FICHA TÉCNICA



Título obra Raptola, violola y matola

Autoría Alejandro Licona

Dirección Julian Pastor

Elenco Joaquín Garrido, Martha Ofelia Galindo

Espacios teatrales Teatro Wilberto Cantón

Referencia Bruno Bert, “Ríe el público y la obra se hace llevadera. Raptola, violola y matola”, en Tiempo Libre, 31 marzo 1988, p. 41.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Ríe el público y la obra se hace llevadera
Raptola, violola y matola

Bruno Bert

En el teatro Wilberto Cantón, de la Sogem, se acaba de estrenar Raptola, violola y matola, de Alejandro Licona, bajo la dirección de Julián Pastor.

Con una estructura similar a la de las tandas, el autor nos propone un recorrido humorístico por los tradicionales titulares de la nota roja, en donde naturalmente se unen el tremendismo con la insignificancia y el desgarrador acento con la ridícula admonición moral. Utilizando un doble escenario giratorio nos va mostrando, en ambientes simples, la versión jocosa de lo que supuestamente desencadenó cada uno de los crímenes, pasando por los celos, la corrupción policial, las madres sobreprotectoras y toda una amplia gama de posibles motivaciones asumidas rotativamente por el grupo de actores que integran el elenco. Asimismo, se nos explica que la intención comprende un homenaje a "aquellas ediciones de principios de siglo donde los crímenes de la semana se transformaban en una obra teatral y eran publicados por Vanegas Arroyo".

Con una sana intención desmistificadora el autor, por un lado, nos disminuye y relativiza la trascendencia social de los distintos crímenes, mientras que al final entronca en una canción con una visión política donde se da un sentido a la violencia según la clase social en donde se desarrolla. Naturalmente, por los temas tratados, el humor tiende a ser humor negro, con maridos liquidados a filo de hacha y amantes que pueden concluir su carrera en el interior de un tamal. El decorado que rodea a los ambientes centrales y cambiantes es un collage de cabezas famosas y disparatadas en donde se echa de menos el muy comentado y similar al título: Violola, matola y comiola aunque en realidad su espíritu está presente en alguno de los sketches.

Como si esto fuera poco, se ofrece un crimen "en vivo" y dedicado al público, con madre y tía como víctimas predilectas que se reiteran como desencadenantes en otras escenas. Como vemos, el material es sabroso como también la óptica elegida e incluso la labor de algunos actores, como Martha Ofelia Galindo, por ejemplo, con su experiencia en el género de las tandas y la comedia, que capta de inmediato la atención y la risa del público en cada una de sus apariciones.

Sin embargo, y a pesar de todos estos elementos positivos, la obra no termina de fraguarse, y esto tal vez por varios elementos que cojean con responsabilidad compartida entre los integrantes del trabajo. En lo que hace a Licona como autor, suele construir con habilidad las situaciones, pero tiende a perder la noción de ritmo y clímax, por lo que ciertas partes se extienden con demasía, mientras que los cortes suelen perder el punto justo para producirse en momentos en que la atención decae y la anécdota ya había concluido en su pico ascendente, por lo que se desfasan y restan efectividad. Julián Pastor, como director, logra agilidad en las acciones (a veces afectada por lo arriba mencionado), pero no siempre unidad en el equipo, cuyos componentes a veces aparecen como elementos desgajados e integrados precariamente al todo, como si se tratara más de labores personales que de grupo; por último, los mismos actores por este trabajar juntos pero no unidos muestran desniveles no solamente en su calidad actoral sino en los tonos y tempos empleados, lo que nuevamente produce altibajos en la atención del público.

Así y todo los espectadores ríen y la obra se hace llevadera, por lo que sí hay algo que lamentar es que los detalles componentes terminen de pulirse, cosa que tal vez, al menos en parte, suceda en el transcurrir de las funciones, para que podamos gustar en plenitud a las distintas ramas del crimen como una de las "Bellas Artes", al deseo de célebres antecedentes.

Joaquín Garrido y Martha Ofelia Galindo en Raptola, violola y matola, de Alejandro Licona, dirección Julián Pastor, Teatro Wilberto Cantón de la SOGEM (José María Velasco 59, San José Insurgentes, 593-3834), martes a jueves 20:30; viernes y sábado 19:00 y 21: 15; domingos 17:30 y 20:00 horas. (Fotografías de Luis Fernando Moguel).