FICHA TÉCNICA



Título obra La eterna desventura de vivir

Autoría Fernando de Ita

Dirección Gustavo Torres

Elenco Margie Bermejo

Música Roberto Aymés

Notas de Música Salvador Merchand, Cristóbal López, Enrique Santos, Víctor Peña / músicos

Referencia Bruno Bert, “Margie Bermejo. Un eterno deseo de vivir / Grande y pequeño. Exactamente así”, en Tiempo Libre, núm. 285, 25 octubre 1985, pp. 21 y 66.




Título obra Grande y pequeño

Autoría Botho Strauss

Dirección Luis de Tavira

Elenco Julieta Gurrola

Referencia Bruno Bert, “Margie Bermejo. Un eterno deseo de vivir / Grande y pequeño. Exactamente así”, en Tiempo Libre, núm. 285, 25 octubre 1985, pp. 21 y 66.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Margie Bermejo
Un eterno deseo de vivir

Bruno Bert

En el foro de la Compañía de Shakespeare podemos ver, de jueves a domingo,La eterna desventura de vivir, de Fernando de Ita, con la dirección de Gustavo Torres y la dirección musical de Roberto Aymés. El espectáculo tiene como protagonista a Margie Bermejo y representa un itinerario músico-teatral que recorre los nombres de las grandes cantantes suicidas de nuestro siglo: Violeta Parra, Billie Holiday, Janis Joplin, Lucha Reyes, Silvia Tellez, Elis Regina... Nos dice Fernando de Ita en el programa de mano: "A pesar de las notables diferencias históricas y culturales que pueden separar a unas de las otras, y por encima de la diversidad de estilos musicales que cada una de las cantantes practicó, hay, por así decirlo, una vida en común, que las une en el amor desolado, el abuso de los "paraísos artificiales", y su desgarrado coraje por defender, con su voz, su identidad femenina. Mejor dicho: su lugar como mujeres en el mundo".

Ese interés por la mujer y sus problemas ya lo habíamos visto reflejado en Margie Bermejo a través de un par de incursiones teatrales en espectáculos construidos en compañía de otras mujeres que, como ella, no son esencialmente actrices, y provienen de otros campos del hacer profesional.

Sin embargo, Margie Bermejo es sobre todo una cantante, y el interés por la actuación es uno más de los caminos por ella emprendidos con la intención de lograr un trabajo orgánico y global donde cuerpo y voz formen una unidad indisoluble, y donde el sentimiento que fluye en una canción nazca de un cuerpo estremecido en el escenario; sea en teatro o sea en concierto.

El 11 de noviembre, en el mismo foro, presentará su tercer disco, con el nombre y los temas del espectáculo, siempre bajo la dirección musical y arreglos de Roberto Aymés, y los músicos Salvador Merchand, Cristóbal López, Enrique Santos y Víctor Peña. Esto, para los que gustamos de Margie, tendrá el doble atractivo de poder continuar escuchando aquellos temas que más nos atrajeron en La eterna desventura de vivir, contando además con una mayor riqueza de arreglos y en una cuidada edición de Pentagrama. Casualmente, también en estos días, saldrán a la venta ejemplares de su primer L.P.: De las cosas sencillas, que grabara hace unos años y de los que habían salido a circulación sólo una pequeña parte de los editados. Y aquí podremos apreciar los cambios y continuidades en el estilo de la cantante que se ha manejado tanto dentro del jazz como de la música, romántica, incluso incorporando a esta elementos y posibilidades del primero, y diversificándose en diversos géneros como intérprete.

Proveniente del movimiento de la nueva canción, donde también encontramos a Marcial Alejandro, Pepe Elorza, Jaime López, Betsy Pecanins, y Guillermo Briseño entre otros, Margie Bermejo siempre se movió dentro de una línea independiente, realizando innúmeras presentaciones y giras al interior del país a través de organismos como el ISSSTE o la Secretaria de Educación Pública. Últimamente ha sido invitada por la televisión, donde se ha presentado en algunos programas que han dado cabida a expresiones artísticas de este cuño.

El 26 y 27 de este mes estará presente en el festival masivo que se dará en el Auditorio Nacional, junto con Amparo Ochoa, Oscar Chávez, Hebe Rosell, etc., recaudando fondos destinados a los damnificados por el reciente sismo que asoló la ciudad, así como ya la hemos visto, junto con otros artistas, presentarse en los albergues y campamentos en las semanas inmediatas al desastre.

