FICHA TÉCNICA



Título obra ¡¡Ah, qué muchachita!!

Autoría Teodoro Rentería

Dirección Teodoro Rentería

Elenco Lourdes Munguía, Manuel Saval, Merle Uribe, Rosa Carmina, Beatriz Aguilar, Javier Martí

Espacios teatrales Teatro 11 de julio

Productores Teodoro Rentería

Referencia Bruno Bert, “¡Ah, qué muchachita!. Lástima, Lourdes”, en Tiempo Libre núm. 322, 10 julio 1986, p. 26.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

¡Ah, qué muchachita!
Lástima, Lourdes

Bruno Bert

Se trata de "una comedia para toda la familia, de la que cada día van quedando menos" (sic), de Ricardo Rentería L., producida y dirigida por él mismo. Tengo que confesar que se trata de un tipo de teatro al que asisto muy de tanto en tanto, y por ende me resulta una experiencia realmente interesante porque me devuelve a pautas, valores y formas de trabajo que, concordando con el programa de mano, creo que efectivamente van quedando cada día menos.

Vamos por partes. La obra es "una comedia clásica", a la que pueden asistir el padre con sus hijas o la madre con sus hijos sin ruborizarse por las situaciones que se presentan" (sic). Resulta un fenómeno a considerar que las madres se ruboricen (suponiendo que lo hagan) preferentemente con sus hijos varones y viceversa los padres, quedando claro en el transcurso de la comedia que tales padres y madres pertenecen claramente a nuestra clase media donde al parecer, al menos formalmente, imperan aún secretos pudores e incestuosos Edipos victorianos.

La anécdota narrada "no les resultará del todo desconocida" (sic) ya que está extraída del Pigmalión de Bernard Shaw o de cualquiera de sus epígonos posteriores, teatrales o cinematográficos; claro que limando lo que aquella tiene de agudeza, multiplicando por diez los lugares comunes, creándole un final aún más feliz con casamiento incluido y potenciando, hasta extremos casi insospechados, el carácter reaccionario de la pieza en la que podemos apreciar todos los clichés comportamentales y de pensamiento de la clase aludida, con su admiración incondicional a los elementos formales de prestigio, como lo son la "cultura" y el status; y las relaciones despreciativas encubiertas de un paternalismo insoportable hacia las "clases inferiores", a las que se les endosan los mismos valores arribistas (la clase media vive sus valores como de extensión universal) y a las que se les indica que no existe aspiración mayor en la vida que llegar a vivir y pensar como esa "elite".

La estructura para la transmisión de estos contenidos es a niveles escenográficos una producción naturalista y escrupulosa del "ambiente ideal", lujoso y neutro como el escaparate de una mueblería donde es claro que no pertenece a nadie en particular y por ende puede ser e cualquiera que lo admire desde la banqueta o la butaca de la sala.

En cuanto a los pobladores de ese universo, son Lourdes Munguía y Manuel Saval en los roles principales (los mismos que protagonizaron la telenovela homónima), junto con Merle Uribe, Rosa Carmina, Beatriz Aguilar y Javier Martí. Es muy particular ver las características de actuación del elenco, que son además las del género cuando está montado sobre "figuras": por ejemplo, cada uno de los intérpretes conocidos por el público, a su salida, dice un breve parlamento a la aparición de la estrella; el sesenta por ciento del tiempo los actores trabajan completamente frontales a platea, viéndose entonces muchos diálogos donde los que hablan no se hallan el uno frente al otro, sino totalmente lateralizados en una convención absolutamente aceptada porque el espectador debe poder contemplar a su admirado o admirada el mayor tiempo posible y de cuerpo entero. Ficción casi fetichista a la que el actor se presta por oficio. Y como justamente se trata de no perder de vista al artista, el personaje debe ser encargado en forma tal que nunca deje de ser, transparente para que podamos seguir viendo al que lo soporta y por el cual en realidad hemos venido al teatro. Así, y siguiendo esta línea, en lo que hace al vestuario siempre tenemos presente que debe oscilar entre lo elegante y la extravagancia porque, sea cual sea el nombre y el rol, es a las "estrellas del momento" (sic) a las que se está vistiendo para la admiración de su público.

Ciertamente, un encuentro con un tipo de teatro que a pesar de estar agotándose desde hace décadas tiene aún muchos reductos y un público que llena la sala cada noche al canto de sirena de los medios para la ceremonia repetida del conformismo travestido en ave del paraíso.

Lourdes Munguía en ¡¡Ah, qué muchachita!!, autor y director Teodoro Rentería, Teatro 11 de julio (Vértiz 668, Narvarte, tel. 519-4633), martes a jueves 20:30; viernes y sábados 19:30 y 21:30; domingos 17:00 y 19:00 horas. (Fotografías de Luís Fernando Moguel).