FICHA TÉCNICA



Título obra Manos arriba

Autoría Víctor Hugo Rascón Banda

Dirección Rafael López Miarnau

Elenco Maria Rojo, Margarita Isabel, Ana Ofelia Murguía, Arturo Beristáin, Armando Palomo

Espacios teatrales Teatro Benito Juárez

Referencia Bruno Bert, “Manos arriba. Veracidad actoral”, en Tiempo Libre, núm. 335, 9 octubre 1986, p. 37.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Manos arriba
Veracidad actoral

Bruno Bert

Manos arriba, la obra de Víctor Hugo Rascón Banda que se está presentando en el Teatro Benito Juárez, es un poco el testimonio de la desintegración de los valores éticos de una sociedad en crisis: la nuestra.

Los personajes son sólo cuatro: una pareja, un estudiante subinquilino de ésta y una vendedora de cosméticos a domicilio: el ámbito: un destartalado apartamento tal vez de pertenencia obrera, tal vez de clase media empobrecida en alguna colonia popular del Distrito Federal. El comienzo del trabajo nos muestra al matrimonio leyendo admirativamente la crónica roja de cualquier periódico sensacionalista y admirando a los desconocidos que acaban de perpetrar un robo de varios miles de millones. Ese será el parámetro para todos, no solamente por el dinero sino también por la capacidad de transgresión que, aún en la delincuencia, logra extraerlos del gris opaco de sus vidas como por un golpe de magia. Y así el desarrollo de la obra es el paseo, afortunadamente en tono de comedia, por todas las miserias cotidianas de esas existencias, con sus robos constantes, sus estafas permanentes, sus mentiras de las que ya casi ni siquiera son conscientes, todo en un medio de máxima estrechez espiritual. El agobio económico existe como detonante permanente, pero la miseria moral está más profundamente instituida. Da que pensar el hecho que fuera de ciertos referentes externos, la corrupción aparece instalándose en todos y provocando una responsabilidad mancomunada, ya que ningún personaje escapa a esta condición. Y tal vez no sea tan cierto que "todos somos así", ni que no haya responsables concretos e ideológicamente identificables, sobre todo si pensamos que los personajes enfocados parecen estar bastante más cerca de la clase obrera que de la misma clase media. Parte que concluye esta visión un tanto cuestionable es el final, aunque entendemos que la pieza fue escrita con dos conclusiones posibles (como otros casos de los que ya hemos hablado) y el descartado en esta puesta pasa por ser el más abierto y por ende menos tendencioso para la lectura ideológica.

La labor de Rafael López Miarnau en la dirección es correcta en el manejo del espacio y de los ritmos, aunque no demasiado innovadora en sus criterios, apegándose más a la efectividad que a la creación personal a partir de las sugerencias del texto de Hugo Rascón Banda. El elemento escenográfico, de Chac, intenta plasmar en forma no realista el hálito de rutina, miseria y convencionalismo que trasunta la obra, y si parcialmente lo logra es a costa de una no integración dinámica de los objetos que se nos muestran como desgajados y demasiado impuestos en un espacio al que parecen no pertenecer.

Los papeles están a cargo de María Rojo, Ana Ofelia Murguía, Arturo Beristáin y Armando Palomo, que los asumen con soltura, recreando la contradicción de esos seres de conciencia dual y aspiraciones mínimas y frustradas, cada uno otorgando matices en ocasiones naturalistas, a veces fársicos, a sus respectivos roles, pero siempre con una interesante cuota de veracidad actoral.

Una obra en definitiva que puede ser discutible en algunos aspectos, pero que presenta características que la entroncan con toda una línea de desarrollo del teatro mexicano y que por sus propias aportaciones merece ser vista y debatida.

María Rojo y Margarita Isabel en Manos arriba, de Víctor Hugo Rascón Banda, dirección Rafael López Miarnau, Teatro Benito Juárez (Villalongín 15, Col. Cuauhtémoc, tel. 546-0820), martes a jueves 20:30; viernes y sábado 19:15 y 21: 00; domingos 17:30 y 19:30 horas. (Fotografía de Luis Fernando Moguel).