FICHA TÉCNICA



Notas Transcripción de prospectos y pasquines sobre los ilusionistas Falconi y Perinor del siglo XIX

Referencia Armando de Maria y Campos, “Los prestidigitadores que ha visto México, Míster Falconi, Mïster Perinor y Míster Weiss...”, en Novedades, 27 noviembre 1948.




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Novedades

Columna El Teatro

Los prestidigitadores que ha visto México: Míster Falconi, Míster Perinor y Míster Weiss...

Armando de Maria y Campos

Este año de 1948 se cumplen 162 de la primera vez que actuó en México un prestidigitador o ilusionista; fue el llamado "Señor Falconi". Tiene, pues, rancia tradición entre nosotros el espectáculo del que ahora es en México Barnum magnífico exponente. Con motivo de la excelente actuación de Barnum en el Arbeu evoco el espectáculo del "Señor Falconi", de acuerdo con el programa que anunciaba sus trabajos, el ejemplar que poseo.

El domingo 27 de marzo de 1785 al 28 de febrero de 1786 se había desarrollado en nuestro coliseo la temporada cómica habitual por la compañía de comedias de la que era primera figura la turbulenta Antonia de San Martín y que dirigía don Justo Hidalgo Guevara. Concluida la temporada, con pérdida para el asentista o empresario, don Manuel Lozano, el Teatro Cómico de la Ciudad entró en receso hasta junio en que fue presentado el "Espectáculo nuevo del señor Falconi", anunciado de acuerdo con el siguiente prospecto, que copio íntegro:

"AVISO AL PUBLICO".– Ha llegado a esta ciudad el "Señor Falconi", célebre Físico, Maquinista y Matemático, que se puede llamar el solo y único en este género de espectáculo, que se compone de piezas Físicas, Automáticas y Matemáticas de las cuales es el autor. El buen suceso que ha obtenido en las varias Cortes a donde ha estado, como delante del Rey de Nápoles, de Francia, de Portugal, y últimamente de "Su Majestad Católica Carlos Tercero" (que Dios guarde), y el haber habido a "Su Alteza el Príncipe de Asturias" por discípulo, le hace esperar que gustará aquí. Los Certificados, Licencias, Pasaportes y Recomendaciones que trae, hacen fe. El no tiene más que cuatro o seis representaciones que ofrecer a este instruido y generoso Público.

"Es más que imposible poner en este papel todas las experiencias y habilidades que hará en este poco tiempo que aquí promete; y como hay muchas de ellas que estando prevenidas pierden el mérito de la novedad, dará aquí solamente una idea de algunas piezas que en general compondrán la primera representación, advirtiendo que todas las representaciones serán diferentes.

"Primero: un molino puesto sobre una mesa, por simpatía natural de una cajita que una persona tiene en la mano y una vela encendida en la otra, hará, a medida de su deseo, trabajar al molinero, en poniendo, cuando quiera, la vela debajo de la cajita, y retirarla cuando quiera para dicho molino.

"Después varias experiencias sobre la "Catóptrica" o reflexión de los espejos. El maravilloso "Dolfin", que a más de escribir lo que se le pide, dará la suma de seis columnas en números, que hará antes que los espectadores la hagan. "La cabeza de Teofratús Paracelsus", que es una cabeza de oro macizo, gruesa como una nuez, la cual puesta en un vaso cubierto, responderá por señales a lo que se le pregunte; adivinará los números de dados que cualquiera eche; y también una persona echará debajo de un sombrero los dados sin verlos, y "Teofratús" dirá los puntos que hay.

"Para no cansar más al lector, el señor Falconi, siendo el poseedor del gran secreto del Magnetismo animal de Mr. Mesmer de París, en él hará muchas experiencias, con otras habilidades que no están puestas aquí. Se acabará esta función con la gran sorpresa de la aparición de una paloma que llevará la respuesta de un billete que una persona habrá hecho, y puesto en una pistola cargada, sin dejarlo ver a nadie, la habrá disparado fuera de la ventana. Con lo que espero quede gustoso el público".

De aquel espectáculo no queda, no quedó, más referencia que un pasquín que fue fijado en las puertas del teatro al día siguiente de la primera representación del señor Falconi, en que el "Rey de los Locos de San Hipólito" –éste era el hospital para dementes– condenaba a destierro al ilusionista precursor de Barnum, "porque después de haberse publicado por insigne Físico y de haber prometido cosas dignas de la admiración, ajeno de ejecutarlas, sólo ha logrado su artificio llamar la curiosidad para el engaño, y con ella beneficiarse a costa de los que queriendo lisonjear su gusto sólo han sacrificado su dinero. Falconi con faltar al exacto cumplimiento de sus promesas, sólo ha servido de cruel perseguidor de los bolsillos, queriendo divertir al público con frioleras y puerilidades como la suerte del "tira y afloja", en la que después de unas largas y dilatadas prevenciones y hacer subir dos arrenguines, dejó en suspensión a todos los asistentes, que esperaban alguna extraña y singular notabilidad y no que resultase la suerte un propio juguete de niños. Después de haber perdido toda la noche en esta y otras boberías, quiso divertir al público con las sombras chinescas en que se representaban las "aventuras de Polilla", pasajes tan fríos y tan sin gracia, que a falta de ellos hubieran dado los asistentes por bien empleado el mal rato de un entremés".

Hasta 1831 no visita México otro artista de la ilusión y del engaño. Un "Mister Perinor" que se anunciaba "suertista y físico" instaló en el número 14 de la calle de Zuleta –ahora primer tramo de la avenida Venustiano Carranza– lo que llamó "Teatro pintoresco y mecánico". De aquello sólo queda un programa o preventivo muy castigado por la acción del tiempo anunciando las novedades y maravillas que daba a conocer, es éste: "Iluminación con gas hidrógeno que cada día se hace más importante en la sociedad; teoría de los globos aerostáticos; producimiento de sonidos armónicos con una corriente de gas; glóbulos de aire fulminante, etc., etc. Se terminará la función con el mundo en miniatura o panoramas de las cercanías de México, con trajes y figuras nuevas relativas al país.– LUNETA, "seis reales"; Patio, "tres reales"; los niños la mitad de precios".

Un año después, cuando el país entero era sacudido por las convulsiones políticas que provocaba el inquieto militar veracruzano don Antonio López de Santa Anna, y el Teatro sufría crisis tremenda, se presentó en el salón del Café de la Gran Sociedad el "jugador de manos" Mister Weiss, del que no se sabe nada más sino que tres noches divirtió con ingenua prestimania a los desvelados parroquianos del popular Café metropolitano.