FICHA TÉCNICA



Título obra Voces en el umbral

Autoría Víctor Hugo Rascón Banda

Dirección Ignacio Hernández

Elenco Selma Beraud, Consuelo Rodríguez

Espacios teatrales Teatro Rosario Castellanos

Referencia Bruno Bert, “Voces en el umbral”, en Tiempo Libre, núm. 363, 23 abril 1987, p. 37.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Voces en el umbral

Bruno Bert

Ésta, que es la primer obra del dramaturgo mexicano Víctor Hugo Rascón Banda tiene toda la belleza de lo inasible, de lo onírico, de lo que se constituye en forma sobre todo por apropiación. Es decir, que se trata de un material especialmente atractivo para un director porque puede moldear en él su propia visión complementando sin dificultades el mundo creado por el autor. No es la primera vez que se la lleva a escena, pero sí es la primera vez que, en lo personal, puedo apreciarla en una puesta luego de haberla gustado en la lectura.

La historia, en una línea que sigue lo real-recordado-imaginado, nos narra la vida de una niña alemana que llega a México en los primeros años del siglo, siguiendo a sus padres que vienen a establecerse momentáneamente en una explotación minera, a hacer fortuna a partir de los miles de indios que explotarán hasta la muerte en las galerías, para partir nuevamente a Europa a gozar del producto. Sin embargo, el traslado momentáneo se hace perenne, la explotación desemboca finalmente en la rebelión y en el pueblo ya abandonado y destruido quedarán, como en una Comala de Rulfo, sólo las imágenes fantasmales de la niña ya trasformada en vieja y de una india de su misma edad que le fue regalada a su arribo, por el padre, como aya y sirvienta. Esas dos presencias-ausencias recrearán una y otra vez desde su limbo de muertos o desde su nicho de recuerdos aún vivos, las alternativas subjetivas de los años de juventud de ambas hasta la destrucción del lugar, en una perpetuación de relaciones de explotación y venganza, en el simbólico marco de un espacio múltiple en el que sólo hay una cama. Bello objeto para la metamorfosis y la metáfora.

Voces en el umbral, bajo la dirección de Ignacio Hernández, se está presentando en el foro Rosario Castellanos de la Casa del Lago, un espacio que tal vez por sus reducidas dimensiones no permite la evanescencia de las imágenes, acercando y precisando al actor más de lo que el sueño pediría. Posiblemente un trabajo de luces más creativo podría paliar este inconveniente, mientras que el que podemos ver se mantiene más bien dentro de una estructura simple, más cercana a la intención de alumbrar y separar escenas que de crear clímax y tamizar efectos.

Es por esto que la propuesta queda más a manos de los actores y al manejo que de estos hace Hernández. En los roles principales tenemos a Selma Beraud (como Valeria, la alemana) y Consuelo Rodríguez (en Marciala, la india). Ambas desarrollan un manejo interesante del papel sin lograr, sin embargo, la carga de ambigüedad que la obra exige. Su trabajo, correcto por lo demás, no alcanza el vuelo que las despegue de lo real para resignificar los múltiples tiempos y espacios que ese lugar de entresueño debiera sugerirnos. Y el director no es ajeno a esto ya que la puesta tiende a ser lineal, más descriptiva que profundizadora, más atenida a lo que el texto y las acciones dicen que a lo que éstas sugieren. Crea así un recorrido correcto —como decíamos que eran las actuaciones— que sólo se desplaza por la superficie de la obra de Víctor Hugo Rascón Banda, dibujando su apariencia, su geografía externa, cuando en realidad, como es el caso de Rulfo que antes mencionábamos, lo que importa realmente es lo que va de la piel al hueso, ese lugar de descarnamiento y distorsión donde los seres y las cosas se hallan en su límite fronterizo y ganan la ambigüedad de lo que a su vez el público puede completar con su propia fantasía y sensibilidad. Y esto no es caprichoso ya que está sugerido por el mismo título que habla de umbrales y voces, zonas de trasferencia y sonoridad donde los cuerpos y la claridad de diseño dejan espacio a otras sugerencias.

No podemos decir entonces que la puesta sea incorrecta, pero sí que es insuficiente al alimento que vibra en el autor y que no logra contagiar totalmente al equipo que ha tendido más a ilustrar que a encarnar esas fantasmales imágenes.