FICHA TÉCNICA



Título obra Contradanza

Autoría Francisco de Ors

Notas de autoría Xavier Rojas / versión

Dirección Xavier Rojas

Elenco Claudio Obregón

Espacios teatrales Teatro Jorge Negrete

Referencia Bruno Bert, “Contradanza. Cuerpo y afectos”, en Tiempo Libre, núm. 321, 3 julio 1986, p. 38.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Contradanza
Cuerpo y afectos

Bruno Bert

En breve temporada se acaba de reponer en el teatro Jorge Negrete Contradanza, de Francisco de Ors, en versión de Xavier Rojas, bajo la dirección de él mismo.

En primer lugar, olvidemos la realidad histórica y predispongámonos a esos fantasiosos novelones que leían nuestras bisabuelas a mediados del siglo pasado, en pleno auge del romanticismo histórico, donde las figuras regias bajaban de las estampas de los libros iluminados o de las vidrieras de las catedrales para poblar las páginas ensangrentadas de sus dramas particulares, sus amores contrariados y sus horribles secretos guardados bajo llave. Mismos que obligaban a nuestras suspirantes antepasadas a voltear entre rubores algunos capítulos para ver si el príncipe terminaba en villano o si había sido el despecho del conde el causante de aquella sangrienta guerra de la que alguna vez habíamos tenido noticia a través de las páginas escolares.

A esto agreguemos el tema gay, tan de moda últimamente; intrigas de corte y algunas "escabrosas" escenas de alcoba, y tendremos más o menos una semblanza del espectáculo. La temática del mismo, desarrollada a través de estos climas y este entorno, es la reivindicación de la homosexualidad como una simple opción más de la libertad del hombre en relación a su cuerpo y a sus afectos más allá de los prejuicios sociales que la motejan de aberración o delito. Como estructura anecdótica el autor se ha centrado en una interpretación más que fantasiosa de la vida de Isabel I de Inglaterra a la que en este caso transforma en un hombre oculto por cuestiones políticas bajo los ropajes de reina y preso con la imposibilidad de ser sincero aún con aquellos a los que ama, ya que el conocimiento de su secreto despierta no solamente el rechazo sino también la ambición de los que quieren usar del mismo con fines de arribismo y acceso al poder.

En realidad, Isabel I fue mujer que eludió el matrimonio no precisamente por razones como las expuestas en la obra, sino para mantenerse libre de presiones en el uso del poder, elemento tangencial en el espectáculo, pero central en los intereses vitales de la reina inglesa. Nunca se mostró particularmente interesada en ligar su vida con ningún hombre en forma legal u oficial, pero siempre mantuvo a su lado a los favoritos de turno que tal vez con sus actitudes —sobre todo el último de ellos— permitieron a Francisco de Ors fraguar las circunstancias novelescas de Contradanza.

A decir verdad, la obra presenta pocos puntos de interés fuera del específico de su alegato, y aun éste peca de excesiva complacencia sobre todo en los aspectos emocionales, lo que provoca que el texto, interesante en muchas de sus partes, se resienta en un intimismo que trivializa en la particularización la fuerza del enfoque global. A niveles de puesta, escenografía y actuaciones el resultado es endeble, si hacemos excepción del trabajo de Claudio Obregón, que asume el papel de la Reina y que muestra una interesante composición y manejo escénico, aunque desfasándose en tiempo y por ende desaprovechando la imagen envejecida de Isabel, que justamente por esta cualidad es doblemente atractiva visual y temáticamente. Sin embargo se la actúa como si en lugar de los sesenta años que representa tuviera venticinco y estuviera recién descubriendo sus circunstancias sexuales y de entorno. Y esto es una pena, porque termina dándole un sezgo con un algo de ridículo en muestras de una candidéz emocional que el rostro y el cuerpo todo desmienten. Así y todo, vale la pena ver a Obregón en escena, y aunque sea por esto y por ciertos momentos del diálogo, es interesante aprovechar las funciones que quedan en esta reposición de Contradanza.