FICHA TÉCNICA



Título obra Roja doméstica

Autoría Carmen Boullosa

Dirección Marta Luna

Elenco Eduardo López Rojas

Espacios teatrales Foro del Museo Rufino Tamayo

Referencia Bruno Bert, “Jerarquizar la palabra. Roja doméstica”, en Tiempo Libre, 10 marzo 1988, p. 39.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Jerarquizar la palabra
Roja doméstica

Bruno Bert

En el museo Rufino Tamayo se acaba de inaugurar una sala de teatro o más bien se ha incorporado para el teatro lo que originariamente debía ser una sala de conferencias, a juzgar por sus características. En cualquier caso es sippre bienvenido un nuevo espacio de utilización escénica. En ella se está presentando Roja doméstica, una obra de Carmen Boullosa bajo la dirección de Marta Luna.

Se trata de una comedia que pretende satirizar las actitudes de la clase media; ciertos comportamientos domésticos a los que la autora les daría un tinte rojo en su presentación por la acumulación de valores negativos con que está impregnada. El primer elemento que se nos hace presente es como una necesidad desenfrenada de la autora por jerarquizar la palabra como vehículo primordial de expresión y el galope de la dirección por encarnar en acciones todo ese tropel de conceptos que se desborda literalmente por el escenario e invade la sala. No es por sugestión, inferencia o esencialmente por el juego de imágenes donde podpos advertir lo que se nos quiere trasmitir, sino que se nos aplasta con la literalidad de un texto escrito a tamaño catástrofe, reiterando verbalmente una y otra vez lo que se nos prologa, muestra y epiloga con un desprecio absoluto a la capacidad reflexiva y de desarrollo que el espectador pueda tener. No me parece que entre las múltiples taras de la clase media esté la incapacidad de comprensión, sino más bien la aceptación y cambio, más la habilidad para sublimar, escamotear y tergiversar lo que está dirigido al intelecto. Carmen Boullosa parece pensar exactamente lo contrario y en lugar de sorprender y golpear elige el explicar, aclarando que sabe perfectamente que está tratando con un conjunto de idiotas. Eso es dirigirse a las partes justamente menos vulnerables, con el agravamiento del ppobrecimiento del hecho teatral que produce. Y si el discurso literal termina por aburrir, el momento creativo, a cargo de Marta Luna en la dirección, acaba en un exasperado ir a la zaga de la oratoria.

La imagen de Limites García puede ser atractiva y sorprendente en los primeros momentos, pero se vuelve de una monotonía abrumadora, porque es la encarnación misma del autor que se niega a bajar de la escena y dejarnos finalmente disfrutar de su obra, que no cree que nadie pueda sustituirlo ni complpentarlo, encarnarlo ni expresarlo y se fija la agotadora tarea de la permanencia, cuando debiera haber desaparecido para estar oculto y presente a través de los gestos, objetos, actores y sus palabras, que son, en definitiva, los verdaderos portadores de su trabajo.

Esto es doblpente de lamentar porque la idea tiene momentos atractivos y la realización dpuestra fantasía y recursos que logran chispazos de humor con una ironía bien llevada, que de pasar a primer plano hubieran seguramente resultado más interesantes. La ambientación escenográfica, a cargo de Jesusa, se implanta correctamente en el clima propuesto, aunque se vuelve poco efectiva en sus varios cambios a la vista que estimulan aún más la verborragia de Límites García, funcionando como nexo entre escenas. Se nota asimismo una cierta torpeza en el manejo de los elpentos y trucos que aparecen desnudos y evidentes, fragmentando y dificultando su ensamble eficientpente en las acciones. Por último, los actores se ppeñan en su trabajo y lo hacen con calidez, aunque por sí solos no logren conjuntar esa suma de partes, que no termina de formar un todo efectivo y comunicante.

Un espectáculo que se frustra como totalidad a pesar de poseer múltiples componentes que hubieran merecido un mejor destino.

Eduardo López Rojas en Roja doméstica, de Carmen Boullosa, dirección Martha Luna, Faro del Museo Internacional de Arte Contpporáneo Rufino Tamayo (Paseo de la Reforma y Gandhi; Bosque de Chapultepec, 286-5839), viernes y sábado (19:00 y 21:00) y domingo (18:00 y 20:00 horas). Fotografía de Luis Fernando Moguel)