FICHA TÉCNICA



Título obra A puerta cerrada

Notas de Título Huis clos (título en el idioma original)

Autoría Jean Paul Sartre

Notas de autoría Álvaro Arauz / traducción

Dirección Jebert Darien

Elenco Dolores Bravo, Leda Lorenzoni, Jean Meunier

Grupos y compañías Grupo Teatro de Arte Moderno

Espacios teatrales Teatro del Sindicato Nacional de Telefonistas

Referencia Armando de Maria y Campos, “Una representación de A puerta cerrada de Jean-Paul Sartre”, en Novedades, 9 septiembre 1948.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Una representación de A puerta cerrada de Jean-Paul Sartre

Armando de Maria y Campos

El grupo de aficionados que integran el Teatro de Arte Moderno ha representado en el salón teatro del Sindicato Nacional de Telefonistas la discutida pieza de Jean-Paul Sartre A puerta cerrada. Antes y en ese mismo local había representado, con éxito de público –de invitación, como en este caso– la pieza del mismo escritor La prostituta respetuosa.

Sartre –¿quién lo ignora?– es el jefe del movimiento "existencialista", que apareció en Europa en la segunda guerra mundial, 1943, con la publicación en París de un libro que había de ocasionar un movimiento, si no tan importante, al menos tan ruidoso como el dadaísmo, que apareció cuando aún no terminaba la guerra del 14-18. Este abrumador movimiento intelectual y artístico conocido por dadaísmo nació en Zurich, bajo la mentalidad iconoclasta de un checo: Tristán Tzara. El origen del existencialismo data de la aparición del libro L'etre et le néantEl ser y la nada–, escrito por un filósofo novelista dramaturgo, Jean-Paul Sartre, un hombre de rostro duro y ojos penetrantes, detrás de las gruesas lentes enmarcadas en maciza armadura de carey.

El "nuevo" movimiento literario y artístico es... "viejo". Un filósofo danés, solitario rebelde, Soren Kierkegaard, que tuvo su momento de popularidad europea hace más de cien años, descubrió la esencia de la angustia, y sobre ella construyó su filosofía. La pregunta que se formuló Kierkegaard fue: ¿Cómo es posible la existencia humana?... Justo en el momento que el positivismo de Augusto Comte afirmaba el triunfo del hombre sobre la naturaleza y la vida, el "hombre solo" de Dinamarca se atrevía a formular una pregunta semejante, y a crear, naturalmente, la respuesta. "El hombre existe simultáneamente en dos planos irreconciliables: el tiempo y la eternidad". Arduo problema. Temporalmente, el hombre vive, no como un individuo, sino como una rueda loca en la compleja estructura de la sociedad; en la eternidad es cuando el individuo existe realmente, sin necesidad de sociedad alguna en que situarse, y en la más compleja soledad, en consecuencia. Es oportuno citar las propias palabras de Kierkegaard: "A causa de esta angustia permanente producida por la tensión entre el tiempo y el espacio, el hombre se debate entre la esperanza y el temor, entre la desesperación y el miedo, y su vida se hace una tragedia". Debe haber, naturalmente, una solución para este problema, y ha de ser una solución ya encontrada por el hombre, como quiera que ha podido existir. Para el ahora olvidado filósofo danés, la única fuerza que puede contrarrestar esta tragedia de la angustia, es la fe, porque en Dios lo imposible se hace posible, "lo insoluble resuelto, el tiempo y la eternidad una cosa única, y el hombre se libera, en consecuencia".

De la teoría de Kierkegaard, Sartre, un agnóstico total, tomó su concepto de la angustia, pero prescindió totalmente de Dios. "Que Dios exista o no –afirma Sartre– carece de importancia para nuestra filosofía, ya que no existe una comunicación entre Él y nosotros. Y ya que Dios no forma parte, es decir, gira en una órbita desplazada de nuestro mundo, el hombre es responsable ante sí mismo". Precisamente en su extraordinaria obra teatral (para mí la mejor de cuantas de él conozco), Huis clos, que acabamos de escucharle al grupo del Teatro de Arte Moderno, Sartre pretende condensar su filosofía en una frase que pronuncia con acento de afirmación uno de sus personajes: Tú eres la vida y nada más.

