FICHA TÉCNICA



Título obra La importancia de llamarse Ernesto

Autoría Óscar Wilde

Dirección Rafael Segovia

Elenco Mariana Elizondo, Margarita González

Espacios teatrales Teatro de la librería Gandhi

Referencia Bruno Bert, “Corroen, aún ahora, las críticas de Wilde a la alta burguesía. La importancia de llamarse Ernesto”, en Tiempo Libre, 18 febrero 1988, p. 41.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Corroen, aún ahora, las críticas de Wilde a la alta burguesía
La importancia de llamarse Ernesto

Bruno Bert

No es usual en nuestros escenarios que se monte un Oscar Wilde — al menos no recuerdo ninguno en bastante tiempo— . De allí el interés por ver a través de esta puesta, cómo se conserva ese tipo de teatro, a casi un siglo de ser escrito.

El responsable del montaje es Rafael Segovia, que en este momento expone su trabajo y el de sus compañeros, en el foro de la Librería Gandhi, espacio por cierto heterogéneo en la elección de su cartelera.

Para aquellos que sólo hayan leído la narrativa de Wilde, podemos recordar que "el caballero del clavel verde" escribió una serie de obras de teatro durante la década del noventa. Por un lado, las "serias", es decir las que hacen parte de la escuela simbolista, entre las que destaca obviamente Salomé; y por el otro, las comedias costumbristas con las que realmente obtuvo sus mayores éxitos en el teatro: El abanico de Lady Windermere, Una mujer sin importancia, etc. y ésta, que ahora nos interesa, es decir La importancia de llamarse Ernesto, que es justamente de 1895.

No vale la pena la descripción anecdótica de la obra porque es al estilo de tantas del mismo género, con sus enredos, pérdidas, reencuentros, personalidades ocultas y finales felices, que sirven para intentar poner en "entredicho" a la alta burguesía, en este caso la inglesa, siendo un producto justamente destinado a esa clase. Así, será a través del humor, el cinismo, la frase brillante y la ironía como habrá que lograrlo: Que la calidad del estilo perdone la verdad del concepto, que la belleza de una construcción desvíe la finalidad crítica hacia una sonrisa. En definitiva, no hay que olvidar que esa misma sociedad que enriquecía y halagaba a Wilde, por criticarla con tanto ingenio a través de sus comedias, no dudó un sólo instante en destruirlo y llevarlo a la cárcel cuando le pareció que sobrepasaba en la práctica la crítica a la moral victoriana. Claro que al salir de ella ya no escribió teatro chispeante, ni casi ninguna otra cosa, muriendo apenas poco tiempo después, en el albor mismo de este siglo, cuando sólo tenía 44 años.

De todas maneras La importancia de llamarse Ernesto muestra lo mejor de esa capacidad cínico-irónica, que decíamos antes, maneja Wilde en su teatro. Y tal vez lo más sorprendente es verificar cómo, casi un siglo después, el público puede seguir divirtiéndose con los mismos elementos y retrueques. Al menos la función que me tocó presenciar, con unas cincuenta y cinco personas en platea (nada despreciable en estas épocas de crisis), casi todas festejaban con clima sostenido el "humor de salón" destinado a provocar similares reacciones a sus bisabuelos. El trabajo de los actores es grato, con alguno de ellos logrando momentos de composición acordes a la respuesta del público. El manejo del director es solvente y juega con el pequeño espacio de ese foro con habilidad, apoyado por una escenografía sugeridora y sintética. Se trata, de todas maneras, de un teatro de la palabra, es decir un texto de autor que siempre propondrá a los actores a partir de su hábil capacidad para colorear y trasmitir el juego sonoro de las palabras y su correlato de conceptos. Lo que importa en realidad de eso: el actor, aquí, aún está al servicio del autor. Es que la gran revolución, aquella que llevará a los directores y actores a cuestionar el privilegio indiscutible del autor como señor del hecho dramático, estaba recién en sus comienzos. Pero no deja de ser una curiosa y agradable experiencia ver — así sea de tanto en tanto— la pirotecnia ético-formal de un mundo definitivamente acabado y sin embargo tan cercano a nosotros en el tiempo como aquella "belle epoque" de las burguesías europeas finiseculares. Y la puesta de Segovia es un simpático ejemplo de lo que hablamos.

Mariana Elizondo y Margarita González en La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde, dirección Rafael Segovia, Foro Gandhi (Miguel Ángel de Quevedo 134, Col. Chimalistac, 550-2524), viernes sábado y domingo (19:00 horas).