FICHA TÉCNICA



Título obra La folía

Autoría Farahilda Sevilla

Dirección Farahilda Sevilla

Grupos y compañías Teatro del Cuerpo

Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz

Referencia Bruno Bert, “La folía. Teatro del cuerpo. Epidérmica”, en Tiempo Libre, núm. 381, 27 agosto 1987, pp. 52 y 80.




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Referencia Electrónica


Teatro

La Folía/ Teatro del cuerpo
Epidérmica

Bruno Bert

El grupo Teatro del Cuerpo ha estrenado en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz de la UNAM La Folía. No se trata de un grupo de teatro sino de danza que ya tiene casi cinco años de trayectoria en el medio y especiales intereses evidenciados desde la elección misma de su denominación que al incorporar la palabra "teatro" nos marca una línea de búsqueda que, más allá de la personalización que este grupo hace de ella, es común a toda una corriente de la danza contemporánea mexicana. Nos dice en un párrafo del programa de mano: "Desafía (el cuerpo) todas las convenciones, regresa a su crudeza, a lo instintivo y confuso, ahí [p. 80] donde la articulación humana se combina con el aullido del lobo, el canto del gallo, ahí en el sonido cruel del golpetear de los huesos contra el piso".

¡Oh apetencia del regreso, a la búsqueda de los orígenes! Es la instancia que se encuentra en la base de las artes contemporáneas que, para usar un símil de aquélla imagen proustíana, parecen tambalear de vejez trepados a la altura de sus zancos, hechos, en este caso, de técnicas y escuelas. La destrucción, la ruptura, la renovación. Es realmente interesante ver como un grupo es capaz de volcarse en su entorno en busca de referentes de los qué extraer imágenes, circunstancias, fragmentos de un camino que puedan enriquecer con sus aportaciones a la propia trayectoria, a la propia identidad. Al igual que en el caso de Pilar Medina, el programa de mano se halla enriquecido con una hoja suplementaria constelada de agradecimientos que van desde el Odin Teatret (y a Eugenio Barba, claro) hasta La Furia del Baus, lo que expresa búsqueda bien distintas pero sí caracterizadas por la fuerte presencia del actor en escena y la ruptura de los convencionalismos que suelen separar la danza del teatro. A esto podemos sumar a Artaud —también citado— y por último a la locura La Folía, como tema de trabajo. Es tan compacta la convergencia puntual de referentes y de indicadores que se hace difícil a través de ellos llegar al espacio yermo, al blanco sobre blanco donde todo recomienza, tal vez desde distinta perspectiva.

El espectáculo, basado en una idea original de Farahilda Sevilla y dirigido por ella misma, se constituye en un haz de posibilidades que sin embargo se hallan débilmente exploradas y a veces apenas esbozadas en intuiciones que se nos hacen de una gran riqueza pero que pronto se pierden a partir de la superficie sin poder adentrarse en elementos más medulares donde el núcleo emocional desgarre la técnica para reconstruirla, o ésta sea tan depurada, tan precisa, que detrás de su aparente vacío se halle una armonía cósmica capaz de capturar y resignificar los sentimientos humanos.

Como en algunos ejemplos de las culturas orientales. Esta pérdida de profundidad se da, paradójicamente, en los momentos que pareciera en que el grupo o algún integrante fuera a lanzarse a los abismos. Tal vez porque la palabra transgresión tiene perfiles y fronteras difíciles de asir: son los sentidos los que en última instancia intuyen el peligro, como en esa hermosa y contradictoria imagen del rostro deformado por los hilos que uno siente que pueden cortar, hundirse en la carne, lastimar; producir realmente sangre junto a la mancha falsa del maquillaje, confundirlas en una unidad absurda... rojo sobre rojo: "Fulanita, ¿estas entre el público, viniste a la función?".

El silencio, las primeras instituciones, el gorgoteo humano... se trata de seres y cuerpos en búsqueda, hermosa como tal, aunque tal vez les quede un buen tramo de noche que recorrer haciendo los límites donde la soledad sea capaz de crear una forma a partir del grito.