FICHA TÉCNICA



Notas Se habla de la recaudación de víveres para los afectados del sismo de 1985 por parte de grupos artísticos, en las instalaciones del CADAC

Referencia Bruno Bert, “Teatro y sismo. Un acto de voluntad”, en Tiempo Libre, núm. 283, 11 octubre 1985, p. 9.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Teatro y sismo
Un acto de voluntad

Bruno Bert

Hay momentos claves en la historia de cada pueblo y de cada comunidad donde el arte, y dentro de ella el teatro, se muestra con una consistencia de necesidad tan fuerte como el alimento o las medicinas: son los momentos de crisis, de catástrofe, de guerras. Es como si las circunstancias del entorno limpiaran de todo elemento accesorio al hecho de la creación dejándola como forma profundísima de vinculación entre los hombres, más allá del dinero, del poder o del prestigio.

Esto, que lo podemos rastrear como una constante en la historia de la humanidad, se da una vez más entre nosotros en el instante en que un sismo ciega miles de vidas y deja otras docenas de miles en la más absoluta orfandad material. Allí donde hay campamentos, albergues, guarderías; allí donde están reunidos los más afectados, allí donde tiene su sede CADAC, vemos un itinerar de grupos artísticos —en muchos casos también ellos afectados en sus casas y pertenencias tratando de entregar, en las condiciones que sean, el producto de su trabajo, junto con el agua potable, los alimentos o las ropas. Y lo que es importante, recibidos con la misma urgencia y la misma gratitud. Y hay en esa posición solidaria una profunda humildad: el valor de estar juntos, unidos por un acto de creación que es, en definitiva, un acto de voluntad en torno a la vida.

Se podrían dar nombres, muchos nombres, de los que en los últimos días han participado en forma individual o grupal en estas brigadas, coordinados por las instituciones del estado o en forma directa con los líderes naturales de las zonas afectadas. Pero tal vez lo más importante es el grado de anonimato que esto cobra, como los miles de ciudadanos que dieron sus brazos para la remoción de escombros, que nadie conocerá nunca, pero que todos sabemos perfectamente que estuvieron y que fue gracias a ellos que tantas vidas se salvaron. Es el hombre que se da al hombre, desde cualquiera sea su especificidad. En el caso del arte, eso que parece tan superfluo muchas veces, se redimensiona aquí como una de las necesidades más vitales del hombre. Aquella que da cabida, dentro de una realidad áspera y muchas veces trágica, a la esperanza y a los sueños, que todavía y siempre existirán entre los hombres. Un espacio al espíritu manifestado por concretos actos materiales, de horas y esfuerzos entregados a ser con los otros, para que juntos emerjamos de un momento de oscuridad hacia las posibilidades que ya se plasman en reconstrucción.