FICHA TÉCNICA



Elenco Antonio y Rosario (Los Chavalillos Sevillanos), Pastora, Pilar, Rozzini

Iluminación Ricardo Cedillo

Grupos y compañías Asociación Musical Daniel

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Referencia Armando de Maria y Campos, “Variedades en el teatro del Palacio de Bellas Artes”, en Novedades, 11 septiembre 1948.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Variedades en el teatro del Palacio de Bellas Artes

Armando de Maria y Campos

Ahora el teatro del Palacio de las Bellas Artes está dedicado a las variedades. La Asociación Musical Daniel ha presentado a un grupo de bailarines españoles, en el que figuran, también, un bailarín italiano y una bailarina mexicana. Atracción principal del grupo son Antonio y Rosario –ignoramos sus apellidos–, dos jóvenes nacidos en España, que empezaron a bailar siendo niños, anunciándose como "Los chavalillos sevillanos". Aquí en México, estuvieron hace unos diez años, bailando en el night-club El Patio. Entonces los tomó por su cuenta la Asociación Musical Daniel, que surte a tantos centros de espectáculos de diversa categoría; por unas u otras circunstancias no los ha podido presentar en España, con lo que estos bailarines, que cultivan el baile español, no lo han gustado en su propia salsa, ni han podido presentarlo ante los públicos de España, y sí, durante cinco años a los de Estados Unidos, acostumbrados, y por esto la quieren y hasta la exigen, a una España convencional, cuyos bailes deben evocar las corridas de toros –casi no comprenden un baile español sin actitudes de banderillero o toreando a la pareja–, con su poquito de acrobacia, desemelenamiento, estruje por parte de él –cuando de parejas se trata– de su compañera, etc.

Rosario y Antonio, los antiguos "chavalillos sevillanos", se iniciaron, cuando contaban ocho o nueve años, en una academia de baile –la del maestro Realito– de España. Cuando estaban en la edad en que hacían gracia bailando salieron de su patria y se presentaron en la Exposición Internacional de Lieja (1934), y bailaron cuanto pudieron en Francia e Inglaterra, de preferencia en music halls. Luego, América, México primero, y en seguida Argentina, Brasil, Perú y su gran temporada de cinco años, que los desenraizó de su origen español, en los Estados Unidos. Recorrieron todas las pistas norteamericanas desde la del Hotel Waldorf Astoria, hasta la del Carnegie Hall, para rematar en el severo escenario del Bellas Artes, con compañía: Juan Rozzini, bailarín italiano especializado en cosas de España, Pilar López y Pastora Ruiz, bailarinas, un guitarrista, Jerónimo Villarino, y un pianista argentino, Silvio Masciarelli.

En los dos programas que llevan presentados Rosario y Antonio y sus cinco acompañantes, han gustado como espectáculo lujoso, variado y divertido, digno de presentarse en los mejores centros de espectáculos de Estados Unidos, donde lo consideran muy español. La verdad es que una hábil mezcla de danzas modernas y antiguas, de interpretaciones muy personales de partituras de autores con nombre en el extranjero –Falla, Granados, Albéniz, Turina, Bretón, Chapí, Quiroga, Padilla, Lecuona– no siempre muy felices. En su primer programa bailaron "sus" interpretaciones de El amor brujo y El sombrero de tres picos. Dicen que cuando Toscanini vio actuar a Rosario y Antonio en Río de Janeiro, dijo una frase que ha hecho célebre la propaganda: "Estos jóvenes son el alma de España", que les abrió las puertas de los Estados Unidos. Habría que conocer la opinión de Falla sobre estos jóvenes; quién sabe si una frase del gran músico gaditano les cerrara las fronteras de España.

Con todo, él es un excelente bailarín, cuyos amaneramientos desvanecerá el tiempo, y ella le hace muy graciosa pareja. Los dos forman la base de su espectáculo, y aunque estimables Pastora y Pilar y Rozzini, son el "coro" de esta pareja, que puede enorgullecerse y lo hace siempre que puede, de que un presidente del Perú, entusiasmado con sus actuaciones soltó en la sala de espectáculos al terminar la función, "¡cómo máximo tributo de su talento!", doce palomas blancas...

Tanto Antonio como Rosario tienen ideas precisas sobre el baile español que hacen y que harán. Y sobre aviso, no hay engaño. Dice Antonio: Hay que hacer puro baile, es decir, el ballet ruso, pero en español... Hemos mezclado danzas modernas y antiguas, para romper la monotonía... Y Rosario: Somos internacionalistas; yo creo que debe tenerse como base el baile clásico español.

El espectáculo de Rosario y Antonio, ricamente presentado en su suntuaria, iluminado a la perfección por el electricista mexicano Cedillo, constituye un amable espectáculo para la populosa colonia cosmopolita que ha hecho del teatro del Palacio de las Bellas Artes su centro de recreación favorito. Mucho de este público seguiría a Rosario y Antonio cuando, concluida su breve temporada en Bellas Artes, se presenten en algún night-club de la ciudad de México...