FICHA TÉCNICA



Título obra Toda nudez será castigada

Autoría Nelson Rodríguez

Dirección José Antonio Teodoro

Referencia Bruno Bert, “Lo mejor del Festival de Teatro Latino de Nueva York. Toda nudez será castigada”, en Tiempo Libre, núm. 331, 11 septiembre 1986, p. 37.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Lo mejor del Festival de Teatro Latino de Nueva York
Toda nudez será castigada

Bruno Bert

Procedente del Festival de Teatro Latino de Nueva York se ha presentado en México el grupo brasileño Delta con el espectáculo Toda nudez será castigada, de Nelson Rodríguez, con la dirección de José Antonio Teodoro. Se trata de un grupo con más de diez años de trabajo profesional en su país y que ha recibido a raíz de este espectáculo —estrenado por ellos en 1984— veinticinco premios tanto nacionales como internacionales, culminando por ser nombrados como el mejor grupo teatral de Brasil en 1985.

La obra encara, entre la sátira y la farsa, el tema de la familia, desarrollando en su trama las posibilidades que van desde la mojigatería hasta el oportunismo y el burdel, a través de una anécdota simple con perfiles que, de haber sido tratados en estilo naturalista, caerían plenamente en el melodrama, al que se evita por el tono y el tratamiento. El problema del posible segundo casamiento de un viudo nada menos que con una prostituta, teniendo a su lado un hijo adolescente al que el sexo aterra; un puñado de tías viejas y beaticonas que se encargan de criarlo y un hermano vengativo, es el eje anecdótico por el que se nos transmite la pintura de un medio social de fines de los cuarenta en un Brasil en transformación del provincialismo al cosmopolitismo.

Muchas de las referencias y valores sociales descritos en la obra emparentan con situaciones similares a otros países del cono sur en igual época, e incluso las modas y la música hacen de nexo reconocitivo para aquellos que no estamos demasiado empapados con las circunstancias particulares del Brasil de ese momento. El idioma en este caso no significa una barrera demasiado difícil de sortear y aunque nuestro portugués no pase de lo elemental al poco de rehabituarnos con la melodía vocal de los intérpretes comenzamos a reconocer frases y giros que permiten seguir con cierta soltura la trama aunque perdamos parcialmente alguna riqueza de la expresión verbal. Pero, más interesante aún que el desarrollo anecdótico de la pieza o la posible originalidad de su contenido, es el trabajo de los actores y la labor de composición del director. Desprovisto de cualquier tipo de escenografía y moviéndose con muy pocos elementos a nivel de utilería, el mundo recreado se dará a través del uso del espacio que hacen los actores, el vestuario y la música. Y ésta última tiene una fundamental importancia porque se trata prácticamente de un musical donde el ritmo de tango (y es muy gracioso escuchar ciertos típicos tangos argentinos, como yira-yira en portugués) predomina sobre las rumbas y otros géneros locales contemporáneos; emparentando al ritmo porteño con sus orígenes prostibularios y arrabaleros, aunque en este caso de una ciudad brasileña.

La destreza de los actores-bailarines y lo novedoso de las coreografías hacen muy llamativos muchos de los momentos del espectáculo, y marca una vez más un elemento que ya habíamos apreciado en otros grupos del mismo origen: el riguroso entrenamiento corporal que todos los actores tienen. Hecho que viene a potenciar valiosamente el natural sentido del ritmo y de la gracia física que ese pueblo domina. Elemento indudablemente valioso porque permite ver cuerpos siempre vivos en escena.

Otra de las características es el desenfado con que se maneja esa misma desnudez que amenaza ser castigada según el título. Y así ocurre que aún las escenas donde todos bailan desnudos (y son veinte actores y actrices) coreografías prostibularias y lascivas, tiene no sólo una indudable gracia sino que se alejan de cualquier elemento de mal gusto que pudiera perjudicar el trabajo. Los reiterados desnudos femeninos se vuelven no sólo pertinentes por el medio en que se dan, sino gratos, tanto por la belleza de los cuerpos como por la simpatía con que se ironiza sobre las dualidades de la pacata moralidad de cierta clase en ese momento.

Viéndolo como producto global no sabemos si realmente merecería tantos premios como los recibidos, pero es indudable que se trata de un espectáculo y un elenco que aligeran sin trivializar y con un humor de buena calidad las dos horas que dura el trabajo.