FICHA TÉCNICA



Título obra El evangelio de Oxyrhincus

Dirección Eugenio Barba

Grupos y compañías Odin Teatret

Espacios teatrales Sala Miguel Covarrubias

Referencia Bruno Bert, “Odin Teatret en México, El evangelio de Oxyrhincus”, en Tiempo Libre, núm. 367, 21 mayo 1987, p. 39.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Odin Teatret en México
El evangelio de Oxyrhincus

Bruno Bert

Por segunda vez (la primera fue en 1984) el Odin Teatret visita México con sus espectáculos, seminarios, proyecciones pedagógicas y la presencia riquísima y polémica de su director, Eugenio Barba, quien a través de conferencias y contactos directos con hombres de teatro y artistas del ámbito de la danza (para los cuales dio un seminario a fines del año pasado) nos expone en plenitud su compleja visión del teatro en su triple vertiente como fenómeno estético, manejo técnico y estructura ética de frente al mundo y al arte contemporáneo.

La obra que presentaron en esta oportunidad, en cinco abigarradas funciones a las que asistieron no menos del doble de los que podían tener cabida, fue El evangelio de Oxyrhincus. Hablar de ella es un verdadero desafío que obviamente no se agota en una breve reseña por la riqueza y complejidad del material que nos muestra. Así como ya lo hicieran en Cenizas de Brecht; el espacio utilizado escapa a su ubicación dentro de un teatro tradicional, y se transforma en una caja rectangular de 17 por 12 metros, completamente forrada en rojo, dividida longitudinalmente por una pasarela, a los costados de la cual se hallan las tarimas de los espectadores, enfrentados en dos bloques iguales y cuyo virtual reconocimiento especular es el comienzo mismo del espectáculo. Tras de ellos, sobre esta larga mesa-pasarela y a sus bordes estalla el encuentro de seis personajes que provienen de distintas regiones de la historia y del espacio: Antígona, el Gran Inquisidor, el Hijo Pródigo, Juana de Arco, el Falso Mesías, el Sastre Judío. A estas identidades se suman la de los cangaceiros del sertrón brasileño, y cada una se connota con la visión personal y absolutamente heterodoxa que los actores y el director han tomado de ellos creando a partir de los mismos una historia que les es propia y un espacio único que no se define por coordenadas geográficas. La partitura narrativa, fuera absolutamente de un desarrollo lineal, no puede ser aprehendida a partir de un principio y fin de lo narrado, sino que incide a través de las imágenes que el lector-espectador va ordenando a partir de su propia geografía intelectual y emocional. El texto, en copto, griego antiguo e Jiddisch, se vuelve incomprensible en su transmisión conceptual, por lo que el espectador se ve obligado a recibir la carga que subyace en el mismo en cuanto entonación, ritmo y volumen, que están manejados como una fuerte textura a la que constantemente se incorpora el canto, generando una trama extraordinariamente compacta y de un valor paralelo a lo que hace a la textura de los trajes y objetos que, más allá de su belleza formal, se constituyen en superficies sonoras y visuales fuertemente contrastantes. Complementando esto por el uso de la luz que, salvo en contadas oportunidades, es absolutamente difusa para lo general, trabajando para la marcación de detalles a partir del acercamiento de las fuentes (velas) o del acercamiento a las mismas cuando se trata de proyectores (a partir de ranuras en el piso o con ángulos fuertemente acotados en las esquinas), en tal forma que la unidad de sonido y visión nos sumerge en un mundo que se forma y destruye constantemente dejando apenas indicaciones del proceso: un rostro semideformado, la crispación de una mano, el brillo de un metal en conjunción con la aspereza de una voz, el alzarse de una canción que se transforma en grito, el susurro de una plegaria que se vuelve blasfema al contacto con la imagen.

Determinar las fuentes del material es ímprobo por su variedad, pero el mismo Barba marca algunas, incluso de origen latinoamericano, cuando menciona a Borges o a Vargas Llosa, el primero en la estructura narrativa, del segundo tomando ciertas sugestiones de los personajes y acciones de La guerra del fin del mundo; se encuentran asimismo los textos de los evangelios apócrifos de Oxyrhincus hallados hace unos cuarenta años en Egipto. Pero en realidad, lo que realmente importa en este espectáculo es el tono de maestría con que el grupo maneja una peculiar forma de concebir al teatro, exaltando la rebelión e historiando el fracaso como elementos que hacen a nuestra contemporaneidad. Podemos o no compartir lo que el Odin Teatret nos propone en sus distintas variantes formales o conceptuales, pero es indudable que nos encontramos frente a uno de los exponentes más maduros y decantados del teatro mundial contemporáneo.

Escena de Oxyrhincus Evangeliet, espectáculo de Eugenio Barba, recientemente presentado en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario. (Fotografía de Luis Fernando Moguel).