FICHA TÉCNICA



Título obra No me olvides en diciembre

Autoría Allan Ayckuburn

Dirección José Luis Ibáñez

Elenco Adriana Roel

Espacios teatrales Teatro Independencia

Referencia Bruno Bert, “Medianía y evasión. No me olvides en diciembre”, en Tiempo Libre, 4 febrero 1988 , p. 39.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Medianía y evasión
No me olvides en diciembre

Bruno Bert

Se trata de una obra "extraña", ya que comienza como una comedia un tanto intrascendente y convencional para, sin abandonar completamente esta línea, transformarse en su devenir hacia planteamientos que, incluso en lo visual, aspiran a algo más de lo que este género suele dar.

Hablo de No me olvides en diciembre, la obra de Allan Ayckuburn, dirigida por José Luis Ibáñez, que acaba de ponerse en el teatro Independencia. Ya en su título presenta este tipo de ambigüedades puesto que, leído tal cual, viene, suena justamente a obra liviana con mención a la memoria y posiblemente al amor. Sin embargo, aunque no queda totalmente claro, parece estar referida a la flor del "no me olvides" y a la extrañeza que ésta pueda darse en diciembre, mes de pleno invierno en Inglaterra donde está ubicada. Aunque, vuelvo a repetir, no es seguro que esto pase de una mera interpretación por cuenta de quien escribe. De una u otra manera la misma ambivalencia que puede permitir estos equívocos campea en el personaje central interpretado por Adriana Roel: una mujer de alrededor de cincuenta años que lleva una vida gris, con un esposo que es pastor protestante, un hijo que no le dirige la palabra y una cuñada gazmoña y ridícula. En contraposición a este panorama la protagonista inventa a una serie de personajes imaginarios que son la compensación idealizada de su familia, desde la perspectiva cultural de una clasemediera consumidora de todos los prototipos de la televisión y las novelas románticas.

Sólo que estos personajes van cobrando una vida cada vez más intensa cuando mayor es la crisis de la mujer con la realidad, hasta que terminan invadiéndolo todo como una reversión psíquica conducente a la locura. Y entonces los nexos se cortan, las fantasías pierden el control lógico de quien las creara para sentirse valorizada y se vuelven absurdas y agresivas, independientes; hasta que el mundo cotidiano deja de existir y los personajes que lo pueblan se integran a la alucinación en medio de símbolos desconexos y en absoluto gratificantes.

El rico material simbólico (el palo del rastrillo con que se golpea, la planta que se supone seca, las copas de champaña, la rana, etc.) que sirve simultáneamente para los gags de la comedia y para sembrar información sobre la patología que se maneja, desembocan en la escena de la tormenta que se vuelve imagen casi obvia de la culminación de la crisis y el traspaso de fronteras.

Como vemos, esta comedia "psicoanalítica" va sufriendo transformaciones radicales, tanto en el planteamiento como en su posible correlato visual. Los contenidos son interesantes ya que enfocan críticamente la represión sexual, la mediocridad intelectual y la medianía vital de esa clase. E incluso rompen con el esquema maniqueo que podría transformar a la protagonista en solamente una víctima de su medio, para enfrentarla a su incapacidad, prejuicios de clase, con el sustrato de egoísmo y morbosidad que contiene; sus deseos reprimidos hacia el hijo y sus megalomanías. Sin embargo, todo este rico material potencial y la interesante actuación de los que forman el elenco se ve mediatizado por la incapacidad o indecisión del autor y seguramente también del director para llevar las propuestas a sus últimas consecuencias revulsivas, lo que hubiera implicado, por lógica, una bofetada a los espectadores a los que parece dirigida la media inicial, o al menos la clara posibilidad de un rechazo, ya que está presentada como obra de evasión, una "comedia fina", para usar el texto publicitario. Y es una pena que esto suceda porque limita el horizonte creativo del material, dejándolo a una media agua entre clases, gustos y opciones, sin verdadera energía para evadir la mediocridad. Tema justamente central en el espectáculo.

Adriana Roel en No me olvides en diciembre, de Allan Ayckuburn, dirección José Luis Ibáñez, Teatro Independencia (Periférico Sur y San Jerónimo, Unidad Independencia, 595-2117). martes a jueves 20:30, viernes y sábado 18:45 y 21:30; domingos 17:30 horas. (Fotografías de Luis Fernando Moguel).