FICHA TÉCNICA



Título obra Orquídeas a la luz de la luna

Autoría Carlos Fuentes

Dirección Ignacio Hernández

Elenco Jorge Carrillo, Juan Jacobo Hernández

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Referencia Bruno Bert, “Orquídeas a la luz de la luna. Imágenes del mito”, en Tiempo Libre núm. 291, 6 diciembre 1985, pp. 19 y 65.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Orquídeas a la luz de la luna
Imágenes del mito

Bruno Bert

Que Carlos Fuentes es uno de los mejores novelistas mexicanos, nadie lo duda; en cambio, son polémicas sus aportaciones al teatro; pero, bueno, ya lo decíamos en otra nota, que lo que un escritor hace es escribir un material de propuesta, que se constituye realmente en obra con el concurso de actores, director, escenógrafo y todos los que trabajan alrededor del hecho vivo que podemos apreciar sobre un escenario. Ahora nos tocó ver Orquídeas a la luz de la luna, una obra de Carlos Fuentes montada por Ignacio Hernández en la Casa de la Paz.

La propuesta es sumamente atractiva: tomar las imágenes de dos grandes mitos mexicanos, como los de Dolores del Río y María Félix, y encarnarlos en dos seres que no son en sí sino el reflejo mítico de esas dos mujeres a partir de las figuras que dejaron para el público a través de sus películas y la publicidad de revistas y periódicos.

Nunca sabemos durante el transcurso de la obra quiénes son esos que pueblan el escenario. No son las verdaderas actrices, pero tampoco son dos actores tratando de mostrarnos a esas verdaderas actrices en una obra de teatro; ni siquiera son mujeres, ya que los roles están interpretados por hombres.

¿Quiénes son? Podemos pensar que son cualquiera de los consumidores de mitos que, incapaces de constituirse en seres reales, sólo pueden existir a través de la copia de las imágenes de consumo que la sociedad nos lanza a través del cine. No tiene individualidad, ni historia, son tan delgadas como la imagen bidimensional de la pantalla, tan inexistentes como ellas, y se encuentran obligadas a reconocerse sólo en el doble juego de espejos que son la una para la otra. Esta sería una lectura posible, que bordea el análisis de una patología social elevada a un grado de símbolo y poesía por un escritor. Pero también podemos pensar que lo que vemos en el escenario no existe definitivamente, que es una fantasmagoría en la que sólo juegan símbolos donde las imágenes reflejan a otras imágenes y así hasta incluir al público mismo como parte de una totalidad.

Como vemos, la obra no es en absoluto sencilla y contiene toda la fascinación del laberinto. Sin embargo, tiene sus claroscuros, y los puntos débiles están esencialmente en el texto que, aunque muy rico en sugestiones, se vuelve en extremo intrincado (un ejemplo es la interpretación de la obra dentro de la obra a través de las imágenes de los dos Wells, el escritor y el cineasta, que hace en un largo y confuso monólogo Dolores del Río) que termina destruyendo parte del interés que indudablemente tiene.

Pero si encontramos debilidades en la estructura literaria, nos ha parecido en cambio magnífico el trabajo de los dos actores principales. Tanto Jorge Carrillo en María como Juan Jacobo Hernández en Dolores, construyen con el apoyo de un vestuario espléndido dos figuras que, si bordean por momentos lo patético como lo pide el texto, en lo más del tiempo nos asombran por lo atinado de la copia de estereotipos de lenguaje y comportamiento salidos de momentos de los filmes de las divas. No hay duda que los personajes se realzan interpretados por hombres, porque quedan limpios de cualquier posibilidad de deslizamiento hacia lo verosímil y cotidiano que hubiera podido, tal vez, incurrirse con la elección de actrices. El mito queda así al desnudo, con toda su esplendidez y su miseria, siguiendo aquel viejo ejemplo que marcara hace ya muchos años Jean Genet para Las criadas, cuyo final es extrañamente parecido al de Orquídeas...

Es curioso pensar que en el último mes hemos podido ver tres ejemplos (dos teatrales y uno cinematográfico) de mitos del cine desbordados de la pantalla: De película, la obra de Castillo; La rosa púrpura del Cairo, un filme de Woody Allen, y ahora Orquídeas a la luz de la luna. Las dos últimas con nombres y sugestiones similares. Material evidente para reflexiones circulares al estilo de las de Carlos Fuentes.

María Félix (Jorge Carrillo) y Dolores del Río (Juan Jacobo Hernández) en Orquídeas a la luz de la luna, de Carlos Fuentes, dirección Ignacio Hernández, Casa de la Paz (Cozumel 33, Col. Roma), martes a sábado 20:30 y domingo 19 horas. (Fotografía Luis Fernando Moguel).