FICHA TÉCNICA



Notas Transcripción del decreto de uso del palco a la autoridad competente fechado el 21 de agosto 1817

Referencia Armando de Maria y Campos, “Breve y pintoresca historia del uso y abuso del palco de la autoridad desde Fernando VII, hasta Fernando Casas Alemán. I”, en Novedades, 16 noviembre 1948.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Breve y pintoresca historia del uso y abuso del palco de la autoridad desde Fernando VII, hasta Fernando Casas Alemán. I

Armando de Maria y Campos

Muchos años después de que México había consumado su independencia política de España continuaban observándose en la naciente república mexicana las disposiciones derivadas de los decretos expedidos por los reyes de España, al grado de que fue preciso que se imprimieran en 1836 –Imprenta de Galván, a cargo de Mariano Arévalo, calle de la Cadena núm. 2– los "Decretos del Rey D. Fernando VII, expedidos desde su restitución al trono español hasta el establecimiento de la Constitución de 1812", que se refieren a "todas las resoluciones generales que se suponen vigentes en la República Megicana, con expresión de los diferentes Ministerios y Consejos por cuyo conducto se expidieron, de día en que fueron recibidos de oficio para su publicación y observancia".

El conocimiento de estas leyes –las dictadas por Fernando VII de regreso de su cautiverio en Francia– era indispensable para los "nuevos ciudadanos" de América, quienes sabían que "así para actuar como para determinar los pleitos que se ofrecieron (se deben guardar) íntegramente las leyes recopiladas, los ordenamientos, las pragmáticas, leyes de "partidas" y los otros fueros... no obstante que de ellas se diga que no son usadas ni guardadas... pues de lo contrario se procedería irremediablemente contra los inobedientes". El conde de la Cañada, estadista y jurista español, había sentenciado: "Las leyes no deben ser desatadas por ninguna manera, salvo que llegaren a ser contrarias al bien público: y entonces el conocimiento del daño y la autoridad de emendarlo derogando en todo o en parte la ley, es privativa del autor de ella". A mayor abundamiento los legisladores, y los juristas de la recién nacida "República Megicana" no ignoraban las palabras del rey Alfonso el Sabio –Part. 7, Reg. 36, Tit. 34–; "Aun dijeron (los sabios) que non se deuen fazer las leyes, si non sobre las cosas que suelen acaescer a menudo. E por ende ouieron los antiguos cuydado de las fazer sobre las cosas que vinieron pocas vezes; porque tuvieron, que se podría judgar por otro caso de ley semejante, que se fallase escrito".

El teatro que continuaba entre nosotros tan colonial como si nada hubiera ocurrido de 1810 a 1821, se continuaba manejando como en España, y las reales órdenes que Fernando VII, el ex Deseado, había expedido en Madrid, se seguían cumpliendo fielmente en México. Por 1817, cuando la Nueva España gemía bajo la férula arbitraria e implacable del virrey don Juan Ruiz de Apodaca, después conde del Venadito, se suscitó en Sevilla un incidente sobre qué altas autoridades militares y civiles deberían ocupar un palco diario en el teatro de la ciudad del Betis. Veintidós años después, actuando como presidente de la joven república mexicana el general Miguel Barragán y el C. José Justo Corro, los recopiladores de los "Decretos del rey don Fernando VII" incluyen una real orden española sobre el uso de un palco diario en el teatro, señalando qué autoridades deben ocuparlo. De esta real orden arranca entre nosotros la costumbre y disputa sobre qué funcionarios de la ciudad deben ocupar el palco reservado en todos los teatros a "la Autoridad competente".

Para la historia del teatro en México –y la del uso de un palco en cada teatro por las autoridades de la ciudad de México– conviene conocer esta real orden, "comunicada por el Ministerio de Gracia y Justicia al Presidente del Consejo. Expresa, en resolución al expediente que se refiere, lo que S.M. se sirve mandar para que a los Capitanes generales, Comandantes de armas, Presidente de las Chancillerías y demás que se menciona, se les reserve en los teatros cómicos del Distrito de su mando respectivamente un palco diario, con calidad que si lo ocupan han de satisfacer como cualquier otro su importe".

Dice así la real orden: "Exmo. Sor.– He dado cuenta al REY nuestro Señor de lo expuesto por V. E. en su informe de 22 de Julio último sobre la representación de D. Francisco de Laborda. Asistente de Sevilla, en solicitud de que se le conserve en la posesión en que se han estado todos los Asistentes, sus antecesores de disfrutar el palco que le corresponde por su destino en el teatro cómico de aquella ciudad, de cuyo uso dice le ha despojado el Gobernador militar. Asimismo ha visto S.M. el oficio de V.E. de 11 de Enero último e informes que acompañaba, como también la exposición que sobre el mismo asunto dirigió a V.E. Doña Ana Scianeri, dueña y empresaria del referido teatro, quejándose del Gobernador y Comandante de armas con motivo de ocupar el palco sin pasar su importe, y enterado de todo ha venido en declarar, conformándose con el parecer de V.E. que ni al Comandante de las armas, ni al Asistente corresponde disfrutar palco alguno en el teatro de Sevilla, y que el palco doble de que se trata, que desde el Asistente Corac de Fuente-blanca ocuparon sus sucesores hasta la revolución, y ahora el Comandante de las armas, debe de quedar desde luego a beneficio de la empresaria, conforme a lo dispuesto en la Real instrucción de 11 de marzo de 1801 para el arreglo de teatros y compañías cómicas fuera de la Corte, que es la ley 12, tit. 3 lib. 7 de la Novísima recopilación en que se previene que en las ciudades donde reside el Capitán o Comandante general de la provincia, tenga por consideración a su dignidad el palco que eligiere, más entendiéndose esto pagando su importe. Asimismo se ha servido S.M. resolver por regla general, que el Asistente los Corregidores y Alcaldes majores, por ser Subdelegados de teatros; los Comandantes de las armas y los Capitanes generales, Presidentes de Chancillerías y Audiencias en el Distrito de su mando, y por consideración a su dignidad, tengan en ellos diariamente su respectivo palco de orden que deberá reservárseles hasta la una del día; pero con calidad de que siempre que lo ocupen han de satisfacer su importe como cualquiera persona particular, y según se ejecuta en los teatros, de la corte, donde ni el Presidente del Consejo, sin embargo de su alta gerarquía, y de ser la primera autoridad en el ramo de teatros, ni el Capitán general, ni el Corregidor, a pesar de ser Juez protector de todos los teatros del reino, ni el Censor político, ni los Regidores Comisarios de teatro disfruten palco alguno si no satisfacen su importe: todo lo que, de Real orden comunico a V.E. para su inteligencia y la del Consejo, y a fin de que disponga lo correspondiente a su cumplimiento, Dios guarde a V.E. muchos años Palacio 4 de agosto de 1817.

"Publicada en él la antecedente Real resolución, se ha servido mandar se guarde y cumpla, y que a este fin con su inserción, se imprima y circule a la Sala de Alcaldes de la Real Casa y Corte, Chancillerías y Audiencias Reales, Corregidores, Gobernadores, Intendentes y Alcaldes mayores de las capitales del reino.

"Lo que participo a V. de orden de este Supremo Tribunal para su inteligencia y efectos expresados; y del recibo de ésta me dará aviso para trasladarlo a su noticia.

Dios guarde a V. muchos años. Madrid 21 de Agosto de 1817".

Esta historia tiene un curioso "continuará", que he de seguir paso a paso hasta nuestros días.