FICHA TÉCNICA



Título obra ¿Huele ...a gas?

Autoría Tomás Urtusástegui

Dirección Enrique Pineda

Escenografía Ernesto Bautista

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Referencia Bruno Bert, “¿Huele ...a gas?”, en Tiempo Libre, núm. 351, 29 enero 1987, p. 38.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

¿Huele... a gas?

Bruno Bert

Hay que confesar que ciertas obras producen estupefacción. Realmente uno no da crédito a lo visto y sale del teatro preguntándose qué decir sobre ellas. Este es uno de los casos. Me estoy refiriendo a la obra de Tomás Urtesástegui ¿Huele... a gas?, que bajo la dirección de Enrique Pineda comienza ahora a darse en el Foro Shakespeare. Bajo una anécdota sencilla —una cena de la alta burguesía mexicana — y el uso del grotesco como género el autor intenta mostrarnos que esa clase social es una mierda, así, tan literalmente, Que se arrojan todos en una taza gigante después de hora y media de lo banal, lo pedorreico, el vómito y la insubstancialidad, en donde el mucamo funge como clase opuesta y aporta el "mensaje" final.

El recurso no es nuevo en absoluto, ya que podríamos rastrear una larga lista de símiles en donde una cena desnuda a una clase, y esto en los géneros más variados, el más usado de los cuales salió ser la pieza. Pero eso no importaría ya que lo sustancial a renovar no es sólo la temática sino la forma en que ésta se asume y que hace que una historia de amor pueda ser Romeo y Julieta o una telenovela de las cinco de la tarde. Y aquí por forma incluyo tanto a la labor del autor como la del director. Es imposible olvidar que Buñuel trata en algunos de sus filmes elementos similares, como la cena de El ángel exterminador o los inodoros como asientos de sala en El fantasma de la libertad. Pero las distancias son siderales.

En lo que al autor toca (lo decimos por la obra montada, porque no lo he leído) siento que existen tanto defectos de construcción que se evidencian en una situación de recurrencia que hace plana la obra porque no logra un crescendo ni manejan este repetirse en espiral, como de superficialidad, ya que los personajes pueden ser banales pero no así la estructura que los sostiene, y en este caso la caída en cuanto lugar común existe no es sólo por parte de los comensales sino también en cuanto su creador, que parece suponer que basta una acumulación de conversaciones sosas y acciones groseras y de pésimo gusto para construir una denuncia con recurrencia al "escándalo".

Y en esto Pineda, que nos merece respeto por puestas anteriores, parece secundario hasta el exceso, sin que este exceso llegue a salvar nada porque la puesta misma, absolutamente falta de imaginación, no logra sobrepasar el nivel de ilustración un tanto pueril de esas propuestas.

Ha pasado tanto de bueno y de malo por los escenarios que aquello de "para espantar al burgués" de los surrealistas resulta cada vez más difícil de lograr, sobre todo si el gesto que implica la provocación carece de originalidad o no está fuertemente sustentado. El rechazo se produce entonces no porque las intenciones den en el blanco y uno "se ponga el saco", al decir del programa de mano, sino por gratuidad de tanto lugar trillado —textual y visualmente hablando— y la carencia de la más mínima belleza, entendiendo que el horror también la conlleva.

Hablar de la escenografía sería de un eufemismo a pesar que figura Ernesto Bautista como creador de la misma, puesto que prácticamente no existe fuera de un bosquejo rudimentario que no aporta a los climas que supuestamente debiera integrar. En relación a las actuaciones, salvo algunos momentos interesantes, lo demás es como un juego desordenado y falto de precisión aunque es posible que esto se deba más a la mano del director (o la carencia de la misma puesto que los actores parecen moverse más por intuición personal que por composición dentro del marcaje) que a las capacidades de los intérpretes. Y esto no deja de ser serio porque tratándose de una farsa es el ritmo, el ajuste y la limpieza de las máscaras las que pueden lograr un aporte sólido a nivel de los actores.

Definitivamente y a partir de todo lo apuntado Huele... a gas? no se propone como un momento brioso de esta temporada teatral que recién comienza.

Escena de ¿Huele... a gas?, de Tomás Urtusástegui, dirección Enrique Pineda, Foro de la Compañía de Shakespeare (Zamora 7, Col. Condesa, 553-5244), lunes a miércoles (20:30 horas).