FICHA TÉCNICA



Título obra La alegría de las tandas

Autoría Enrique Alonso

Dirección Enrique Alonso

Elenco Martha Ofelia Galindo, Blanca Sánchez, Doris, María Luisa Banquells, Enrique Alonso

Música Emilio Pérez Casas

Grupos y compañías Compañía de revistas mexicanas María Conesa

Espacios teatrales Teatro Lírico

Referencia Bruno Bert, “La alegría de las tandas”, en Tiempo Libre, núm. 356, 5 marzo 1987, p. 37.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

La alegría de las tandas

Bruno Bert

La Compañía de Revistas Mexicanas María Conesa nos presenta en el Teatro Lírico La alegría de las tandas, tratando de recuperar ese espacio tradicional que en los últimos tiempos estaba un tanto alejado de una frecuentación masiva del público. El espectáculo, creado y dirigido por Enrique Alonso, se nutre directamente de las imágenes que conformaban la revista mexicana allá por la década de los veinte, actualizando los contenidos que, por lo demás, siguen basándose en el acontecer político, la belleza de las bailarinas y lo sabroso y brillante del diálogo.

Tengo que confesar que no soy demasiado amigo del género, al menos como hoy solemos verlo, porque habitualmente lo encuentro languideciente y contradictoriamente lejano a esa chispa y vitalidad que justamente debieran caracterizarlo. Y hago esta aclaración no para anticipar una crítica sino, por el contrario, para avalar un elogio, ya que a pesar de las subjetivas prevenciones este ejemplo nos dice que cuando un espectáculo es bueno no tarda en imponerse a ellas, venciendo al escéptico a través de la sonrisa y la calidad.

Con un grupo de alrededor de treinta actores, actrices, bailarinas y bailarines, más la orquesta a cargo del maestro Emilio Pérez Casas, Enrique Alonso estructura la presentación en dos tandas; la primera: "La cosa está del cocol", más vinculada a la crítica social a través de la ironía y la segunda cercana a la nostalgia con un título realmente de época: "Todas las tiples guapas". Ambas van logrando incorporar progresivamente al público hasta terminar en una franca corriente de simpatía y en la carcajada y el aplauso general que rubrica brillantemente la entrega lúdica y graciosa de los artistas. Ciertamente se cuenta con pilares dónde apoyar esta progresión: por un lado la brillantez del vestuario, parte de él perteneciente a la colección de María Conesa, que nos va deslumbrando con su mezcla de ingenuidad, fantasía y lujo; por el otro la calidad de los intérpretes, que si en general es interesante, cobra momentos realmente efectivos en la figura de Martha Ofelia Galindo de la que se termina esperando cada nueva presentación para poder gozar con ella de ese natural dominio del espacio y de la gracia con que hace partícipe al público para volverlo cómplice de la escena. Su voz, la energía que irradia y la simpatía con que maneja sus "kilitos de más" o el haber ya dejado la primera juventud, la vuelven indudablemente en uno de los focos fundamentales de la alegría de estas tandas, que realmente existe y no sólo hace parte de su título.

Por supuesto que está acompañada con elementos de clara efectividad, tanto en la canción, con Blanca Sánchez y Doris, por ejemplo, como en la actuación, donde se cuenta no solamente con Enrique Alonso, sino también con un nutrido grupo de chispeantes actores, como el caso de María Luisa Banquells que en su papel de feminista se muestra realmente espléndida.

Tal vez lo más efectivo del espectáculo en su conjunto es que no pretende manejarse a base de intelectualidad, o al menos ésta no se ve.

El revival que se está dando en nuestra ciudad con múltiples espectáculos de este tipo suele estar afectado por una nostalgia que se traduce en intentos esencialmente intelectuales de recuperación de lo popular, y es este sesgo el que habitualmente, al menos para mi gusto, termina generalmente inhibiéndolos allí donde pareciera debieran encontrarse sus mejores momentos: se vuelven de un "popular" al que justamente hay que ponerle comillas. No es el caso de La alegría de las tandas y es de agradecerse porque es entonces justamente cuando el impacto se logra y la comunicación se fluidiza El mismo programa de mano no intenta teorizar (como es común) en relación al género que se fue perdiendo y que ahora se busca recuperar para... No, simplemente presenta a los artistas y las escenas, sin explicación alguna y al mejor estilo de los veintes. Bienvenido este trabajo que nos hace revisar conceptos a través de la participación, el buen humor y la sinceridad sin afectaciones.

Martha Ofelia Galindo en La alegría de los tandas, de Enrique Alonso; director, Emilio Pérez Casar; Teatro Lírico (República de Cuba 46, Centro, 512-56-96) martes a jueves, 20:30; viernes y sábado, 19 y 21:30; domingos, 17 y 19:30 horas. (Fotografía de Luis Fernando Moguel)