¿No sería en Martín Heidegger en quien hallaría Sartre la base más estricta y definitiva para su teoría de la responsabilidad del hombre y del libre albedrío?... Recordemos que el cínico subjetivismo de Heidegger afirmaba –y observad que, en realidad, la tesis es un círculo vicioso–: "El hombre es libre de obrar, pero debe obrar con el sentido de ser libre. Si no es capaz de escoger una línea política o social de acción, no es un Ser, es la Nada".

El problema de Kierkegarrd-Heidegger-Sartre sigue en pie. La palabra: Dios, que en la filosofía de Kierkegaard no es tan sólo la solución más fácil porque nos da la única respuesta posible, está muy bien para el hombre religioso, pero no le resuelve nada al ateo. De allí que el problema de la existencia –el existencialismo– continúe siendo dolorosamente real, y por lo mismo no es posible hallar una respuesta en que se aúne la realidad existente de Dios y los principios científicos del hombre. ¿Cómo se compadecen, aun en la mentalidad de un agnóstico, Dios y la bomba atómica?... ¿No será en realidad Sartre un... bromista demasiado listo?... En Francia se le empieza a discutir –como filósofo principalmente, claro está, con las reservas; como autor de teatro se le reconocen con justicia valor y audacia en la elección de los temas, y suma y novedosa habilidad para exponerlos, interesantes y apasionados. Pero nadie niega la importancia de su movimiento, que radica en la necesidad del hombre de adquirir una filosofía que concurre con las preocupaciones y realidades del mundo presente.

Les nouvelles littéraires ha tratado de ponerle los puntos a las íes a la teoría de Sartre. "Su filosofía –afirma este importante semanario de literatura–, no ha hecho otra cosa que poner de moda todo lo feo; los libros de Sartre parecen ser una transcripción de la vida mental de personajes innobles y tranquilamente anormales. Mezcla nauseabunda de pretensión filosófica, de sueños equívocos, de tecnicalismos filosóficos, gustos mórbidos y eroticismo dudoso... un embrión introspectivo que uno tendría gusto en destripar".

El párrafo anterior parece estar dedicado a comentar la idea filosófica de los personajes de Huis closA puerta cerrada en la traducción de Álvaro Arauz que se acaba de representar en México–. Los personajes principales son tres –el otro es un simple "introductor de personajes"–: un periodista, un cobarde ante las responsabilidades políticas del momento, pero lo bastante heroico como para haber martirizado a su mujer durante toda la vida; una lesbiana irredenta que en unión de su amiga mata al marido de ésta y luego se escapa de la vida ahogada en gas, y una mujer frívola y sensual de mundo que asesina a su hijo recién nacido, fruto de amores prohibidos. La escena ocurre en el infierno –mejor dicho, en una especie de cuarto de hotel con las puertas cerradas– y el suplicio consiste en la tensión constante entre los tres personajes, mutuos e implacables verdugos de sí mismos, cuyo tronco podía arrancar en el "Heautontimoroumenos" de Terencio.

El público que llenaba totalmente la salitateatro (únicamente con la entrada gratis se puede contar con un público numeroso), escuchó con creciente interés esta singular pieza, y, desde luego, se pronunció en favor del interesante temperamento histriónico de Lola Bravo –la frívola adúltera–, pero aquilató, también, en lo que ya valen, las aptitudes de intérpretes de Leda Lorenzoni y de Jean Meunier, dirigidos los tres con un ritmo de angustia delirante, por el joven, entusiasta Jebert Darien. La versión literaria de Huis clos, de Álvaro Arauz, fiel, precisa e inquieta.