FICHA TÉCNICA



Título obra Falsa crónica de Juana la loca

Autoría Miguel Sabido

Dirección Miguel Sabido

Elenco María Elena Saldaña, Alma Muriel

Espacios teatrales Convento de Tepotzotlán

Referencia Bruno Bert, “Falsa crónica de Juana la loca. No todo lo que brilla es oro / ¡...Y sigue la bolota!”, en Tiempo Libre, núm. 288, 15 noviembre 1985, pp. 22 y 66.




Título obra ¡...Y sigue la bolota!

Autoría Mario Ficachi

Elenco Jin Shan Fung

Espacios teatrales Teatro Contigo América

Referencia Bruno Bert, “Falsa crónica de Juana la loca. No todo lo que brilla es oro / ¡...Y sigue la bolota!”, en Tiempo Libre, núm. 288, 15 noviembre 1985, pp. 22 y 66.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Falsa crónica de Juana la loca. No todo lo que brilla es oro
¡...Y sigue la bolota!

Bruno Bert

Comentar de las bellezas del convento de Tepotzotlán es un lugar común, como lo es alabar la increíble profusión de riquezas ornamentales de sus altares inmensos de un barroco desbordante de oro. En ese ámbito y con tal escenografía vimos La falsa crónica de Juana la Loca, espectáculo de Miguel Sabido dirigido por él mismo.

Es evidente que el espacio elegido es inmejorable y que cuadra perfectamente con la obra —que retrata libremente la historia de la famosa reina de España, y decimos que cuadra no tanto por su contexto histórico, que será dos siglos anteriores a la factura de los altares de Tepotzotlán, ni a los climas, mucho más propicios en un gótico ascético y desnudo, sin oros ni alfombras de rojo deslumbrante, sino a la concepción de la puesta, ampulosa, declamativa y operística.

Así como el libreto no intenta seguir fielmente los acontecimientos sino que se acerca más a las furibundas novelas del romanticismo, con su exhaltación al amor ya las figuras agigantadas en su importancia por el individualismo; así el vestuario está lejos de pretender una reconstrucción de época y se conforma con sugerir formas aproximativas, a veces con acierto, como en el caso de la misma Juana o en el de Isabel la Católica, a veces no tanto ni mucho menos, como en el caso de Carlos V, a veces trasponiendo épocas como en el caso de la enana, bufón de corte extraído claramente de los cuadros de Velázquez, cien años posterior el tema que se trata.

Y hablando de enanos: era común que en esa corte española de hemofílicos y corruptos fanáticos resultara mucho más atractiva la figura de los bufones que la de los mismos reyes. En este caso resulta igual, y es evidente que, al menos en la primera mitad del trabajo, la figura de Mariana es mucho más interesante actoral y dramáticamente que la de todos los otros personajes, incluyendo, por supuesto, al de Juana la Loca. El trabajo de María Elena Saldaña, tiene una fuerza y una sugestión que bien desearíamos para el resto del elenco.

En el caso específico de Alma Muriel sucede lo que con las grandes divas, no porque realmente lo sea, sino porque se comporta como tal: nunca debe dejar de vérselas, ni nunca confundirlas con el personaje interpretado. Y aquí lo logra plenamente. Utiliza, seguramente por marcación del director, ese estilo ampuloso y declamatìvo que mencionamos al principio como característico de toda la puesta y que no nos permite, ni en un solo momento, creer en las pasiones que supuestamente vive. Y la actriz emerge constantemente con sus gestos de gran composición y una voz potente y modulada no por los sentimientos, sino por los tonos, como una Sara Bernhardt a ochenta años de haber pasado su momento.

Dentro de esta concepción las luces están distribuidas con gran sagacidad buscando el efecto constante: empapando de rojos y oros los momentos picos, tamizando, filtrando, contrastando. Un buen trabajo dentro de la línea propuesta por Sabido.

La falsa crónica..., tal como lo declarara la protagonista, puede tener varias líneas de lectura, pero hay una que predomina sobre todas las demás y es la exhaltación de la figura individual como hacedora de la historia: son las ambiciones de los reyes, las maquinaciones de los cardenales, la debilidad de ciertas reinas o príncipes los que van configurando el panorama Histórico, escrito así, con H mayúscula. No compartimos tal idea, pero si vamos a regirnos por ella estamos de acuerdo con el dictamen de Isabel la Católica cuando condena a su hija por no haber sabido estar a la altura de sus circunstancias: si sabemos de Juana es por su rol —que no supo jugar para imponer cualquier tipo de opción a vivirlo—, que en lo individual a nadie le hubieran interesado las pasiones y contradicciones de aquella mujer.

¡...Y sigue la bolota!

El pequeño espacio escénico del grupo Contigo América se colmó de amigos y seguidores en días pasados cuando Mario Ficachi estrenó su último espectáculo: ¡...Y sigue la bolota!, un, según su propia denominación, merequetengue teatral, que une canciones, bailes y pequeñas escenas cómicas alrededor de las figuras del popular juego de la lotería.

Contrariamente a las puestas anteriores que conocemos del grupo, esta no es una obra de autor, sino un montaje de textos de diversas procedencias, tanto literarios como del decir popular, hilados al ritmo de una acción ágil y de la frase que da título al trabajo, que sirve simultáneamente para unir una figura con la siguiente al que va verseando los distintos personajes del juego.

Es indudable que el género popular no es sencillo, tal vez justamente porque lo parece y porque, a primera vista, soporta las deficiencias de la construcción y actuación en aras de la espontaneidad de las situaciones. Y en esto hay algo de cierto cuando se da en la realidad de una feria o en una plaza de pueblo, porque el entorno, constituido de espectadores participes, transforma la situación en un hecho antropológico mucho más que en un hecho teatral, revelándose con una riqueza de matices propia de cualquier realidad compleja donde confluyen siglos de historia y circunstancias que plasman esa "espontaneidad" en un hecho propio e intransferible del pueblo que lo vive.

Cuando esto se traslada al teatro, los espectadores se vuelven actores y la espontaneidad se transforma en técnica recortada y seleccionada no por las simples circunstancias, sino por un director para imponer un ritmo, componer historias, dar unidad al espectáculo, lograr comicidad, etc. Es decir, que se vuelve un género con exigencias nada sencillas de solucionar.

En el caso del espectáculo de Contigo América, el elenco, constituido en su mayor parte por gente muy joven y aparentemente bisoña en el hacer teatral, se lanza con intrepidez al trabajo y, esas "ganas" que el estudiante pone en la tarea llegan en muchos momentos a cubrir la falta de experiencia y a darle a "¡...Y sigue la bolota! esa frescura que requiere como recorte de una circunstancia de plaza.

La ironización de los personajes y la posibilidad de la burla frente a temas que hacen a la vida cotidiana de las distintas clases sociales, dan por un lado ese sabor de "revista", y por el otro la postura del grupo mismo en la selección del recorte que se hace del complejo social y de la óptica con que se lo observa.

Dentro del plantel de actores hay que destacar el trabajo de Jin Shan Fung, por la agilidad con la que hace frente a sus personajes y la gracia que sabe imprimirles, aunque uno de sus monólogos sea tal vez un poco largo y demasiado soportado en el valor de la palabra. Pero esto no es general, y si bien, como cuadra a un grupo que cultiva preferentemente al teatro autoral, se le da un gran espacio al texto, no quiere decir esto que no haya abundancia de imágenes y juegos basados en lo visual.

El trabajo de Mario Ficachi como director es atractivo y el resultado final estuvo corroborado por el agrado del público que aplaudió cálidamente al elenco al finalizar su presentación.