FICHA TÉCNICA



Título obra El rufián en la escalera

Autoría Joe Orton

Dirección Ángeles Castro

Elenco Álvaro Guerrero, Miguel Flores, Patricia Eguía

Espacios teatrales Teatro Santa Catarina

Referencia Bruno Bert, “Moral, sexualidad y teatro del absurdo. El rufián en la escalera”, en Tiempo Libre, 28 enero 1988, p. 41.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Moral, sexualidad y teatro del absurdo
El rufián en la escalera

Bruno Bert

En el teatro Santa Catarina se ha repuesto un espectáculo que se reestructura el año pasado y que fuera presentado por primera vez en el CUT creo que en 1984 u 85. Se trata de una versión de El rufián en la escalera de Joe Orton, bajo la dirección de Ángeles Castro.

La obra data de 1964, tres años antes que el autor fuera asesinado cuando apenas tenía 34 años. Es decir que procede de una época en que el teatro del absurdo aún tenía una importante vigencia (en el supuesto que hoy la hubiera parcialmente perdido) y Pinter - otro autor inglés como el mismo Orton - estaba en el apogeo de su fama; de allí que en esta obra campeen influencias de tal escuela y de tal autor. Temáticamente se desarrolla en una habitación, seguramente alquilada, en una casa destartalada, poblada de ínfimos seres cuyas historias cada uno trata mejor de olvidar. Una pareja: ella una ex prostituta y él un asesino desocupado con un lenguaje moralista y ampuloso. Y un tercero que irrumpe casi sin sentido en el ya imperante "non sense" de esas vidas grises, para provocar una muerte sin que se vea con seguridad hasta el fin de la obra a quien habrá de tocarle.

El sentido de la moral y la sexualidad son dos elementos que se juegan en forma permanente, pero a contrapelo de los usos tradicionales o en una conjunción extraña y abierta que hace que el absurdo implícito se externalice en diálogos y acciones que provocan la risa o la molestia, pero que en definitiva nos marcan las contradicciones sociales que los personajes o su sociedad viven "naturalmente", poniéndonos a nosotros en posibilidad de juzgarlas a partir tanto de la obra como de la puesta. En casi todo momento se evitan las dramatizaciones, y cuando una situación tiende a crear un estado de posible empatía con el espectador a partir de la emoción, es inmediatamente cortado, "enfriado", el clima a través del tono fársico de las acciones con un uso peculiar del absurdo de la palabra como transmisora y comunicadora real.

Así, el matar, el prostituirse, el suicidarse, el vivir en una situación psicológica y socialmente límite, escapa al peligro del melodrama o de la denuncia panfletista para cobijarse en un naturalismo quebrado en donde los personajes se "comentan" a sí mismo en lugar de vivirse y en donde el rufián anunciado en el título no es uno de los personajes actorales sino la misma muerte, acechando pero sin aspavientos, casi con hastío, el momento muy poco trágico de su propia intervención.

Debido tanto a la estructura como al enfoque es lógico que se provoque en el espectador como un estado de intranquilidad, incluso de frustración, porque tanto Orton como Ángeles Castro lo conducen permanentemente en un adentro-afuera, en una vivencia-juicio que chasquea cualquier aspiración a las emociones fuertes que el tipo de escenografía, personajes e incluso anécdota, sugieren en forma constante. Por ende no es una obra fácil de hincarle el diente ya que sus personajes sólo manejan la apariencia de la carnalidad para terminar siendo imágenes que apelan a la conciencia crítica y al humor ácido de la farsa.

Patricia Eguía, Miguel Flores y Álvaro Guerrero asumen los tres roles bajo una dirección segura de los objetivos a buscar. Su trabajo es interesante y corre por cuenta del espectador la lectura final y la sensación contradictoria con que tal vez deje el teatro. Juegos malabares de un teatro que no es nuevo, pero que continúa interesando con sus propuestas.

Álvaro Guerrero y Miguel Flores en El rufián en la escalera, de Joe Orton, dirección Ángeles Castro, Teatro de Santa Catarina (Plaza de Santa Catarina 20, Coyoacán, 658-0560), miércoles a viernes (20:30), sábado (19:00) y domingo (18:00 horas). (Fotografía de Luis Fernando Moguel).