FICHA TÉCNICA



Notas Semblanza de Agustín Lara que participó en los Espectáculos Toledo

Referencia Armando de Maria y Campos, “Agustín Lara se presenta como actor. La temporada de Politeama. Revelación de Ana María Fernández, Pedro Vargas y Elvira Ríos. Un sorprendente hallazgo. Toña la Negra. II”, en Novedades, 9 agosto 1948.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Agustín Lara se presenta como actor. La temporada del Politeama. Revelación de Ana María Fernández, Pedro Vargas y Elvira Ríos. Un sorprendente hallazgo: Toña la Negra. II

Armando de Maria y Campos

De regreso de la gira por Cuba –en La Habana actuó en cabarets y estaciones de radio– Agustín Lara, cuyas canciones repiten ya todas las radiodifusoras y canta devotamente la clase media, acepta formar parte de un espectáculo de ocasión que se organiza para la noche del 24 de diciembre de 1932, en el Iris. Lo prepara el promotor de espectáculos Juan Toledo, y la base la constituye la vedette tabasqueña Esperanza Iris, que, con el número de sus cuentos, dará pie para que en una fiesta "para esperar el año" se cantará, se tocará, se bailará. El propósito que se representaría se titula Nuestro México. Figuran en el elenco improvisado un grupo de artistas que harán sus primeras armas y abrirán un brillante capítulo en la historia de nuestro teatro frívolo: Esperanza Iris, Pedro Vargas, Toña la Negra, el trío Lop-Zar, Agustín Lara y el Son Marabú, Raulito el Cartero del Aire, la Orquesta Pasquel, y Manuel Medel como actor monologuista, todos –menos Esperanza y el trío Lop-Zar, que venía de los estados– pisaban por primera vez el escenario de un teatro mexicano. La revista, que se representó varios días, fue un éxito. Agustín Lara hizo escuchar por primera vez Lamento jarocho, Ventanita y Clave azul; Toña la Negra, sorprendente cálida voz con matices de lamento y caricia, fue como un deslumbramiento de revelaciones y posibilidades no sospechadas; Medel, graciocísimo "repentista", cayó de pie, y su gracia corta y elástica levantó tempestad de carcajadas. Medio México empezó a cantar:

Ya se va la clave azul,
se va al son del marabú,
ya se va, no volverá
jamás, pero jamás, la clave azul...

La revelación de tan extraordinarios valores decidió al promotor Toledito a organizar en firme un espectáculo sobre bases tan sólidas como Lara, Toña, Vargas, Medel –también Esperanza Iris; de esa temporada data su encuentro con Paco Sierra, que culminó en su tercero y definitivo matrimonio–, y un nuevo, también extraordinario valor: Pedro Rubín, el mejor bailarín que ha producido México, auténtico coréografo, que volvía a México, después de haber sido director coreográfico del Follies Bergere, de París, y de haber dirigido en su ángulo coreográfico la gran revista Río Rita, gran éxito aquellos años en Broadway. Los Espectáculos Toledo debutaron en el teatro Politeama a principios de 1933 y lograron sostener una temporada de 11 meses, durante la que se presentaron los compositores y las voces en general que le daban a México una fisonomía artística excepcional, y se la siguen dando. Se estrenaron durante la temporada ocho revistas, la mayoría de Lara, que con Toña, constituía la verdadera base de la temporada: Sea como sea de Lara; Carnaval, del mismo; Juguete de amor de Luis Arcaraz; Preciosa de Jorge del Moral; Concha nácar, Bambalina y Sálvese el que pueda –revista que empezaba sin decoraciones, sin luces, ni trajes, y que se simulaba hacerse delante del público–, de Lara también; La marcha triunfal, ya con un cuadro completísimo en el que figuraban además de los mencionados, Beatriz Ramos, Maruja Gómez, Eva Beltri. Agustín Lara actuaba con su orquesta, caprichosamente vestida con grandes blusones de vivos colores y cascadas de encajes. Imposible recordar cuáles fueron sus mejores éxitos. Tal vez Palmera:

Hay en tus ojos
el verde esmeralda
que brota del mar;
en tu boquita
la sangre marchita
que tiene el coral.

las cadencias
de tu voz divina,
la rima de amor,
y en tus ojeras
se ven las palmeras
borrachas de sol.

Tal vez Noche criolla, inspirada en un poema de Díaz Mirón, y aun con versos de éste:

Noche tibia y callada de Veracruz,
canto de pescadores que arrulla el mar,
vibración de cocuyos que con su luz
bordan de lentejuela la obscuridad.
Noche tropical, cielo de tisú,
tienes la sombra de una mirada criolla,
¡Noche de Veracruz!

En 1934 los Espectáculos Toledo actúan en Puebla, y es en la Angelópolis, donde por primera vez Agustín Lara se atreve a cantar, al frente de su orquesta. Canta un chotis: Ayer, ayer me decías... Media república entona ya las canciones de Lara. En las escuelas oficiales tanto se usa y abusa de la canción de Agustín Lara, que para que no se consideren como "de texto", un ministro de Educación Pública –1936– prohíbe oficialmente "se canten las canciones de Agustín Lara en las escuelas oficiales por considerar que sus letras son inadecuadas para la niñez".

La radio –la XEW, para ser justo– esparce a los cuatro vientos de la América española esta semilla musical; sus programas nocturnos son escuchados desde el otro lado del Bravo hasta más abajo del Mar del Plata. En 1935 la compañía de Pardavé que actúa en el Fábregas, estrena dos revistas con música de Lara, Rival y El robador de estrellas. Los años vuelan, la popularidad de Lara rompe las fronteras, cruza los mares. 1938: estreno en el Lírico de otra revista de Lara, Noches de ronda, con la canción de este título como motivo central, y aparición y revelación de otra cancionera excepcional: Elvira Ríos. Lo que sigue, ha ocurrido ayer, como quien dice.

Ahora, interviene el cine. Se trata de hacer una nueva versión cinematográfica de la novela Santa de don Federico Gamboa, que ya ha sido filmada por Elena Sánchez Valenzuela, en los balbuceos del séptimo arte, con el periodista Alfonso Busson –de la bohemia mexicana de 1920, cuando Lara era simple pianista–; con Lupita Tovar y Carlos Orellana en el pianista ciego. Hace falta una canción para esta nueva Santa cinematográfica, que hará Ester Fernández, llevando a Pepe Cibrián como "Pianista". Agustín evoca un ayer que persiste en ser presente y escribe su famosa canción:

Santa, Santa mía,
mujer que brilla
en mi existencia;
Santa, sé mi guía,
en el triste calvario del vivir...

En rotunda granazón su personalidad, su popularidad, el inquieto Agustín Lara acepta debutar en el teatro, ¡como actor!, para interpretar en una quinta versión de Santa –segunda para el teatro; la primera, revisada por Gamboa, la hizo el autor mexicano Fernando Troncoso–, y al lado de Virginia Fábregas y Andrea Palma, el personaje de Hipólito, el pianista ciego, que antes de él hicieron Busson, Orellana y Cibrián.

Pero... esta audaz, pintoresca aventura, merece párrafo aparte.