FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios del autor sobre la novela Santa, de Federico Gamboa, quien realizó la adaptación teatral homónima donde actuó Agustín Lara

Referencia Armando de Maria y Campos, “El final de una aventura: Santa y desengaño de Agustín Lara como actor”, en Novedades, 11 agosto 1948.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

El final de una aventura: Santa y desengaño de Agustín Lara como actor

Armando de Maria y Campos

Refiriendo a un periodista las "peripecias esta aventura" –la temporada de comedias de "teatro universal" que viene sosteniendo en el teatro Fábregas desde hace cuatro meses–, Andrea Palma, tesonera y dinámica actriz, confesó que su entusiasmo no ha decaído a pesar de las fuertes pérdidas que lleva sufridas y que han culminado con las representaciones de Santa, que, con el teatro lleno a precios altos, le ha seguido reportando quebranto económico.

Andrea Palma intentó todos los géneros teatrales, recurrió a autores de diverso calibre, para lograr la atención del público. Su último intento de recuperación económica fue el de representar una nueva versión teatral de la famosa, popularísima entre nosotros novela de Federico Gamboa, Santa, con el aliciente muy taquillero de presentar en el papel de Hipólito –que don Federico Gamboa arrancó de la más viva realidad– al inspirado y popularísimo compositor Agustín Lara. Si bien la representación de esta nueva versión teatral de Santa logró llevar no escaso y curioso público al teatro Fábregas, verdad también que pocos fueron los espectadores que no salieron defraudados de esta obra que se aparta total y desafortunadamente de la difundida novela y de la interpretación –de la que en justicia hay que salvar una escena que representan juntos doña Virginia Fábregas y Lara– en general, no menos que de la intervención de Agustín, que no resiste el menor análisis, siquiera se le considerara como de actor aficionado.

No aceptó nunca Gamboa que su novela fuera traslada al teatro. A regañadientes y con esperanza a una ganancia legítima accedió a que fuera llevada al cine, en los albores de esta industria en nuestro país. Si aceptó que fuera representada la que con singular discreción y respeto al original hizo el modesto autor mexicano Fernando Troncoso, fue porque éste le sometió a su aprobación escena por escena. Don Federico, benévolo y comprensivo, retocó, corrigió y aun reformó, colaborando generosamente con Troncoso, tan apagado de carácter y sencillo que daba la impresión de que jamás se había asomado a la vida turbulenta de las pecadoras nuestras que Gamboa pintó del natural. Recuerdo que una noche en que tropecé con don Federico en el pórtico del teatro Arbeu, me dijo, tomándome del brazo: –Le voy a usted a enseñar, muchacho, algo que pocos saben.. Y haciéndome cruzar la calle, penetramos a un viejo caserón colonial que aun subsiste, frente al teatro: cruzamos el amplio patio, llegamos a la escalera, a mano derecha de la entrada, y al pie de ella, señalándome con su bastón una puertecilla en el primer descanso de la carcomida escalera, me reveló: –En ese cuchitril vivió el Hipólito de mi Santa, y en él pasó muchas horas con el desventurado pianista ciego mi Santita...

¡Su Santita!... Fue, sigue siendo al cabo de los años, Santa su obra preferida, la que en definitiva quedará popularizada de toda su producción. Empezó a pensar en escribirla el año de 1896. El maestro dejó en su "Diario" la fecha exacta: 4 de junio. "Vacilo entre escribir Metamorfosis o un libro que me inquieta de tiempo atrás, la historia sincera y cruda de una de nuestras infelices pecadoras, pero "nuestra" de la cabeza a los pies, por fuera y por dentro: historia que se llamaría Diario de una perdida... Hasta 1900 dio principio a la novela querida. "7 de abril.– Doy principio a mi novela Santa.– Termino el capítulo primero de la primera parte de Santa, escribe el 21 de julio. Se encontraba don Federico en Guatemala, como encargado de negocios, y el recuerdo de la patria le permitirá ver con más pura claridad el pueblecito de Chimalistac, en San Angel, donde vivió sus años mozos y fue engañada por un militarcillo conquistador la ingenua muchacha que fue después la infeliz pecadora inspiradora de Santa. En vísperas de cumplir 37 años, el 14 de diciembre de 1901, Gamboa concluye el capítulo II de la segunda parte de Santa; "lo he escrito en doce días". El 31 de enero de 1902 entrega a una imprenta de Guatemala –la de Arturo Siguere– el original de Santa copiado a máquina. "¡Dios vaya con ella y con el libro, por cuyo asunto nutro serios temores!", escribe. Pero la impresión se detendrá porque Gamboa, víctima de una intriga diplomática, será trasladado a México.

Por influencias de don Justo –el ministro– y de don Luis G. Urbina, su secretario, Gamboa logra que Araluce –representante en México de la editora de Barcelona de ese nombre–, le edite allá su Santa. El mundillo literario habla de la novela de Gamboa. Amado Nervo –"simbolista, sentimental y religioso, con sus miajas de oscuro", dice de él Gamboa– le pregunta a don Federico por Santa, y le confiesa que, prendado del nombre, estuvo a punto de apropiárselo, pero que venció la tentación al recordar que ya tenía dueño... El escultor Chucho Contreras sueña esculpirla; una mañana que Gamboa va a visitarle, lo encuentra gravísimo del cáncer que lo mató. Contreras le muestra a Gamboa un cuaderno manchado de apuntes.

Mira a Santa –le dice, y Gamboa confiesa que no puede sostener el cuaderno–, en la postura en que he de esculpirla, cuando al desnudarse en el cuarto sin luz, sus manos tropiezan con el escapulario... ¿te gusta?... son unos cuantos lapizazos...

El 8 de octubre de 1903 recibe Gamboa la noticia de que Santa se pondrá a la venta simultáneamente en Barcelona y México; el editor se las promete magníficas, y Gamboa escribe: "Contágiome en el acto de ilusiones, y también me doy a creer que Santa me sacará de pobre". Don Federico es secretario de nuestra embajada en Washington.

En tanto que en La Vanguardia, de Barcelona, se elogia el libro de Gamboa, en México "se discute en público, y cuenta con defensores y enemigos; hace verter llantos femeninos y no faltan insultos", escribe Gamboa en su "Diario". El 5 de enero de 1905 consigna: "En Le Nouveau Monde, de París, y en el Diario del Salvador, intípodas, se ocupan de Santa; y en México, ni un solo periódico que siquiera mencione el título de la nueva novela". ¡Quién iba a imaginar la serie de aventuras que al cabo de los años seguiría corriendo Santa!

La última, y lo digo cuando a nadie puede causar perjuicio, si no es a la memoria de don Federico, impotente para impedirlo, ¡claro!, por el sitio en que brilla su espíritu, es ésta que le hacen vivir en el Fábregas la tesonera, dinámica actriz Andrea Palma y el príncipe de la canción mexicana –mal actor– Agustín Lara...