FICHA TÉCNICA



Título obra Hanjo, o el amargo placer de la espera

Notas de Título Basado en textos de Yukio Mishima

Elenco Jesús García Ramón

Espacios teatrales Teatro de la librería Gandhi

Referencia Bruno Bert, “Versión mexicana de Hanjo. Placer a medias”, en Tiempo Libre, núm. 284, 18 octubre 1985, p. 22.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Versión mexicana de Hanjo
Placer a medias

Bruno Bert

En el foro de la librería Gandhi se está dando Hanjo, o el amargo placer de la espera, con textos de Yukio Mishima. Esos mismos textos parecen haber seducido a más de un grupo este año, ya que recordamos haberlos también gustado en otro reciente montaje bajo el nombre de La mujer del abanico. No es nuestra intención cotejar las puestas, pero hay un detalle que importa en este caso y es el hecho que en el caso de Jesús García Ramón, en la Gandhi, los papeles femeninos están interpretados por hombres, al estilo oriental. Y es más, según nos explica el programa de mano, el propósito mismo de la puesta en escena es justamente mostrar la virilidad oculta en el carácter de los personajes. Y esto no deja de ser extraño e interesante a la vez ya que suena un tanto contradictorio con la función del hombre-mujer en el teatro Kabuki, aunque Hanjo, es en realidad una pequeña pieza de No moderno.

Permítasenos un poco de historia para los que no necesariamente conozcan el teatro oriental: en Japón, hacia 1630, por razones de moralidad, se prohíbe el acceso de las mujeres a la escena, por lo que, desde entonces, los personajes femeninos en el Kabuki, serán interpretados por hombres. El rol principal de estos hombres-mujeres será el onnagata, el joven-mujer. Según las reglas que se fijan durante el siglo XVIII, el onnagata debe comportarse en la vida como una mujer, ya sea en la calle como en la escena: caminar detrás de su "marido" de la ficción, o cubrirse el rostro cuando come melón.

El onnagata representa a la femineidad mucho más que si lo hiciera una mujer. La suya es una femineidad observada atentamente durante numerosas generaciones de actores, y aún más de pintores: es al mismo tiempo adoración y humillación; idealización y deseo. Es una femineidad doblemente ambigua, vista a través de los ojos de un hombre y representada por un homosexual.

¿No resulta entonces un tanto contradictorio intentar marcar la virilidad del onnagata, cuando su función misma es la de la simbólica representación de la mujer? Quizás la seducción que lleva a este hecho esté dada por los textos de Mishima y su compleja concepción del erotismo. Pero a este respecto hay que recordar que en el Kabuki la muerte y la crueldad ejercitan una fascinación erótica mucho más fuerte que el erotismo mismo, pero que se trata esencialmente de un teatro donde tanto el erotismo como la crueldad son signos, al igual que los que ejecuta el onnagata como síntesis decantada de la femineidad. Se trata en definitiva de un erotismo ritualizado donde la crueldad es concebida como una rigurosa ceremonia.

En occidente carecemos de casi todos los elementos que están en la base misma del teatro japonés, y no sólo japonés sino oriental en general. Esencialmente la cultura del cuerpo que le da origen, su meticulosidad, su precisión, su virtuosismo. Sobre todo de la posibilidad de memoria donde el espectador ve las formas que ya conoce en sus menores detalles para observar el refinamiento de una adición minúscula por el actor que ahora interpreta el papel tantas veces visto y que se llama como su maestro y como el maestro de su maestro diferenciándose por un número como los reyes entre nosotros.

El teatro japonés moderno lucha entre una férrea tradición y la incorporación de elementos de origen occidental. Pero eso les es propio y la tensión que dimana de este momento de renovación hace a las peculiaridades de un teatro específico, que en el fondo nos es ajeno para una transposición.

¿Con qué criterio juzgar la actuación de los actores de Hanjo? Si con el criterio occidental, nos gana el texto y el exotismo de una androgínea, que no nos pertenece en su función, al menos en los términos que allí se revelan. Si con el oriental, entonces nos falta lo básico: onnagatas que sean tales y actores que sepan en su cuerpo que significa una centenaria tradición de teatro oriental.

El teatro oriental es un fenómeno que desde hace mucho tiempo atrae intermitentemente al occidente. Un gran investigador italiano, Nicola Savarese, dedica todo un libro ("Il teatro al di la del mare") a recopilar el impacto que este tipo de arte produjo en los más grandes creadores occidentales de nuestro siglo. Y a través de él vemos cómo ese impacto no siempre significa comprensión sino, y en muchos casos, sobre todo seducción. Cosa para nada criticable si esto se revierte en inspiración creadora: Las raíces de la creación pueden hundirse allí donde el artista lo sienta como útil, pero el producto debe ser original, propio y transformador.

No es que Hanjo o el amargo placer de la espera carezca de interés, pero creemos que está apoyado sobre bases falsas que le perjudican, y transforman ese placer de ser espectador de una obra de arte en un placer sólo a medias.