FICHA TÉCNICA



Título obra Rumbera

Dirección Virgilio Carrillo

Grupos y compañías Tepito Arte Acá

Espacios teatrales Teatro Wilberto Cantón

Referencia Bruno Bert, “Rumbera. Mito y Urbe”, en Tiempo Libre, 12 febrero 1987, p. 33.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Mito y urbe
Rumbera

Bruno Bert

Construir un espectáculo que sea un "homenaje, un canto de amor a la mujer sin concesiones ni rencores", a través de la rumba y las imágenes populares que se desgranan por ella puede parecer simple y atractivo, pero es, a la luz de los resultados, más complejo de lo calculado.

Tepito Arte Acá nos presenta en el Teatro Wilberto Cantón Rumbera, bajo la dirección de Virgilio Carrillo intentando lo antes mencionado. El trabajo parece correr por dos carrilles simultáneos: por un lado el de las imágenes y por el otro el de los textos. En las primeras vamos viendo desde la nostalgia por un género, hasta las múltiples relaciones que se engendran a su alrededor: la figura del padrote, las prostitutas, el cabaret de cuarta, la noviecita que traiciona, el borracho de amor, la relación entre coristas, etcétera, mientras que por la vía textual, con un lenguaje mezcla de lo popular y de lo culto, se ve "desmitificado el mito y sublimando lo que comunmente se subestima". El resultado parece quedar a mitad camino entre la denuncia y el goce limitando la complicidad del espectador en cualquiera de los dos rumberos.

La vertiente más rica, el menos para las apetencias del que escribe, hubiera sido una visión acrítica de ese mundo, entendiendo por esto el dejar deslizarse las imágenes con la potencia corrosiva que estas pueden tener sin pretender una constante caricaturización o el subrayado ideológico por parte del narrador; que toda deformación hubiera partido realmente de la nostalgia, que por ser un sentimiento está pletórico de escapes hacia lo prohibido, hacia lo transgresivo, hacia lo realmente mítico dentro de la cultura urbana, y hubiera traído momentos relacionados a lo mismo que la obra toca pero sin el temor a los valores que se encuentran implicados. Cuando Fellini recupera artísticamente el mundo miserable del cabaret y del prostíbulo de la Roma fascista está introduciendo una deformación, agigantando los contornos, desbordando las monstruosidades, y con eso mismo también rindiendo un homenaje a la memoria sensorial de quienes vivieron aquello. Pero la fuerza de esas imágenes son tales que no necesita en absoluto ejercer un comentario explicitado de los valores que implica, ni para alabarlo ni para criticarlo, y la riqueza del impacto es enorme. Por el otro nos cabría la acentuación de los elementos puramente críticos, pero aquí la fantasía puede crear mundos ya que es el área artísticamente menos desarrollada e implicaría realmente todo otro espectáculo. Y aun hay una tercera visión posible que comprendería simplemente un buen espectáculo rumbero, nada desdeñable por cierto, si se hubiera mantenido aquella brillantez y aquel gusto que le dio fama. De hecho los momentos más gratos del trabajo son los que transcurren por aquí, cuando vemos bailar sin ulteriores intenciones por parte del elenco. Pero así como el espectáculo se encuentra pareciera limitarse en cualquiera de estas vertientes dando como resultado un hecho híbrido que nos deja con deseos de avanzar hacia cualquiera de los polos expuestos pero salir de esa propuesta intermedia y limitante.

Podrían plantearse hipótesis del porqué de esta elección, pero por ser tales siempre serían discutibles. Tepito Arte Acá tiene un prestigio fundadamente ganado con su trabajo, es una pena que en esta oportunidad no haya logrado un producto que, en otras circunstancias, hubiera significado un interesante aporte en el camino artístico que este grupo viene desarrollando desde hace tiempo y con solidez.