Margie actriz, Margie cantante, Margie Bermejo, una mujer con un enorme espíritu vital, tratando siempre de perfeccionarse, de pulir sus limitaciones para crecer como artista y como persona, con la sencillez de quien recomienza día con día y con la seguridad de quien, sin embargo, conoce su bien conseguido nivel profesional.

Grande y pequeño
Exactamente así

La escenografía representa una calle, una casa, muchas casas, otras calles, una ciudad, la Alemania de la década de los setenta. Los actores son sus habitantes, una mezcla entre la neurosis y la cosificación con conciencia de clase... de clase superior. Bordando las circunstancias, una mujer inadaptada en la interpretación de Julieta Gurrola.

Como bien dice el programa, es difícil definir el género o los géneros que confluyen, pero esto no tiene demasiada importancia. El espectáculo dura tres horas y media, con un intermedio en la segunda, que marca también una separación bastante neta en las formas narrativas: la primera es mucho más abstracta y simbólica, la segunda corre con una linealidad de fácil seguimiento. También las interpretaciones, en un principio muy demarcadas, diferenciando entre la frialdad del conjunto y el proceso del Lotte Motte (Julieta Gurrola), luego con una cierta unidad de comportamiento actoral.

La obra, de Botho Strauss (alemán), fue estrenada en 1978 por Peter Stein (alemán), en Berlín con una duración bastante mayor que en la actual puesta de Luis de Tavira y con una mayor acentuación de la robotización de los personajes del entorno a la protagonista.

En este diálogo entre el hombre y los objetos, los primeros ganar ampliamente la palabra; una palabra hecha de colores, texturas, sonidos, frialdades perfectas y limpiezas asépticas donde no hay espacio para ningún germen contaminador, ni siquiera el hombre, macroinsecto que va muriendo disecado en las perfectas cajas que construye, donde la angustia se va transformando en el único sentido de esas vidas absurdas donde la guerra es añorada porque al menos daba motivos para seguir sintiendo que se estaba vivo en medio de las ruinas, mientras que ahora las ruinas están adentro, enmarcadas con la pulcritud del plástico recién estrenado.

Todo esto está en la puesta del CET (Centro de Experimentación Teatral); la proligidad, la limpieza de montaje, la creatividad del espectáculo, la buena interpretación de los actores y, de entre ellos, destacándose, la labor de Julieta Gurrola, como una Alicia en el país de las desmaravillas, cada vez más sola, hasta la escena final en la simbólica clínica —que es la sociedad toda— de donde es expulsada porque la salud no tiene espacio ni sentido allí.

Todo esto está y es alentador verlo en un espectáculo bien dirigido.

Opus 2

Pero un espectáculo se da en un medio y rodeado de circunstancias. El programa plantea que esa deshumanización es propia del mundo occidental y no ya sólo de Alemania. Lo que en términos generales es cierto. Pero la obra tiene un decidido sentido alemán, es una obra alemana de los pies a la cabeza que seguramente cobra un fuerte impacto de denuncia al interior de la sociedad que le dio origen. Me permito pensar que México, aún no estando libre de tal proceso, lo tiene sin embargo bastante alejado de sus problemas prioritarios.

Le preguntaban al ministro de Salud brasileño qué opinaba de los 60 casos de SIDA que se habían dado en su país, y él contestó con fastidio que le preocupaban bastante menos que los millones de tuberculosos que había en Brasil. Si el espectáculo no fuera la apertura de un importante Centro de Bellas Artes, si correspondiera únicamente a la inquietud de un director o un grupo sería, pues, perfecto, ya que no cabe señalar chovinistamente que sólo deben existir inspiraciones que coincidan con el entorno. Pero en este caso es una institución la que habla, de una problemática que sentimos —incluso por haberla visto personalmente— esencialmente alemana o, por extensión, de las metrópolis que nos generan a nosotros otro tipo de problemáticas más acuciantes.

Y esta palabra de Bellas Artes está dicha además con un importante despliegue económico, como corresponde para representar a una sociedad opulenta donde sus crisis no son las del subdesarrollo. Hemos escuchado muchas veces decir a Bellas Artes que no había dinero para nada, pero acabamos de comprobar lo contrario: había sí dinero para hablarnos de la incomunicación en Alemania. Lo de Grande y pequeño se vuelve doblemente simbólico: ¿No hubiera sido tal vez más interesante volcar estos medios en lograr la comunicación teatral con tantos grupos experimentales e independientes que languidecen por la falta absoluta de fondos en los momentos en que más arrecia la crisis económica mexicana?