FICHA TÉCNICA



Título obra Cocinar hombres

Autoría Carmen Boullosa

Dirección Carmen Boullosa

Elenco Miriam Aragón, Rozana Césarman

Espacios teatrales Teatro del Polyforum Cultural Siqueiros

Referencia Bruno Bert, “Cocinar hombres. A fuego lento”, en Tiempo Libre, núm. 316, 29 mayo 1986, p. 38.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Cocinar hombres
A fuego lento

Bruno Bert

En el Poliforum Cultural Siqueiros se está presentando una pieza de Carmen Boullosa Cocinar hombres que dirige la misma autora y que está encarnada por sólo dos actrices: Miriam Aragón y Rosana Césarman. La anécdota conductora es breve y de carácter simbólico: dos niñas que se han acostado teniendo diez años despiertan siendo ya dos mujeres de veinte en un espacio y en un tiempo indefinido en donde se desarrolla la acción-conversación que abarca todo el espectáculo.

El espacio escenográfico está prácticamente vacío, con sólo una cama que es reutilizada en distintas formas y que por otra parte no concuerda con imágenes tradicionales al respecto; una tina, dos banquitos al estilo de la cama, y alguno que otro elemento entre lúdico y ceremonial como varias copas de vino y algunas veladoras. Hay también una ventana, pero como la casa no existe, ésta se transforma en su único representante manejándose a diversas dimensiones, según usen una estructura real de marco al que se asoma la actriz, o simplemente hagan mención de ellas como entes de tamaño mutable y también simbólico.

¿Qué hablan-actúan estas dos niñas-mujeres? De variadas cosas, pero especialmente de sí mismas en la transmutación de la edad y del cuerpo frente a la moral y los deseos, frente a la madurez o falta de ella, frente a la brujería como espacio de transgresión voluntaria o impuesta, ya sea por las circunstancias o por un medio mágico que mucho puede tener de oniria y proyección, pero que también puede constituir una parte "interna" de ese particular hecho que significa ser mujer.

La obra no es de fácil aprehensión y a lo largo de ella muchas cosas se nos escapan, sobre todo porque se intenta subrayarlas esencialmente a través de la palabra, ese gran aliado o enemigo del teatro. El diálogo se encarrila en forma permanente como una oscilación entre la cotidianidad y el hermetismo, planteado éste no como una reutilización del lenguaje que exprofeso cierra puertas y se resignifica (por ejemplo a través de la poetización o del ritual), sino como un juego de sobreentendidos donde en muchas partes nos quedamos afuera sin entender lo que sin embargo está dicho con frases y giros que hacen parte de los cotidiano.

¿Son brujas? ¿Y eso que quiere decir hoy? ¿De qué ceremonia hablan? ¿Es todo un simple medio para discutir los temas que siempre han preocupado a la mujer? No lo sé. Y sin embargo intuyo que las actrices podrían decirme, citando párrafo tras párrafo, que en el texto están las claves de la comprensión. Posiblemente, pero sin embargo ¡Qué confuso es el juego!

Por otra parte está el problema del tratamiento de las acciones, con las que pasa más o menos lo mismo que con las palabras: no son totalmente cotidianas pero sin embargo no llegan a emerger totalmente de la misma, perdiéndose entonces en la franja de lo ambiguo. No hay una tensión especial que de un tono distinto a esos cuerpos que siguen manejándose dentro de una energía diaria para hacer lo que debiéramos entender como dentro de un espacio-tiempo absolutamente distinto al normal. Esa trilogía de voz-cuerpo-acciones debiera llevarnos por el laberinto o sugerirnos sus espacios, pero no es así y nos deja a esa profundidad donde caminar es fatigoso pero nadar es imposible. Y el riesgo es muy grave porque la atención, perdiendo un asidero firme, comienza a deambular observando que no hay un verdadero uso de los objetos a los que las actrices debieran cargar de una peligrosa vida y que quedan como marchitos e inertes en el espacio vacío a pesar del contacto que se ha tenido con ellos; que las grabaciones no siempre entran en el momento oportuno; que hay una cierta indolencia y falta de precisión en el manejo de los elementos símbolos, como por ejemplo los fósforos, que se les caen de las muñequeras o tobilleras perdiendo todo valor; y así en más.

La idea de obra, sin embargo, no deja de ser atractiva ni interesantes muchos momentos pero sucede con ella lo que con ciertas recetas apetitosas en su apariencia y que se pierden luego en el fuego lento de una cocción que no mezcla bien los tiempos e ingredientes y nos deja pensando si no hubiera sido mejor un plato más sencillo pero también más logrado.

Miriam Aragón y Rozana Cesarman en Cocinar hombres, autora y directora Carmen Boullosa, Polyforum Siqueiros (insurgentes Sur y Filadelfia, Col. Nápoles, tels. 536-4520 al24), jueves 20:30; viernes y sábados 19 y 21; y domingos a las 18 horas.