FICHA TÉCNICA



Título obra El astrónomo

Autoría Didier van Cawaleaert

Dirección Héctor Azar

Elenco Eloísa Gottdiener

Espacios teatrales Museo de Arte Moderno

Referencia Bruno Bert, “El astrónomo. En la antesala del psicoanalista”, en Tiempo Libre, núm. 370, 11 junio 1987, p. 37.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El astrónomo>
En la antesala del psicoanalista

Bruno Bert

En una de las salas bajas del Museo de Arte Moderno se han instalado las esculturas de Ángela Gurria en una exposición que toma el nombre de Astronomía. En un sector que encierra a tres o cuatro de las obras en mármol y metal, algunas con móviles aéreos y sonoros frente al contacto, se dispusieron gradas como para un centenar de espectadores y en ese ámbito el maestro Héctor Azar ha montado una paráfrasis de El Astrónomo, una comedia en un acto del dramaturgo franco-belga Didier Van Cawalaert. El intento de relación, incluso a partir del nombre, es claro, aunque sin embargo leve y apenas esbozado. De hecho perfectamente podría separarse el material teatral del escultórico sin que ni uno ni otro se resintiera realmente. Se trata más bien de una complementación, de un acercamiento por afinidades, ligero, grato, momentáneo. Tal vez una relación de texturas, de sonidos, de elementos no muy claramente definibles. Ambos poseen una vida autónoma y, como en el caso de la relación entre los personajes de la obra, sus contactos son experimentales pero no forman un verdadero entrelazamiento y cada uno continuará la línea de su vida en forma independiente y con sus valores. Que ambos los tienen y bellos. No es el caso de la nota hablar de la escultura (aunque nos tienta) que seguramente habrá sido ya elogiada por la prensa especializada. Vamos a la puesta. El autor no nos es conocido, pero la estructura temática sí, lo mismo que los problemas de incomunicación y sátira a la clase media psicoanalizada que plantea su programación afectiva por computadora. El material parecería tener unos veinte años y se lo vería con naturalidad dentro del panorama teatral de los sesentas. Ciertos momentos de esos monólogos dialogados nos recuerdan Días felices, la obra de Beckett, con la diferencia que mientras allá el personaje se va enterrando progresivamente con su pasmosa sombrilla, aquí —en donde tampoco falta una— la mirada se pone en Venus mientras que los pies no quedan en ninguna parte, al menos en ninguna parte que esté libre de la cotidiana alienación.

En ambas obras la palabra cobra un papel fundamental, no tanto por lo que expresa sino por su poder disolvente y por su incapacidad para servir como nexo de comunicación en un mundo donde las acciones no existen o son insignificantes. El director en este caso crea algunos elementos de sostén en ese espacio indefinido que tanto corresponde a la antesala de psicoanalista, como al lugar real de la exposición dotando a los actores con pequeños juegos y situaciones que subrayan el carácter de los mismos junto con la peculiaridad de las ropas y accesorios, incluyendo la sombrilla antes mencionada.

Los actores manejan un alejamiento del naturalismo construyendo a sus personajes como una estructura de muñecos verosímiles, al nivel de la propuesta verbal y del comentario de sí mismos que realizan tanto a nivel de la puesta como en forma especular. El elemento de ilustración, en las voces y la gestualidad, va generando el rechazo, la simpatía o el comentario, sin empatías según el transcurrir del trabajo aportando solvencia y creatividad.

No se trata en definitiva de un trabajo mayor, sino casi de un juego, de un pequeño bibelot un tanto absurdo en que poner a prueba el oficio experimentado de un conjunto precedido por el maestro Azar con la connivencia cómplice de la escultora Ángela Gurría. Un juego de pequeños objetos tal vez con doble fondo y múltiples lecturas que pueden ir desde el divertimento hasta proposiciones más filosas como para reflexionar a posteriori sobre la experiencia. El público es en definitiva el que opta por el sesgo que siente como más próximo a su sensibilidad.

Eloisa Gottdíener en El astrónomo, de Didier van Cawaleaert, dirección Héctor Azar, viernes (20:00), sábados (18:00 y 20:00) y domingos (17:00 y 19:00 horas). Museo de Arte Moderno (Paseo de /a Reforma y Gandhi, Bosque de Chapultepec). (Fotografía de Luis Fernando Moguel).