio podemos decir que es una de las menos claudelianas, uno de sus productos más atípicos. La importancia de este autor francés que en la actualidad es poco llevado a escena, reside en que es casi el único contemporáneo que ha intentado plasmar en el teatro, con gran coherencia y rigor, una visión cristiana y católica del mundo. un catolicismo, sin embargo, legado de aquel inquieto e introspectivo de Bernanos o Muriac; diverso incluso del de Copeau, que sólo montó una obra suya, y esta fue justamente El cambio representada en Vieux Colombier en 1914, interpretada por él mismo y por Dullín.

El catolicismo de Claudel está basado en la aceptación más tradicional y ortodoxa de la visión teológica del universo y de la historia. Algo tal vez absolutamente anacrónico para nuestra época pero con una fuerte lógica en su interior.

Es extraño, porque este hombre estuvo en contacto directo por muchos años con las religiones y el arte oriental al que además admiraba (fue embajador en Japón y cónsul en China) en una época en que estas eran "descubiertas" y reasimiladas por Occidente, y sin embargo definía a las religiones asiáticas como "la mística en estado salvaje", como altas culturas paganas: más o menos son la visión que habría podido tener un teólogo del siglo XVI o XVII. Pero si no es teatralmente hablando un rebelde o un marginal, tampoco es un decadente y en su gran obra reproduce en pequeño todos los más profundos problemas de la dramaturgia contemporánea.

El abismo que divide el teatro de Claudel de la exigua corriente del teatro católico moderno consiste en que no se limita a representar personajes religiosos sino que intenta fundar una representación religiosa de los personajes y los sucesos. Así, en los extremos, su teatro tiene vinculaciones formales con el de Brecht (del que además es estricto contemporáneo en ciertos momentos creativos y de búsqueda) y como él busca un "distanciamiento" donde la acción es narrada y no encarnada por los actores. El hombre —como en el teatro épico— debe ser visto al interior de un sistema más vasto que es el devenir histórico. Aunque en Claudel se hallen aquí condicionantes metafísicas.

El cambio no había sido aún estrenado en México, y fue llevado ahora a escena bajo la dirección de Manuel Montoro en la Casa de la Paz, con escenografía y vestuario de Guillermo Barclay. Esta parábola de las transformaciones del hombre en relación por un lado con la naturaleza y por el otro con el dinero y las ambiciones personales, se inserta en el teatro político con un bello manejo del texto realzado por la traducción que estuvo a cargo de Rosario Castellanos.

Con la estética que es típica de Montoro y Barclay las imágenes sufren una cierta, disociación del texto, recortándose en el espacio poético que mencionábamos como un juego afuera del tiempo real, recreando una "duración" metafísica que tiene mucho más que ver con las vivencias interiores en un lugar impreciso y sacralizado, preparado para el rito.

Los actores (con claros desniveles de calidad) manejan una dualidad que si por un lado no llega absolutamente al naturalismo escénico por el otro tampoco se expande hacia la ruptura y el distanciamiento. Más bien es una introspección hacia la oniria, hacia los estados anteriores, donde cada uno sólo en la apariencia es lo que es sino que se vuelve imagen contenedora de múltiples significados cambiantes. Naturalmente esta suspensión de las acciones y la expansión correspondiente de los estados anímicos produce en el espectador la sensación extraña de asomarse a una experiencia artística que tiene más relación con la música o la pintura que con el teatro, y una cierta "fatiga" que posiblemente esté relacionada con la particular manipulación del vector temporal interno de la obra.

Aquí la belleza cobra la dimensión de una ruptura y el esfuerzo por compartir un lenguaje depurado con una espiritualidad densa y un tanto alejada de nuestra contemporaneidad.

Carmen Delgado e Irma Lozano en El cambio, de Paul Claudel, traducción Rosario Castellanos, dirección Manuel Montoro, Teatro Casa de la Paz (Cozumel 33, Roma, 286-5315), martes a viernes,-20:30; sábados 20:00; y domingos 19:00 horas.