FICHA TÉCNICA



Título obra Zaide

Autoría Rebeca Orozco

Dirección Lorena Maza

Escenografía Gabriel Pascal

Vestuario Mariana Cuevas

Espacios teatrales Sala Miguel Covarrubias

Referencia Bruno Bert, “Zaide. Aciertos y dispersiones”, en Tiempo Libre, 7 mayo 1987. p. 36




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Zaide
Aciertos y dispersiones

Bruno Bert

Los espectáculos de Jesusa abrieron una propuesta estética compuesta de ludicidad, brillantes imágenes escénicas, importancia de la voz en cuanto sonido y canto más que como transmisora de conceptos, reminiscencias de Mozart, músicos en vivo... un lenguaje compuesto de múltiples orígenes y raíces pero que ella estructuró dándole una personalidad fácilmente identificable. Es natural que la cercanía y comportancia del trabajo genere, en la gente que la rodea, como una influencia que conduce sobre similares carriles. Es tal vez por esto que al ver Zaide, el reciente estreno de Orozco-Maza en la sala Covarrubias, no se pueda menos que recordar a Jesusa sin que al parecer ésta haya sin embargo participado en el espectáculo sino a través de algunas sugerencias y ya muy avanzado el proceso de trabajo.

Esto, tomado como genérico, puede o no significar una crítica, al menos en mi caso, ya que no estoy de acuerdo con esa apetencia de nuestra sociedad a una originalidad a ultranza que bordea mucho más la falsa variación que favorece el consumismo que la búsqueda y el cambio por el agotamiento expresivo de determinadas fórmulas. El que un creador tenga influencia entre sus compañeros y el que éstos asimilen las búsquedas de quién los guía dado que en el proceso son también sus propias búsquedas, no habla mal ni de uno ni de los otros, sino más bien lo contrario. El problema puede surgir no a raíz de estas influencias detectables, sino a partir de no lograr una síntesis personalizadora. Como pudo haber sido aquella Novedades de la patria de Tavira en relación a la estética kantoriana. Allí el origen era claro, el filtro de la personalidad de Tavira también, y el espectáculo resultaba de una gran belleza y fuerza. En el caso de Zaide es distinto, y si bien tiene puntos de indudable acierto muchos son también los que quedan deshilvanados y más en un intento que en un logro.

Entre los factores más conseguidos se hallan la escenografía y el vestuario. El primero a manos de Gabriel Pascal y el segundo bajo diseños de Mariana Cuevas. Escenografía interesante porque hace del escenario (espacio real no significado) un escenario, esta vez de una compañía de ópera, mostrando al abierto todos los mecanismos de magia que la caja de trucos tiene, en una reminiscencia actualizada de antiguas pero hermosas concepciones, creando la ilusión a través del juego abierto con los engranajes a la vista. Y esa fastuosidad del papel pintado, del telón evidente, del cartón y la madera revestida, encuentran un paralelo en la concepción del vestuario como un pastiche manipulado a la vista y probado de inmediato por ese muñeco fascinante que es el vestuarista, indudablemente uno de los personajes más atrayentes, sobre todo en las primeras escenas en las que aparece.

Por el polo opuesto, tal vez lo más débil sea la estructura sobre la que se soporta el trabajo y que se debe a Rebeca Orozco. El uso de la palabra y la burla al melodrama enlazan situaciones muchas veces forzadas, largas y tal vez en algunos casos gratuitas; generando un contrapeso a las imágenes, trabándolas en su intención de agilidad en el sucederse de las escenas. A decir verdad, pareciera más bien un trabajo colectivo donde no se pudo compatibilizar criterios en la elección del material final ni totalmente en la forma en que ese material quedó ensamblado. Por eso decíamos al principio que el problema puede estar si no se logra una síntesis personalizadora, y aquí da la impresión que Zaide careció de una visión unitaria y personal, a pesar que el programa de mano expresa lo contrario.

Al término, a pesar de los aciertos mencionados, uno se queda pensando en costos y en tiempos y eso indica que algo falló por el camino. De todas maneras hubo placer en el transcurrir y belleza en muchos momentos, por lo que tal vez sea bueno pensar que el camino es válido aunque todavía haya escollos para superar, posiblemente en un próximo espectáculo. Esperamos entonces el próximo estreno de la Ópera que nos anuncia el programa en su momento final. Tal vez Bellini justifique a Mozart que entonces podrá volver tranquilamente a las puestas de Jesusa.