FICHA TÉCNICA



Notas Transcripción del decreto de uso del palco a la autoridad competente fechado el 14 de febrero de 1818, con comunicado previo señalando el pago de la localidad

Referencia Armando de Maria y Campos, “Breve y pintoresca historia del uso y abuso del palco de la autoridad desde Fernando VII, hasta Fernando Casas Alemán. II”, en Novedades, 18 noviembre 1948.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Breve y pintoresca historia del uso y abuso del palco de la autoridad desde Fernando VII hasta Fernando Casas Alemán. II.

Armando de Maria y Campos

No se conformaron los perjudicados por la real orden del rey Fernando VII que los privaba de entrar al teatro y farolear de "oquis", con perjuicio de los intereses del asentista o empresario que ayer como ahora y como siempre, tiene que sufrir la plaga de los espectadores "gorrones", que tan diversos como pintorescos nombres reciben de los propios empresarios: en Cuba le llaman "botella" al conjunto de la entrada gratuita, y en México –gráfica, certeramente–: "tifo", ¿por qué será?, ¿por qué será?" como dice la canción.

El resultado de las protestas, recursos y rabietas fue una nueva real orden "comunicada por el Ministro de Gracia y Justicia al Presidente del Consejo" en la que "se manda continuar como hasta aquí disfrutando el palco de distinción sin interés alguno en los teatros de los pueblos de su residencia a los capitanes, generales, Presidentes de Chancillerías y Audiencias", pero a nadie más, que ya era bastante para los sufridos, siempre acosados y exprimidos empresarios. Esto de "continuar como hasta aquí disfrutando el palco de distinción sin interés alguno" quería decir en romance llano que... gratis.

Reproduzco a seguida la real orden, no porque sea partidario de la divulgación del documento histórico frío y severo: lo hago para que los lectores de ahora vean de qué grueso era el hilo con que se hilaba antes, y porque a lo largo de este ensayo como apuntador me he de servir del apunte y aún del traspunte, que es el documento oficial, para mayor eficacia de los hechos que me propongo evocar y que no dejan de tener interés para la historia, aun sin hacer, de nuestro histrionismo. Dice la real orden:

"En Real Orden de 4 de Agosto último, conformándose S.M. con el parecer del Exmo. Sr. Duque del Infantado, Presidente del Consejo se sirvió resolver entre otras cosas, y por regla general, que el Asistente de Sevilla, los Corregidores y Alcaldes mayores, por ser Subdelegados de teatros, los Comandantes de las armas y los Capitanes generales, Presidentes de Chancillerías, y Audiencias en el distrito de su mando, y por consideración a su dignidad, tuviesen en ellos diariamente su respectivo palco de orden, que debería reservárseles hasta la una del día; pero con calidad de que siempre que lo ocupasen habían de satisfacer su importe como cualquiera persona particular, y según se ejecutaba en los teatros de la corte, donde ni el Presidente del Consejo, sin embargo de su alta gerarquía, de ser la primera autoridad en el ramo de teatros, ni el Capitán general, ni el Corregidor, a pesar de ser Juez protector de todos los del reino, ni el Censor político, ni los Regidores Comisarios de teatros disfrutaban palco alguno si no satisfacían su importe.

"La antecedente Real resolución se mandó guardar y cumplir por el Consejo, y circuló en 21 del mismo mes de Agosto; y en tal estado se ha dirigido a él por medio del Exmo. Sr. Duque del Infantado, su Presidente, la Real orden que dice así:

"Exmo. Sr.– Con fecha 4 de Enero último me dice el Sr. Secretario del despacho de la Guerra lo que sigue: Enterado el REY nuestro Señor de varias representaciones que han dirigido los Capitanes generales de provincia, reclamando se les mantenga en la posesión de tener en los teatros de las Ciudades de su residencia un palco de distinción sin interés alguno, de cuya prerrogativa han gozado constantemente hasta que se expidió por el Consejo Real la circular de 4 de Agosto último, despojándoseles de ella, y concediéndoles sólo un palco de orden que se les reservará hasta la una del día, pero con calidad de satisfacer su importe siempre que le ocupen; y S. M. conformándose con el parecer del Consejo Supremo de Guerra, y penetrado de las razones de política y justicia en que los dichos Capitanes generales fundan sus exposiciones para continuar disfrutando de una distinción que exige su decoro y la alta dignidad de su empleo, y de la cual ni aun han sido despojados por la instrucción de teatros de 11 de Marzo de 1801, se ha dignado resolver que los Capitanes generales, Presidentes de Chancillerías y Audiencias, y los que le sucedan en el mando militar y político, continúen como hasta aquí disfrutando el palco de distinción sin interés alguno en los teatros de los pueblos de su residencia; y que esta soberana resolución se circule por el Ministro del cargo de V.E. como adición a la expresada Real orden de 4 de Agosto último. De Real orden lo comunico a V.E. para su conocimiento, y que se sirva disponer lo conveniente a su cumplimiento. Y habiendo dado cuenta al Rey nuestro Señor con los antecedentes, ha venido en resolver, que lo traslade a V.E. como lo ejecuto, para que el Consejo disponga su cumplimiento.

"Dios guarde a V.E. muchos años, Palacio 14 de Febrero de 1818.– Juan Lozano de Torres.– Sr. Presidente del Consejo".

"Publicada en la Real orden que va inserta, ha acordado se guarde y cumpla, y que se comunique la correspondiente a la sala de Alcaldes, Chancillerías y Audiencias Reales, Corregidores, Gobernadores, Intendentes y Alcaldes mayores, para su inteligencia y puntual observancia en la parte que les corresponda.

"Y lo participo a V. de orden del Consejo al fin expresado, y que lo circule a las Justicias de los pueblos de su Territorio; y del recibo de ésta me dará aviso.

"Dios guarde a V. muchos años. Madrid 15 de abril de 1818".

En próxima crónica trataré del primer apoyo que el gobierno de la república acordó en favor del "fomento del teatro", y que no fue otro que el de permitir el regreso al país de los actores peninsulares que se habían visto obligados a abandonar México como consecuencia de la escandalosa expulsión de los españoles en que culminó la abortada conspiración del padre Arenas y la otra que se dijo iniciada en Jamiltepec de Oaxaca por dos frailes, y que dieron pábulo a las voces de que todo debía temerse de los españoles, y a la creencia de que todo era lícito para exterminarlos y salvar a la Patria. Actuaban en el teatro –es decir, en el Coliseo–, entre otros eminentes actores españoles, Andrés Prieto y Manuel Balleto, entonces de 21 años de edad, que más tarde había de dejar sus cenizas en México y una familia de artistas, aunque no en el campo de Talía.