FICHA TÉCNICA



Título obra Ágata

Autoría Marguerite Durás

Notas de autoría Esther Seligson / traducción

Dirección Lorena Maza

Elenco Antonio Serrano, Dora Cordero

Espacios teatrales Centro Universitario de Teatro

Productores Universidad Nacional Autonóma de México

Referencia Bruno Bert, “Ágata. Frontera insalvable”, en Tiempo Libre, núm. 326, 7 agosto 1986, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Ágata
Frontera insalvable

Bruno Bert

Montar un texto de Marguerite Duras no es algo precisamente baladí ni sencillo, y presupone la conciencia de un claro riesgo para cualquier director: el convocar los terribles fantasmas del aburrimiento a la sala. Y esto no es tan ilógico si pensamos en la casi total carencia de acciones -e incluso casi de movimientos— que predomina en sus guiones; el infinito y eternamente cuestionado poder de la palabra (recuerda a Pinter pero sin tanta dureza), y el deslizarse de las situaciones con un juego de tiempos que puede fascinar... o enervar a cualquiera.

Sin embargo Lorena Maza, bajo una sugestiva traducción de Esther Seligson y la producción de la UNAM, se atreve a abordar el texto de Ágata, de la escritora francesa, y a pesar de las previsiones antepuestas logra un resultado que no dudo de calificar de excelente.

Es cierto que se han dado una conjunción de factores favorables, como es la calidad del equipo, desde la traductora, hasta la escenógrafa y los actores, pero si estos fueron convocados por la dirección, el hecho duplica el mérito. La escenografía de Teresa Uribe que hace de la habitación propuesta por Marguerite Durás una especie de caja, como la vitrina de un gran negocio, cerrada en todos sus lados salvo el frontal, enteramente en beige salvo un rectángulo blanco al fondo, que, iluminado, hace las veces de una imaginaria ventana pedida por la escritora; el resto de la iluminación proviene del interior de la misma caja logrando distintas intensidades cromáticas a través de las gradaciones de luz. No hay un sólo elemento de utilería, salvo una bolsa. Y en ese ámbito absolutamente despojado, los dos actores que, muy a la década de los sesentas, ya se encuentran en escena cuando entra el público en casi quietud y esperando. Así, la imagen inicial no sólo es atractiva, sino claramente pertinente al espíritu de la propuesta, aunque tal vez a la autora de hubiera gustado mantener el peso y las líneas redondeadas de algunos muebles. Los dos personajes, un hombre y una mujer, son dos hermanos y amantes que se despiden, en una ceremonia de recuerdos que trata de congelar la realidad o de rescatar lo que fue a través de la palabra, convocando a una recurrencia futura: "me iré para que me alcances en la frontera de esta eterna huida de tí". Y nada más. Entonces, cada detalle cobra una infinita importancia, cada desplazamiento, cada microacción: el quitarse un gabán, el apenas tocar al otro en la caricia de un momento, el abrir la bolsa o el vulnerar el espacio saliendo del rectángulo preestablecido. Y es la habilísima dirección de Lorena Maza la que transforma a cada uno de estos pequeños actores en elementos significativos que observamos y vamos siguiendo como una partitura musical que acompaña o contrapone a la voz humana. Claro que aquí cuenta con el trabajo de los actores, de Dora Codero como Ágata, y de Antonio Serrano, encarnando a su hermano, que asumen la nada fácil tarea de expresar mil variaciones y matices sin salir más de un tono extremadamente contenido y como bañado de tristeza. ¿Cómo conseguir dar, con el cuerpo y la voz, sin la más mínima estridencia que haga estallar el juego, la angustia por la pérdida, el reclamo, la compartancia erótica, el descubrimiento, en ese tono constante de apelación a la memoria y a la revivencia? El trabajo de ambos es excelente y logran componer e interesar a pesar de las dificultades de un texto al que hacen vivir en ellos pero con un valor que los sobrepasa dejándonos gozar así,

simultáneamente de su trabajo y del valor poético de la obra de Marguerite Durás. Nos dice Esther Seligson en el programa de mano: "Así, lo que ocurrirá en escena cada noche será también irrepetible: se habla por primera vez y lo hablado no ha sido profanado nunca antes en voz alta. Ese es el reto para los actores: hacer presentes una imposibilidad de recobrar nada fuera de la memoria dolorida, del deseo contenido, de la palabra silenciada, del tacto mudo". Reto vivido y vencido para gratificación de los que asistimos con el temor al tedio y salimos de la pequeña sala del CUT habiendo descubierto un plantel al que trataremos en el futuro de seguir de cerca en sus labores creativas.

Antonio Serrano y Dora Cordero, en Ágata, de Marguerite Darás; dir. , Lorena Maza; Centro Universitario de Teatro, del Centro Cultural Universitario, CU; juev. a vier., 20:30; sáb., 19; dom., 18 hrs. (Fotografía de Luis Fernando Moguel).