FICHA TÉCNICA



Título obra El Decamerón

Notas de autoría Germán Castillo / adaptación

Dirección Germán Castillo

Espacios teatrales Teatro La Capilla

Referencia Bruno Bert, “El Decamerón. Sólo momentos”, en Tiempo Libre, núm. 330, 11 septiembre 1986, p. 36.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El Decamerón
Sólo momentos

Bruno Bert

El centenar de cuentos que Giovanni Bocaccio compusiera en el siglo XIV bajo el complexivo nombre de El Decamerón, han sido motivo de inspiración e influencia en las más diversas artes casi desde el momento mismo de su nacimiento, amén de constituirse en un modelo para la prosa italiana. Una de las consecuencias contemporáneas más gratas que recordamos de esta capacidad de estimulación de los famosos cuentos es la adaptación cinematográfica que de alguno de ellos realizara Pier Paolo Pasolini hace ya algunos años (1971). La frescura y el desenfado de aquellas imágenes constituían un fresco de la vida italiana de la época y las raíces de la idiosincrasia popular contemporánea de ese pueblo. La capacidad de captación de Pasolini se acrecentaba a través de los recursos que el cine ofrece para la incorporación de escenarios naturales; de las callejas; campiñas y los palacios que, sobrevivientes de aquel tiempo, ofrecen el espacio natural para toda la creatividad del autor en el diseño peculiar de los vestuarios y objetos y en el manejo de los actores, con frecuencia abundantes, que enmarcan con su ritmo a los protagonistas de cada cuento.

La misma tarea llevada al teatro resulta mucho más compleja por la carencia de los elementos que acabamos de mencionar como privativos del cine... o de la juglaría. Viendo esto, Germán Castillo ha adaptado tres de las narraciones a un juego de juglares en caja cerrada (el edificio y el escenario a la italiana) que se alternan en la presentación de sus compañeros narrando las acciones mientras van siendo interpretadas, tal como posiblemente lo realizaran ya auténticos grupos trashumantes hace siglos, sólo que en ámbitos completamente diversos; alternando cada acto con canciones que nexan con la realidad contemporánea manteniendo, sin embargo, la intención de la fiesta y de la burla.

A pesar de ellos, sólo por momentos se logra el ritmo sostenido, el impacto visual, sonoro y lúdico capaz de atrapar la atención del espectador y regocijarlo con la fustigación a las convenciones sociales. Y esto no porque la adaptación del texto no sea correcta o el trabajo de los actores no presente atractivos incluso por momentos muy simpáticos, como por ejemplo la imagen del cándido sacerdote del último cuadro. Tal vez ocurra que se siente la necesidad de una mayor amplificación de todas las tareas escénicas: una mayor irrupción de la música en función autónoma que desplegara al mismo tiempo situaciones de danza, apenas exploradas en el trabajo; que éstas a su vez llamaran a la incorporación de elementos de acrobacia provocando así un distanciamiento de la imagen del actor tradicional en relación al juglar, artesano de todos los artificios físicos y de la voz. Ayudaría a su vez un uso extracotidiano de los trajes, tan valiosos, visualmente cuando se carece de toda escenografía o utilería, que llevaría también a la precisión en las acciones transformadas en gags. Es que no debemos olvidar que es el asombro la base de este tipo de teatro, y que éste queda en manos de las habilidades del actor cuando se carece del apoyo de otros elementos como en el caso al que nos estamos refiriendo.

Es entonces refrescante que los cuentos de El Decamerón vuelvan a servir para una puesta en escena a seis siglos de haber sido creados, y que encontremos en ellos aún la vigencia de la ironía y de lo lúdico en situaciones que, en última instancia, siguen siéndonos contemporáneas. Sería bueno, sin embargo, que también consiguiéramos rescatar en plenitud aquello que en su oportunidad se dio en las calles o en los enormes espacios de las cortes, pero que puede adaptarse a una sala siguiendo ciertas previsiones: el sentido pletórico y transgresivo de la fiesta.

El Decamerón, espectáculo de Germán Castillo, basado en cuentos de Bocaccio, Teatro de la Capilla, Madrid 13, Coyoacán, 524-90-02; miér. y jue., 20:30; vier. y sáb., 19:30 y 21; dom., 18 hrs.