FICHA TÉCNICA



Título obra Alé

Grupos y compañías Els Comediants

Referencia Bruno Bert, “Alé. Els comediants. Bárbaros invasores”, en Tiempo Libre, núm. 360, 2 abril 1987, p. 39.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Alé
Els Comediants, Bárbaros invasores

Bruno Bert

Dentro de la Muestra de Teatro Español en México se han presentado algunos grupos de franca trascendencia internacional que se constituyeron como pioneros de géneros y estilos ampliamente difundidos en casi todo el mundo occidental, sobre todo hacia fines de la década de los setenta. Es el caso de Els Comediants, el conjunto catalán del que pudimos apreciar un montaje con un uso para ellos atípico del espacio ya que Alé es un trabajo de sala y ellos son, por el contrario, un referente inmediato para todos los que hablan del teatro callejero. Esos mágicos dispensadores de vida y fantasía derramándose por balcones, ocupando calles, invadiendo cruces y plazas, nos muestran en Alé su concepción del espectáculo y del espacio escénico cuando éste se halla dentro de una sala.

Naturalmente la sangre llama y si por un lado muchos recursos (mascarones, banderas, petardos, etc.) nos recuerdan tradiciones callejeras, por el otro mantienen un reclamo directo de ruptura en la solemnidad y división de los espacios por lo que aquello que comienza en la sala termina fuera del edificio teatral en un atisbo de fiesta y participación popular con música y personajes compartiendo el abierto en un aparentemente natural confluir y mezclarse. Y digo aparente porque la maestría y profesionalismo tantas veces probados de este grupo consiste esencialmente en el manejo de climas y desplazamientos de los conjuntos humanos que coparticipan en sus espectáculos.

Claro, estamos comenzando por el final, pero son justamente las ortodoxias las más vulneradas por grupos como Els Comediants, esos "bárbaros invasores" tan vinculados al folclore de su tierra, a los personajes de su historia, a las fantasías de sus conciudadanos, que supieron exponer al mundo lo propio y hacerlo de patrimonio común trabajando sobre el sentido más profundo de lo festivo y de lo popular. Fueron cientos los grupos que, sobre todo en Europa, se sintieron influidos por su dinámica, por su sentido del trabajo grupal y aún por su estética y sus propuestas transgresoras donde nada quedaba afuera; ni la mascarada, ni el carnaval, los fuegos de artificio, la mímica, la acrobacia, el baile, las canciones, las tradiciones juglarescas e incluso, bueno, ¡hasta el teatro! Y tal vez parezca excesiva la cantidad de grupos que mencionamos, pero los que puedan haber recorrido Europa a principios de los ochenta rastreando sus manifestaciones tanto prestigiosas como marginales saben bien que no es así. Es que son maestros, eso es todo, y más aún ahora, cuando la ola ha refluido y ya esa línea de trabajo sea vista por buena parte de la intelectualidad europea como tan de "otro momento", tan "vieja" y las investigaciones —y también las modas, claro está— pasen por otros intereses como periódicamente ocurre cada diez o quince años.

Casi no estamos hablando de Alé, y no porque no valga la pena, no tal vez por todo lo contrario: habiendo pocas oportunidades de ver aquí ese tipo de trabajos inferimos a través de él una cantidad mucha mayor de elementos tanto en lo real como posiblemente en lo fantástico, y la riqueza de las imágenes del espectáculo mismo se transforman en un sugestivo aporte sobre temas que nos importan tanto en cuanto espectadores como en cuanto hombres de teatro. Es un poco la clásica y utilizada imagen del iceberg: la imponencia de lo que vemos potencia aún más lo que oculta, y en este caso lo que está por debajo de las aguas de lo directamente visible son las relaciones sociales del grupo, las formas de organización de ese colectivo de trabajo, sus peculiares maneras de capacitación e intercambio artístico, los nexos con las instituciones de su país, el modo de construcción de sus espectáculos, las bases de relación con el público y el espacio... Alé es una fiesta, pero Els Comediants son los provocadores de la misma, los demiurgos, nuestros grandes compañeros en la aventura de hacer del teatro una forma de vida.